Entre la muerte de Elvis Presley y el primer álbum de Suicide transcurrieron apenas cuatro meses en 1977. El parecido de Alan Vega (1938-2016) con el apolo de Tupelo no resulta evidente, pero es grande la afinidad estilística. Para su primer álbum en solitario, ya en 1980, el gran cantante-aullador de Brooklyn decidió prescindir momentáneamente de los sintetizadores –para eso acababa de salir el segundo largo de “Suicide” (1980)– con el objetivo de intentar el asalto a una carrera algo más rentable ahondando en aquellas raíces compartidas.
“Jukebox Baby” fue el single elegido para lanzar “Alan Vega” (1980), alcanzando el top 5 en Francia al ser publicado por el sello galo Celluloid. Es un tema de neorockabilly-doo woop con armónica que replica el pulso nervioso, hipnótico y garagero del género con una producción espaciosa del propio Vega pensada para favorecer un poco más sus originales capacidades como vocalista, especialmente en las piezas más tranquilas como “Lonely” o el blues gótico de “Love Cry”.
Aunque a lo largo del álbum se escuchan percusiones, un piano en “Love Cry” y tal vez algún bajo, solo aparecen acreditados el cantante y la guitarra del tejano Phil Hawk, a quien Vega conoció en el mítico local Max’s Kansas City de Nueva York. Concebido por ellos dos en un loft del distrito financiero de Nueva York a base de café, coñac y temperaturas gélidas, en “Alan Vega” predominan las historias de rebeldes sin causa como “Speedway” –“hurricane gasoline cocaine”–, en parecidas coordenadas de simplicidad minimalista que “Ice Drummer” –“The werewolf drives a brand new Chevy”– o “Bye Bye Bayou” –uno de esos cortes largos de estructura lineal que tanto le gustaban a Vega para desplegar toda su expresividad y cuya línea de bajo recuerda a la de “Psycho Killer”, de los conciudadanos Talking Heads–. Grabado en los Skyline Studios, “Alan Vega” es un disco de culto milimétrico, conscientemente primitivo y sin fisuras que Sacred Bones rescata ahora de nuevo –ya se había reeditado en 1987 y 2017– en una edición deluxe cuya nota más destacada –además de una portada distinta a la original y los detalles del libreto– es la inclusión de siete maquetas prístinamente conservadas de todos los temas, salvo “Jukebox Baby”, cuya única debilidad es ser un calco de las versiones definitivas hasta en duración.
Para “Collision Drive” (1981), un trabajo hasta ahora mucho más difícil de localizar puesto que desde 1987 no se reeditaba, Vega decidió ampliar el equipo con una banda solvente, los mismos músicos de “Live At Rockpalast 1982” (2023), integrada por el peculiar bajista Larry Chaplan y el baterista Sesu Coleman, ambos procedentes de Magic Tramps y fans obsesos de Suicide, con Mark Kuch a la guitarra en sustitución de Hawk. Su objetivo de lograr un sonido orgánico y tribal coagula en “Viet Vet” –“veterano de Vietnam”– con sus casi trece minutos de invocación post-punk reminiscente de temas como “I Remember Nothing” de Joy Division y conecta con la crudeza social de composiciones anteriores de Vega como “Frankie Teardrop” y “Harlem”, ambas en Suicide. También encontramos una versión de “Ghost Rider”, perteneciente al primer álbum del dúo, y otra del “Be Bop A Lula” de Gene Vincent, escogida como single y revisada con parámetros de escuela psychobilly entre The Cramps y The B-52’s, en un álbum audiblemente más colorido que el anterior aun conservando su intencionada proyección retrofuturista. Dos de sus cortes, “Outlaw” y “Magdalena”, fueron retocados y extendidos por August Darnell, el hombre de Kid Creole And The Coconuts, para un maxi “special dance mix” que se alineaba con la moda de la época, ambos ausentes en esta reedición. Antes de sacar otro disco con Suicide en 1988, Alan Vega tuvo tiempo de publicar cuatro álbumes por su cuenta, los dos analizados aquí además de “Saturn Strip” (1983), con la misma formación y la presencia de Ric Ocasek, y el menor “Just A Million Dreams” (1985), ambos reeditados también en años recientes. ∎