Cuando escuché por primera vez “Real Life” (2006), en directo, en las tablas de un teatro de mi ciudad, Joanne Wasser estaba debutando con ese disco, homónimo. Recuerdo haberla recogido del aeropuerto –yo era su runner, un poco personal assistant, cosillas de la supervivencia periodística–, ella estaba de mal humor, fruto de un vuelo largo, puesto que venía de Nueva York, ni idea de cómo andaban las conexiones en 2006, supongo que mal. Wasser no podía con su alma. Yo tampoco, me encargaba de los transportes de un huevo de artistas. Me obligó a quitar al grupo que estaba escuchando en la furgo, y le cogí antipatía al instante. Cuando se despidió de mí, al soltarla de nuevo en la terminal, me dio un abrazo y las gracias, recomponiendo de alguna manera nuestro mal encuentro inicial. Luego César Luquero, en 2022, me preguntó si me apetecía entrevistar a la estadounidense, y tuve sentimientos encontrados, pero acepté. No me arrepentí (¡gracias, César!): mantuvimos una conversación relajada y agradable a propósito de “The Solution Is Restless” (2021). Volví a divisarla, con el velo de los años, sentada en su piano con un vestido plateado largo, frente a un público que asistía con expectación a la puesta de largo, valga la redundancia, de una artista que venía con el membrete arty de haber colaborado con gente como Anonhi Hegarty, Lou Reed o Rufus Wainwright. ¿Una bien querida de NY? Pues sí. Eso suscita envidias, y se nota en ciertos comentarios de la época, que han envejecido nada más que regular.
Wasser es multinstrumentista, pero pianista por encima de todo. De formación clásica, se inició pronto en el punk, antes de que la rigidez clásica hiciera estragos. Ahí arrancó su trayectoria, que despegaría en especial tras su traslado a Brooklyn en 1996. Pero todavía pasaría una década antes de la publicación de su debut en solitario como Joan As Police Woman en 2006: “Real Life”. Un trabajo que ella misma revisita ahora, no sé si siguiendo el dicho del bardo, al que parece homenajear en la portada, tan dylaniana: “Hay demasiadas canciones ya”. ¿Por qué no reinterpetar las suyas propias, dotarlas de una segunda vida, pasados veinte años? Si en el “Real Life” primitivo contó con la voz de Hegarty, en “Real Life Evolution” es Iggy Pop el estrellón que la acompaña. Wasser sabe rodearse, pero en este caso ese sueño –así lo ha calificado ella en sus redes sociales– tiene todo el sentido: como teclista de la banda en directo de Iggy, ¿por qué cojones no habría de colaborar él con ella? “Save Me”, que ya era una canción sobresaliente de ese disco, se agiganta con el timbre post pop depression de Iggy.
“Real Life Evolution” abarca las diez composiciones originales, quitando los añadidos de ediciones posteriores. La artista plantea el orden de manera inversa –reservándose la estremecedora “Real Life” para el final–, si bien no con exactitud. Es “Anyone” la que abre esta evolución de un trabajo saludado en su tiempo por la crítica como pop delicado, lindante con lo jazzístico, sensual. El tempo cambia, así como la instrumentación, las cuerdas agilizan el ritmo y la desnudan, con respecto a la original, con un resultado que emociona, más todavía cuando te fijas en ciertos versos (“It’s been a long time a long time / I’ve walked alone, I’ve warmed to it”). Ocurre con “Flushed Chest”, más pianística tal y como Wasser la concibió, y que en su versión de 2026 se sustenta en una percusión cálida y armonías que la arropan (existen intérpretes que son almas viejas, de siempre; es su caso). Esa espesura vocal antes de tiempo que, con falsete (“The Ride”) o sin él, es sin duda su punto fuerte, pervive, con mayores matices, aquí. A Krystle Warren le toca remplazar a Hegarty –que firmó este tema con su excolaboradora–, un papelón, pero sale airosa en una versión más electrónica que no pierde un gramito de soul. El alarde de las teclas es soberbio, y en “Christobel” ensancha el dramatismo hacia otra dimensión conocida, propia de Joanne y sus circunstancias. ¿Y qué decir de “Eternal Flame” y “Real Life”, que cierran el experimento autorreferencial de la artista? Que deberíais escucharlas, empezando por el final, desoyendo los deseos de la artista. Dice Joanne que se imbuyó del espíritu de Jeff Buckley cuando la grabó por primera vez: “La música me ayuda cuando atravieso momentos difíciles. Me permite procesar las cosas. Me siento muy agradecida por tener la posibilidad de ayudar a crear esta clase de música para la gente. Me hace seguir adelante”. Componer una canción como “Real Life” bien merece una vida, una carrera. ∎