Álbum

Ibeyi

OfferingIBEYI-AWAL-Popstock!, 2026

El cuarto disco de Ibeyi es el primero que graban sin el productor Richard Russell ni el paraguas über cool de XL, pero las gemelas Lisa-Kaindé y Naomi Díaz parecen haber salido revitalizadas de todo estos cambios. Su conocida combinación de ritmos afrocaribeños –de la influencia de su padre, Miguel “Angá” Díaz, fallecido percusionista de Buena Vista Social Club– con R&B, jazz, soul y electrónica rara vez ha sonado tan depurada e intensa. Hasta siete productores las ayudan en el álbum –entre ellos, el haitiano Michaël Brun, tan interesado como Ibeyi en cruzar ritmos ancestrales con estéticas del pop moderno–, pero no se nota en esos pocos sonidos bien dispuestos. Sí que se nota, para bien, la pasión de Naomi por el rap.

“Offering” tiene algo de renovada declaración de independencia. Sale en el sello propio del dúo y es, ya desde el título, una llamada a desligarse de expectativas. Según parece, Lisa-Kaindé tuvo una reveladora visión de Yemayá, la deidad yoruba que representa el mar y la maternidad. En busca de orientación sobre su futuro creativo, la gemela más introspectiva recibió una respuesta bien clara: “Solo ofrendas ahora”. Por eso Ibeyi cantan en “Offerings”: “Ya no hago conjuros / Ahora hago ofrendas”. Se trata de dar, dar sin esperar nada en lugar de empeñarse en manifestar deseos.

Antes de Yemayá aparece en el disco, en el tema de igual nombre, Olokun, el Orisha que representa al mar en su estado más aterrador, como se sugiere a través de unas voces filtradas de forma inquietante. “Aset” remite en su título al nombre original de Isis, mito egipcio reinterpretado en un tema en el que importa, y mucho, el arte del percusionista cubano y santero Pedrito Martínez (antiguo Yerba Buena) con el tambor batá. Su aportación polirrítmica dibuja un (nuevo) trip hop también en la industrial “Moshpit”, en la que Ibeyi se regocijan sin problema en su propio caos interior: “Yo soy la olla”, repiten una y otra vez. En su mundo naturalmente contradictorio tiene todo el sentido que un corte así venga seguido de algo como “La tendresse d’un mot”, delicada (primera) canción enteramente en francés con piano beatífico de Sofiane Pamart.

En la recta final, lejos de perder fuelle y ceder a los caprichos del relleno, “Offering” coge fuerza particular. Todo ello gracias a la citada “Offerings”, al himno de autoafirmación “Baba” (“una cosa es segura / era a mí misma a quien estaba buscando”) y a esa mayúscula celebración del minimalismo llamada “I Know You Loved Me”, elucubración sobre una dinámica sentimental ambigua en la que se bastan de, básicamente, sus voces y una líquida línea de bajo para impactar. De “Good Life” decepciona que no sea versión del clásico de Inner City, pero su mensaje de relativización de la tristeza puede calar hondo: “Si el dolor te llega de repente / Juntos podemos hacerle frente / Encontrar en lo triste algo dulce”. Y enseguida, volver a recordar que la felicidad es dar. ∎

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