Libro

Fernanda Trías

Miembro fantasmaPáginas de Espuma, 2026

Hay libros que buscan ser homogéneos, estructuralmente bien definidos, con todos los componentes del relato viajando en la misma dirección. A la crítica le encantan los libros así, porque son fáciles de determinar y definir. Tienen un sentido, uno solo, así que lo identificas y luego lo valoras según se acerque más o menos al sentido identificado. Ahora bien, ¿qué ocurre con los libros heterogéneos, donde los mensajes no tienen un único camino, sino varios, y sus estructuras formales son inconsistentes, incluso contradictorias entre sí? ¿Esto quiere decir que son malos? Ni mucho menos. Son más difíciles de valorar bien, pero a veces las recompensas que ofrecen son mayores que los libros del primer grupo. Este es el caso de los diez relatos de ‘“Miembro fantasma” (2026), de Fernanda Trías (Montevideo, 1976).

La escritora uruguaya deslumbró a propios y extraños con “Mugre rosa” (Random House, 2020), novela extraña, distópica, especial, difícil de catalogar, pero maravillosa precisamente por todo eso. Y lo vuelve a hacer ahora con algunos de los cuentos de “Miembro fantasma”, cada uno diferente al otro, pero agrupados por un tímido argumento temático de fondo, la pérdida no asumida y el trauma que provoca tanto dolor, que llega a impedir la diferencia racional entre realidad y ficción. Cuando alguien sufre la amputación de una extremidad, ¿qué es más real, la extremidad en sí que ya no existe o el sentimiento interno que nos hace creer que sigue allí? ¿Cómo puede ser más real lo que no existe, o sea el brazo amputado, que lo que sí existe, la sensación de que está allí? Madre mía. La paradoja es enorme y este es el gran tema del nuevo libro de Trías, la gran paradoja que siempre es la realidad.

No hay, no ha existido nunca, libro de cuentos en que todos sean igual de fantásticos. Ni “Nueve cuentos” (1953), de J.D. Salinger; ni “Crónicas marcianas” (1950), de Ray Bradbury; ni “Rock Springs” (1987), de Richard Ford; ni “Winesburg, Ohio” (1919), de Sherwood Anderson. Libros tan cohesionados temática y estilísticamente que parecen novelas. Ninguno es equilibrado en sus logros. Aun así, son libros históricos, increíbles, maestros a pesar de sus faltas o precisamente por ellas. En el caso de “Miembro fantasma”, la diferencia entre los mejores y los peores es quizá demasiado desequilibrada, pero sigue siendo una lectura cien por cien recomendable.

¿Cuáles son los mejores? Los que se ajustan más a esta idea paradójica que hace que lo más real en esta vida siempre sea lo menos realista y viceversa. Cuentos como el que da título a la antología o “Ciclón” o “Última carta a Claudia” son un prodigio al describir esta problemática que hace que la escritura sea capaz de sustituir por completo a la realidad. ¿Cuáles son los peores? Los que se ahogan en su propia experimentación o son tan metaliterarios que pierden cualquier paradoja y se vuelven fríos ejercicios de estilo, como el que abre el libro.

La escritura de Trías camina entre el nerviosismo emocional y la frialdad categórica y es mejor cuando se acerca más a lo primero que a lo segundo. Es decir, cuando son cuentos de personajes, cuando las ideas que quiere plantear tienen una correlación emocional directa. Entonces la escritura de Trías fluye y consigue un eco lleno de intensidad y clarividencia. Cuando las ideas se quedan en ideas y no encuentran el disfraz o el cuerpo de un personaje, se pierde un poco. Aunque los hallazgos son mucho más comunes o al menos dejan un recuerdo más nítido y absoluto que sus pequeñas faltas.

En definitiva, “Miembro fantasma” es un buen conjunto de cuentos. Teniendo en cuenta que poner números o estrellas a libros para valorarlos es un poco absurdo, lo es un poco menos si el libro en cuestión tiene diez relatos. La valoración entonces puede hacerse según cómo valoremos cada uno, si bien o mal, como si cada cuento fuera un ejercicio de matemáticas que tuviese una respuesta correcta. Por tanto, podríamos decir que el libro llega al notable, a un 7,5 de 10, porque siete de los cuentos son buenos, buenísimos, uno se queda a la mitad, y dos son, pues eso, olvidables. ∎

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