Cómic

Jade Khoo

Tierra o LunaAstiberri, 2026

“Tierra o Luna” –se ha publicado originalmente en Francia este año por la editorial Morgen; aquí ha sido traducida por Rubén Lardín– empieza con dos grandes viñetas. En la primera de ellas se ve un plano general, donde sentimos diminuta a una niña frente a un bosque inabarcable. La niña mira algo con concentración, en el suelo. La segunda viñeta es un primer plano de su mano cogiendo lo que está mirando: una pequeña pluma. Como en su arranque, en esta ambiciosa obra de la francesa Jade Khoo (Fontainebleau, 1998) la narración va a bascular, a lo largo de sus casi 300 páginas, precisamente entre lo vasto y lo íntimo, entre lo micro y lo macro.

La obra en su conjunto remite al espíritu ecologista de Hayao Miyazaki, a la mirada contemplativa de Jiro Taniguchi, a la fantasía orgánica de Moebius o incluso a la intimidad pausada de Tillie Walden. A mayores, no es conveniente explicar en exceso sus vericuetos argumentales: un niño crece desarrollando una pasión por la ornitología mientras soporta el peso de un drama personal irreparable. Ahondar más es innecesario y atenúa la sorpresa. El libro ofrece una lectura de ritmo cadencioso y de apariencia sencilla pero en realidad esconde, tanto en su desarrollo como en sus detalles, giros sorpresivos y pistas casi escondidas. Solo en una segunda lectura apreciamos estas pistas –retazos de un diario, un recuerdo, una frase de apariencia anecdótica– como piezas del eficaz puzle en que se convierte esta primera parte de una obra anunciada como díptico.

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Lo más destacable en “Tierra o Luna” es la paciente construcción de una historia que no va a ser lo que en un principio parece. También la absorbente capacidad de Khoo para fijar atmósferas ensoñadoras, en ocasiones bellamente oníricas. Sus acuarelas son seductoras, pero sobre todo emocionales: la paleta cromática, lúcida, nos conduce como lectores a diferentes estados de ánimo con una pericia sorprendente en una autora casi novel. Khoo firmó una única novela gráfica previa inédita en España, “Zoc” (Dargaud, 2022), si bien tiene una carrera intensa que abarca la ilustración y la codirección del cortometraje de animación “Colza” en 2020, como alumna de la escuela de creación visual Gobelins de París.

Con todo, no estamos ante un trabajo redondo. La narración en primera persona en ocasiones resulta forzadamente explicativa, por ejemplo. Incluso innecesaria ante la expresividad majestuosa de las ilustraciones. Y las deudas –sobre todo la ya mencionada a Miyazaki– deberían pesar menos, pues restan personalidad autoral. Males menores de una carrera aún incipiente que en muchos otros aspectos se ha demostrado ya enormemente sólida.

En todo caso, más allá de virtudes y (pequeños) defectos, este cómic ganador del label Jeunes Talents otorgado por France Inter, una de las radios culturales de referencia en Francia, no debería pasar desapercibido en la marea de novedades mensuales de nuestro mercado. Por su aliento poético. Y por su sentido trágico de la vida y su mensaje humanista: solo la esperanza de encontrar redención en la verdad puede iluminarnos. ∎

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