Los gallegos The Rapants –en asociación con el catalán afincado en Madrid Joe Crepúsculo– firman una oda a su tierra y a sus costumbres. Si en la parcela sonora resulta difícil esquivar su pegada contagiosa, el esmero volcado en el anexo audiovisual consigue que la canción alargue su fecha de expiración.
La pieza visual, dirigida a seis manos por Juan Barbazán, Sergio Goce y Manu Seo, arranca con una conversación de taberna. En ella se dan cita dos parroquianos que discuten en gallego sobre peces ante la mirada atenta del camarero. Un fragmento puramente conversacional, guiado por cierto humor, que remite a la etapa más gamberra de Juanma Bajo Ulloa. Sin embargo, la verdadera proeza creativa comienza poco después. Una galería de instantáneas surrealistas, gobernadas por el humor, la incorrección y una inventiva desbordante. Secuencias moldeadas a partir del imaginario popular donde transcurre la acción, concretamente el de esa Galicia rural que mira al Atlántico. Todo ese folclore y ese acervo de costumbres se cruzan con la modernidad canalla de la banda de Muros en un delicioso mejunje de cruces imposibles.
Desde máquinas expendedoras de juguetes sexuales a jugadores que, con sus pads, controlan el ejercicio en cinta de un hombre mayor fibrado; desde billares sobre camionetas hasta coches sostenidos por farolas, entre otros fabulosos delirios. Esta acumulación de desquicio no atosiga. Al contrario, propulsa la pieza hacia un plano final de celebración y comunión, con los miembros del grupo tocando, rodeados por esa galería de personajes excéntricos en una carpa de circo.
La vibrante propuesta no puede esconder su deuda –ni creo que lo busque– con el “Tailor Swif” de A$AP Rocky ni con otros trabajos del dúo Vania Heymann y Gal Muggia, pero poco importa ese débito; la originalidad aquí se adapta con enorme pericia a la iconografía gallega, y lo hace sin el músculo presupuestario del que disponen estrellas como A$AP Rocky o Taylor Swift. Bendita asimilación, en ese sentido. ∎