Álbum

De La Soul

De La Soul Is DeadTommy Boy-GASA, 1991

No se cansaron de repetirlo desde que “3 Feet High And Rising” (1989) les otorgó un hueco en la leyenda de la música actual; el segundo sería el último disco de De La Soul, la margarita está muerta; y así parecen corroborarlo portada y título, aunque pocos se tomen en serio tales amenazas. Por otro lado, el cómic interior, que también se puede escuchar en diversas fases del disco, tiene la misma moraleja, “De La Soul is dead”, pero en sentido artístico: alguien encuentra la casete en la basura, mientras la oyen el que muestra su aprobación recibe una soberana paliza, y al final (“¿Eso es todo?, ¿y las pistolas?, ¿y las palabras rudas? De eso va el rap, ¿no?”) la cinta acaba en otro cubo donde otros repetirán la secuencia, “the end?”. Esa pregunta es la que deja abierta la posible continuidad.

Pero vayamos al disco, en el CD 75 minutos en 27 cortes reducibles a cerca de una hora de música real, coproducido nuevamente con Prince Paul de Stetsasonic y con numerosos invitados (no todos acreditados) y un torrente de samples –dicen que la negociación de los derechos retrasó considerablemente esta edición– que harán las delicias de los rastreadores de oscuridad y también su lógico desespero. Si los personajes callejeros que protagonizan el cómic no paran de preguntarse de qué diantres están hablando, no debe preocuparnos, pues, pillar un infinitésimo del total. Chicas que no se sienten todo lo bien tratadas que merecen por sus novios; problemas de color para ser atendidos en un búrguer que se solucionan con un autógrafo; homenajes a una emisora negra, WRMS, que debe ser la leche; ataques a estilos como el house y el R&B (“rhythm & blues?, no, rap & bullshit”) de gente como Bobby Brown; ligoteos de fin de semana, y una omnipresente mirada a las raíces vía afro, el pelucón esférico símbolo de negritud asumida en los 70 recuperados por grupos como The Afros, con quienes comparten causa lúdica y a los que emulan (si es que no son ellos) en “Let, Let Me In”, con esa imitación de la remilgada voz chillona que les es característica.

Todo ello con un despliegue impresionante de bajos groove, disco music, soul de cinco estrellas, sexifunk y funkadelia hiperbailable capaz de abstraernos del críptico lenguaje con lo mejor de la música negra en todas sus etapas; si no tan colorista como “3 Feet…”, mucho más compacto y, seguro, con más temazos aptos para volverse loco en la pista. Aquel asombró por la novedad, este es para rendirse sin condiciones. ∎

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