Hay momentos en que sus canciones tienen ese regusto dulce de refresco ultraazucarado guardado en la nevera, casi congelado, que es cuando sabe mejor. “Forced Position”, el corte con el que este trío de Montreal inicia su tercer largo, amable, aunque no complaciente, luminoso, pero no cegador, estival, pero de tarde de tormenta fugaz más que de mediodía abrasador, es uno de ellos.
Pero lo de Cola no va de la chispa de la vida, sino del reajuste de coste de la vida. El teórico incremento de los salarios, las pensiones o las prestaciones públicas que se tendría que producir para compensar los efectos de la inflación y preservar el poder adquisitivo. La supuesta garantía de que los ingresos evolucionan al mismo ritmo que el aumento de los precios de bienes y servicios esenciales: la vivienda, los alimentos, el transporte... Teorías y supuestos que, regidos por el caníbal sistema capitalista, nunca se acaban de producir. Es la economía, ¡idiota!
Ante este panorama, las opciones son escasas. Puedes salir a la calle, ponerte el pasamontaña y, depende de cómo te hayas levantado, quemar contenedores o atracar bancos. O puedes montar un grupo de música y expulsar la rabia y la bilis haciendo canciones. Opción, esta, que también ofrece diversas alternativas. Radicalizar tu sonido, tirando hacia lo abrasivo o, ante tanta mierda, apostar por lo contrario, mantener el mensaje y abrazarlo a partir de melodías preciosistas.
Los británicos lo hicieron fabulosamente bien durante los años más duros del thatcherismo con todo aquel movimiento surgido alrededor del colectivo Red Wedge en el que orbitaban Billy Bragg, Paul Weller, The Communards... Incluso bandas como The Housemartins, The Smiths o The Blow Monkeys –su disco de 1987, “She Was Only A Grocer’s Daughter”, es un ataque directo y frontal contra Margaret Thatcher (hija de un tendero)– tenían una clara filiación política. Cola son, de algún modo, herederos de esa tradición (“Skywriter’s Sigh”, última pieza de este álbum, no desentonaría en “The Queen Is Dead” o “London 0 Hull 4”) tanto en lo musical como en su temática intelectualmente antisistémica.
El cantante y guitarrista Tim Darcy y el bajista Ben Stidworthy militaban en Ought, banda de post-punk con la que publicaron tres álbumes remarcables. Acabada aquella etapa, reclutaron al batería Evan Cartwright, cómplice de Meghan Remy en su proyecto U.S. Girls. A disco cada dos años, debutaron con “Deep In View” (2022), trabajo que tuvo continuidad con “The Gloss” (2024). Ahora completan la trilogía con “Cost Of Living Adjustment”, trabajo que amplifica todas sus virtudes y minimiza sus defectos hasta casi hacerlos desaparecer (por decir algo, me sobra esa “Much Of A Muchness” que parece una cara B de The Strokes).
Cola militan en el post-punk, pero desde su corriente más arty, y, en diversos instantes, cuando se aproximan a su perfil más pop (filtrado a través del jangle y el twee), rememoran el sonido de Sarah Records o K. Como unos The Cure en versión sophisti-pop. Esa es la trampa. Pues, aunque tratadas desde ángulos y perspectivas diferentes a los usuales, llenas de matices y sutilezas que van ganando dimensión y trascendencia con cada nueva escucha (“Conflagration Mindset” es el paradigma de ello), no dejan de ser composiciones amables. Dulces. Pero son Juanolas. Caramelos de regusto amargo por unas letras que son el prospecto de la desazón y la angustia, la perpetua ansiedad y la perenne insatisfacción vital con la que te arrolla la maquinaria capitalista.
En “Favoured Over The Ride” cantan que, en el fondo, tan solo necesitamos “a decent nowhere, some reprieve”. Sí, solo es eso, un lugar decente donde tomarnos un respiro. Y ese rincón puede ser “Cost Of Living Adjustment”. ∎