Álbum

Carminho

Eu vou morrer de amor ou resistirSony, 2025

Siendo un mero visitante ocasional en el mundo del fado, debo admitir que lo desconozco todo. Con un bagaje que se limita, apenas, a escuchas esporádicas de la mítica Amália Rodrigues, puedo soltar insensateces sin ton ni son. Tengo la impresión, que puede ser errónea, de que, siendo una música tan de raíz como es en España el flamenco –del que tampoco soy seguidor, aunque aquí mi desconocimiento no es tan epidérmico, sino que mi conocimiento me ha convertido en un desinteresado absoluto, salvo de sus fórmulas más vanguardistas o híbridas–, no es tan permeable a la innovación como nuestro género autóctono. Recuerdo con delectación, eso sí, a Madredeus y, mucho más recientemente, “Lina_ Raül Refree” (2020), el disco que Lina Rodrigues quiso que le produjera el catalán y que se convirtió en un prodigio de modernización gracias al desconocimiento que también Refree tenía del fado.

Pero cuando supe que Laurie Anderson había colaborado con Carminho (Lisboa, 1984) en el nuevo disco de la portuguesa, mi antena se conectó. No porque Carminho sea la máxima representante actual del género –recordemos que canta con Rosalía en “Memória” del novísimo “LUX”, ha actuado ante el Papa, ha ofrecido un concierto Tiny Desk de la NPR, ha grabado cuatro canciones producidas por Steve Albini, “Carminho At Electrical Audio” (2024), y ha compartido escenario con Coldplay en un par de ocasiones que yo sepa, en Coimbra en 2023 y en Lisboa en mayo del año pasado–, sino por la propia Anderson, uno de mis tótems absolutos, que interviene con su voz susurrante en “Saber”, el tercer single extraído de “Eu vou morrer de amor ou resistir”, disco que incluye el poema de igual nombre de la poetisa, directora de cine, pintora y ensayista portuguesa Ana Hatherly (1919-2015), considerada una de los referentes de la poesía y la literatura experimental del país vecino y de la que también ha escogido Carminho otro poema, “Balada do país que dói”, para musicarlo.

Y aunque Carminho afirma que no tiene intención de cambiar el fado, en este nuevo disco, producido por ella misma, sí hay “audacias”, ejemplarizadas en sonidos de instrumentos poco convencionales en el fado, como es la guitarra eléctrica. Pero hay más: hay voces procesadas por vocoder, ondas Martenot (un instrumento electrónico inventado en 1928) y el cristal Baschet (ideado en 1952 por los hermanos franceses Bernard y François Baschet, compuesto por una serie de tubos de vidrio y que, para tocarlo, se frotan con las manos mojadas o utilizando varillas), instrumentos estos dos últimos que serían poco convencionales en cualquier ámbito que no sea el de las vanguardias.

Pese a estas instrumentaciones, el trabajo de Carminho en “Eu vou morrer de amor ou resistir” no es revolucionario, pero sí audaz. Y si los puristas del fado son la mitad de intransigentes que los flamenquistas, la lisboeta se tendrá que enfrentar a comentarios no demasiado favorecedores, por su intención de ampliar los límites de las tradiciones del fado, algo que, en una escucha rápida de su producción anterior, nunca ha sido tan evidente como en estas once nuevas canciones –con la excepción, quizá, de “O quarto”, la pieza que incluyó en “Pobres criaturas”, la película de Yorgos Lanthimos–.

Evidentemente, el tono general de “Eu vou morrer de amor ou resistir” coincide con lo que la memoria colectiva entiende como fado: ese regusto nostálgico y emotivo que transita por el dolor y el desgarro. Ella no ha querido desprenderse de las referencias inequívocas del género, que han sido respetadas, pero alumbradas con arreglos algo más que ligeramente audaces (palabra que estoy repitiendo mucho, pero que viene constantemente a cuento). Además de la de Laurie Anderson, hay otra colaboración reseñable en el disco, la del pianista portugués de jazz Mário Laginha, en “Dia cinzento”, la única pieza que no tiene nada que ver con un fado tradicional, aunque mantenga su aura de tristeza atávica. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados