El grupo turco-holandés Altin Gün se encarga de expandir desde Ámsterdam la llama del rock psicodélico anatolio, y más en su ya sexto álbum, “Garip”, que llega tres años después de “Aşk” (2023), disco que supuso el final en el grupo de Merve Daşdemir, cantante y teclista que hasta entonces había sido fundamental en el sonido, con una clara disposición a acercarse al pop y a la música de baile sin renunciar a su esencia retro anadolu.
Su ausencia del grupo ha motivado una redimensión para volver a la esencia de sus principios, en detrimento de los sintetizadores; aunque estos sigan siendo importantes, es la prominencia del sonido del saz o baglama electrificado y de la guitarra lo que domina. Aunque sin obviar una muy dramática y jonda “Gönül Daği”, que a la vez suena a deliciosa psicodelia blanda orquestal y con cierta reminiscencia del dub. Un sonido magnífico, elaborado y lleno de detalles, con la doliente voz de Erdinç Eçevit al frente, alternándose a la vez al saz y a un despliegue de sintetizadores que suenan retro y a la vez permiten acercarse tanto a la música disco como al sonido kosmische, tal como sucede en “Öldürme Beni”.
Pero el mood que más los identifica es el de “Niğde Bağlari”, pura psicodelia anatolia con envolventes atmósferas llenas de guitarras reverberantes y un distorsionado y a la vez melódico saz, una fórmula que les vuelve a funcionar de maravilla en un “Zülüf Dökülmüş Yüze” que parece salido del túnel del tiempo. En cualquier caso, estamos ante un sonido robusto y de matiz medio oriental, potenciado por el músculo del imprescindible bajista Jasper Verhulst, anclando unas canciones que como “Benim Yarim” tienen regusto folclórico y a la vez se expanden hacia una lisergia cósmica y un groove bailable en el que valen también los matices krautrock, tal como sucede claramente en el metronómico ritmo de la apertura “Neredesin Sen”.
Pero lo sutil abunda en forma de temas como “Suçum Nedir”, en el que la pulsión melódica anatolia convive con un atmosférico arreglo de cuerda, que no se sabe bien si es real o simulada, insuflando a la vez un saxo cierto aroma a fusión jazzística, elaborada y orquestal –con guiños incluso al sonido Filadelfia–, en una auténtica filigrana que une esencia turca con lo cinemático. Y el funk, de gruesa línea de bajo, tampoco falta en un “Gel Yanima Gel” que hace justicia a su reivindicación de la música de Neşet Ertaş (1938-2012), icono de la música anatolia que fue el encargado de llevar la tradición folk ashik hacia la modernidad pop. Los diez temas del álbum son versiones de canciones suyas, reimaginadas hasta llevarlas a una dimensión contemporánea, con unas sorprendentes guitarras de matiz hawaiano en “Gel Kaçma Gel”, para deslizar el anadolounge hacia el psych-rock.
La voz trágica y conmovedora, de reminiscencias otomanas, que abre “Bir Nazar Eyledim”, a modo de plegaria, convive con un omnipresente sintetizador modular, que ni Tangerine Dream, flotando también abrazado a los esquemas de Jean-Michel Jarre, para convertirse en los seis magnificentes minutos de un cierre espiritual y solemne. En estudio muestran más matices que en directo, tal como pudimos comprobar en el concierto que dieron en el Apolo barcelonés en septiembre de 2024 en el preestreno de estas versiones, más imbuidos del espíritu clásico del rock anatolio, ese que representan los legendarios Erkin Koray, Cem Karaca, Selda Bağcan, Moğollar, Murat Ses o Bariş Manço. Es un combinado en el que la música de baile cede el protagonismo a la psicodelia medio oriental y que no sabemos si será un aparte o seguirán por esta senda retro, que tan buenos resultados comerciales les está dando, hasta el extremo de convertirse en el mejor y más representativo grupo europeo del actual rock de origen turco, integrados en una órbita que incluye a Gaye Su Akyol, Baba Zula, Derya Yildirim, Lalalar, Şatellites o Meral Polat. ∎