Es un placer presentar en Rockdelux a Gaby Amarantos, emblema de la música nordestina brasileña en general y del estilo denominado tecnobrega en particular. Emitiendo desde Belén, capital del estado de Pará, en la desembocadura del Amazonas. Un espíritu libre e indomable que lleva años arraigando entre su gente y una audiencia cada vez mayor. Desde el debut en solitario con “Treme” (2012) –cuya portada la muestra cual superheroína de barrio, emanando rayos–, que incluye hits incontestables como “Xirley” o “Ex mai love”, auténticas perlas del tecnobrega, una combinación de ritmos electrónicos con corazón absolutamente melódico, en la mejor tradición del pop brasileño, acercando el folclore a la pista de baile.
Pero su carrera empezó mucho antes. Nacida en 1978, en el humilde distrito de Jurunas, en las afueras de Belén, pronto destacó con su voz grave de mezzosoprano en el coro de la parroquia de Santa Teresinha do Menino Jesus. De ahí pasó a hacer historia en el circuito de la música paraense al frente de la Banda Tecno Show, empezando a elaborar un sonido mezcla de riffs acelerados de guitarra brega tradicional con “batidas eletrônicas”, convirtiéndose en precursores del nuevo estilo tecnobrega o tecnomelody que lidera Viviane Batidão y que causa furor en las fiestas populares denominadas “aparelhagens”, una palabra que sirve para denominar el equipo de sonido y a la vez los eventos musicales.
Grabaron dos álbumes, “Tecno Show e punto final” (2003) y “Reacender a chama Pará” (2004), mezclando forró, carimbó y brega pop con electrónica, en un sonido rural pero sintético. Además de discos, el grupo editó varios DVDs, auténticos decálogos del sonido de “la batida del tecnobrega”, en un do it yourself muy creativo mezcla de futurismo y misticismo. Gaby aprovechó para estilizar su cuerpo con una liposucción antes de lanzar en 2006 otro DVD de clips visuales, vídeos que ya involucraron a feriantes del mercado a peso y otros miembros de la comunidad, hasta un centenar de personas, y que fueron el preludio de su actual “Rock doido”.
En 2009 Gaby deja la banda para ser madre soltera. Como solista se convierte en una figura extravagante, que usa zapatos de plataforma, ropas chillonas y pelucas para mostrar un exuberante empoderamiento, tal como evidencia el vídeo de “Xirley”, convirtiéndose en una reina que mezcla lo kitsch con lo popular, dando cabida al glamur transexual y a la ciencia del plano secuencia. Otro espaldarazo lo logra con “Ex mai love”, convertido en tema principal de una telenovela de gran éxito en la poderosa cadena de televisión Globo. No menos celebrado fue el álbum “Purakê” (2021), cuyo título está inspirado en el nombre de un pez amazónico, el poraquê, que emite descargas eléctricas. Una buena metáfora de un poderío que le permitió reunir en el single “Última lágrima” nada menos que a Elza Soares, Alcione y Dona Onete. Y en la canción y el vídeo de “Vênus em Escorpião” cuenta con la leyenda de la MPB Ney Matogrosso, que contribuye a realzar un melodrama sintético y grandioso. Al año siguiente edita “TecnoShow”, un recopilatorio con los éxitos de Banda Tecno Show que alterna temas propios con versiones en clave tecnobrega de Cyndi Lauper, Roxette o Bee Gees.
Su nuevo trabajo, “Rock doido”, sintetiza y glorifica todo su bagaje, añadiendo además nuevos sabores. Concebido como un proyecto audiovisual, que puede ser consumido solo por la música, en disco o en streaming, la experiencia completa pasa por visualizar el clip del álbum, una película de 22 minutos, filmada en plano secuencia, con un móvil, el pasado 13 de agosto, en la periferia de Belén, en el histórico Bairro da Condor, junto a colaboradores, amigos y vecinos, coreografiando las canciones en una puesta en escena que puede parecer algo cutre a simple vista pero que es un maravilloso reflejo del do it yourself. El barrio mostrando su exuberante banda sonora, desde el plano inicial, tras levantarse el telón, con un tapiz del Círio de Nazaré, una fiesta católica multitudinaria de Belén, para acto seguido propulsarse hacia el afrofuturismo pop. La influencia de la tradición va de la mano de la defensa de lo queer, con apariciones estelares de la estrella de la música sertaneja, el country brasileño, Lauana Prado, y otro icono regional, la reina del tecnomelody Viviane Batidão, ayudándola a dar forma y lustre a un collage de ritmos. En concreto son 22 temas, servidos en píldoras rápidas entre uno y dos minutos, que sin tregua se entrelazan desde la inicial “Essa noite eu vou pro rock”, que ya introduce un inesperado ritmo bhangra. Llega “Arrume-se comigo” y ya estamos inmersos entre el dancehall y la tecnobrega, con bolso kitsch de cabeza cortada y poder trans.
La película es el sueño colectivo de 250 personas, impulsando la cultura del nordeste, en la que la música bhangra vuelve a colonizar un crudo “Short beira cu” con coreografía deudora del hip hop y el R&B. Y de encantar serpientes en el apeadero a invocar de nuevo el dancehall con un “Mamãe mandou” que desafía estilos con su apariencia de poseída. A continuación, un melodrama con el móvil, “Te amo fudido”, a lo disco diva –junto a Viviane Vatidã–, una píldora pop de empoderamiento femenino.
El plató se traslada a la calle y una puerta falsa introduce “Não vou chorar”, con Lauana Prado incorporando aroma melódico sertanejo, de baile agarrado. Y del cálido Bar do Lavareda al callejero “Interlúdio égua mana”, previo al aterrizaje de “Dá-lhe sal”, otra píldora efectiva de bhangra servida con coreografía a lo Bollywood pero del Caribe, que termina entre poli y ladrón para dar la alternativa al Gang do Eletro poniendo rimas en un “Tumbalatum” que se atreve con un estilo más latino, sin renunciar al dancehall, al bhangra, al hip hop, al electroswing y a lo que haga falta, todo para resaltar que “las más bonitas” son “las mamacitas”.
Un giro de la cámara y ya estamos de nuevo en lo sentimental, con un “Viciada em seduzir” que empieza de forma introspectiva para acabar explotando en llenapistas y, como quien no quiere la cosa, suelta “Eu tô solteira”, en otro breve himno femenino que clama por la felicidad de no depender del amor, donde canta “sofrí, agora nao sofro mais!” bailando entre exuberantes chicas de tallas no normativas. No hay tiempo que perder y ya estamos en la lambada “Foguinho” para, a ritmo de electroconga, introducirse en un “Abraço” con rimas contundentes, dembow y el sentimiemto melodramático de las telenovelas: “Era tudo o que eu quería / romancinho e putaria”.
Otro interludio avanzando entre pasillos sirve para adentrarse en la motorizada “Crina negra”, nueva minidescarga de tecnobrega que sirve para lucirse a bailarinas ataviadas a lo desfile de carnaval, antes de que ella misma se sume a la fiesta electrónica con “BBBBBBB” y una imponente peluca afro para entregarnos al flow cazalloso de MC Dourado, maestro de ceremonias en una explícita “Cerveja voadora” cuyos chorros de espuma manan de un inmenso surtidor-piscina. Sobreviviendo al desmadre de humaredas y fuegos de artificio, Gaby y su peluca se mudan en “Parararurau” al interior de un tráiler para seguir la fiesta tecnobrega con sus amigas, del que nos saca una evocadora guitarra twang fronteriza en el inicio de “Bonito feio”, una canción que habla de abrazar las imperfecciones y de buscar la belleza incluso en la fealdad, haciendo alarde de su potente y rugosa voz. Y todo termina en tono pausado con “Deixa”, con Gaby enfundada en una capa en una canción que habla de abandonarse a lo desconocido y dejarse llevar por el río de la vida, en un mensaje de vivir libre, sin miedos y repitiendo la palabra “deixa”, que pone énfasis en la importancia de dejar que las cosas fluyan de manera natural. Celebración y mensaje en un disco-película que es todo un hito de la nueva música brasileña. ∎