Álbum

Ekoplekz

DirtbokzSelvamancer, 2024

Para quien no conozca este proyecto, cabe decir que estamos hablando de la figura más excitante que nos ha proporcionado el underground bristoliano desde mediados de la pasada década. Así, bajo el nombre de Ekoplekz se encuentra Nick Edwards, quien ya llevaba un lustro sin regalarnos LPs bajo esta personalidad musical, la más conocida de todos sus proyectos.

En este sentido, habría que hacer un inciso para quien no haya escuchado sus discos como eMMplekz, memorable encarnación experimental spoken turd, compartida con el siempre interesantísimo Baron Mordant, junto a quien ha publicado maravillas a redescubrir como “Rook To TN34” (2016).

Pero ahora volvamos a lo que nos atañe, que es este nuevo pilar dentro de su templo a la deconstrucción de la ortodoxia techno. Estamos hablando del paradigma del electro dub lo-fi. Una gozada imperial grabada en un cuatro pistas, a través del cual consigue transmitir una infecciosa sensación de suciedad en los bordes de los bajos, los sintes y toda la programación empleada a la hora de insuflar vida a los ocho cortes que conforman Dirtbokz”, de lo más excitante que vamos a escuchar este año dentro de las ligas outsider de la rama techno.

De título fabulosamente kraftwerkiano, “Telekom” arranca el disco poniendo las cartas sobre la mesa de la receta estilística ejecutada para la ocasión. Una para la que no caben desvíos muy pronunciados y sí la sublimación de una deriva para la cual contamos con un menú que va del techno acuático desarrollado en “Fractured Smile” al impresionismo sensorial desplegado en la onírica “Frampton Kotterell”, una gozada en la cual también nos remite a los experimentos articulados por Herbie Hancock en vigas maestras de la fusión avant-garde-jazz como “Sextant” (1973). Y desde el otro extremo de la ecuación, en “Staja84a” aflora la oscuridad antártica deudora de los Depeche Mode berlineses de mediados de los años ochenta.

La rítmica agresiva con guiño a Zomby también hace acto de presencia en “Volcanik”, muestra inspiradísima a la hora de mostrarnos cómo retorcer una brújula estilística en un conjunto de manecillas rotas, tal que en el tribalismo minimal cosido en “Quasarz” o en la dualidad techno atmosférica-convulsa ejecutada en “Phader”, último pasaje de un trabajo sublime.

“Dirtbokz” es una nueva prueba de la genialidad de un creador tan en la sombra que haría falta algo más que una simple reivindicación para poder situarlo en el lugar que se merece. ∎

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