De todas las asociaciones –más que grupos o bandas– formadas por John Zorn en las que él compone, arregla y dirige, pero no toca, Simulacrum es de las más intensas y productivas, con diez discos en seis años: “Simulacrum” (2015), “The Discoveries Of Witches And Demons” (2015), “Inferno” (2015), “Painted Bird” (2016), “49 Acts Of Unspeakable Depravity In The Abominable Life And Times Of Gilles de Rais” (2016), “The Garden Of Earthly Delights” (2017), “Beyond Good And Evil. Simulacrum Live” (2020), “Baphomet” (2020), “Chaos Magick” (2021) y “Nostradamus. The Death Of Satan” (2021). El concepto es el del trío de jazz y rock al estilo de The Tony Williams Lifetime, con órgano, guitarra y batería, pero el sonido, explosivo en la mitad de los temas y casi litúrgico en los otros, es bien distinto y se aparta de las texturas del experimento de Williams o de los combos liderados por el Hammond para cortocircuitar cualquier idea previa sobre jazz progresivo, hardcore o punk-jazz.
Esta meditación musical sobre Nostradamus y la muerte de Satanás es la última entrega del temario conceptual de Zorn con Simulacrum, abocado a la alquimia y el ocultismo –es extraño que aún no haya colaborado con Alan Moore–, brujas y demonios, biblias negras, plagas, predicciones apocalípticas, simbología rúnica, satanismo, danzas macabras, sonatas de fantasmas, relatos heréticos, cuervos del averno, príncipes de las tinieblas, deidades medievales, ángeles caídos, espiritismo, imágenes de la laguna Estigia y otros ecos de “La divina comedia” de Dante Alighieri, la obra de August Strindberg, la depravación de Gilles de Rais, las teorías de Aleister Crowley y las pinturas de El Bosco. Siempre con John Medeski (órgano), Matt Hollenberg (guitarra) y Kenny Grohowski (batería), aunque en anteriores discos se han incorporado ocasionalmente otros músicos (Trevor Dunn, Marc Ribot, Kenny Wollesen, Ches Smith y Brian Marsella) y hasta se sampleó la voz de Crowley en un tema de “Chaos Magick”.
La vena más jazzy aparece por ejemplo en “Seven Spirits”, pero es un espejismo: tras los agradables fraseos de Medeski, la guitarra dice basta y arremete contra el teclado para llevarlo hacia terrenos de rock denso al estilo del “Red” (1974) de King Crimson. “Melmoth” arranca y para en seco, “The Stygian Pool” arremete con el jazz-punk y, en oposición, “From The Cave Of Treasures”, con su ondulante órgano, parece más mística que siniestra. La parte evanescente tiene espacio en la delicada “The Watchers”, en la línea de otro combo zorniano, The Dreamers; y “A Mantic Stain”, con uno de esos montajes sonoros que tanto gustan a Zorn, mezcla y alterna puro groove con hard rock. La calma, siempre a punto de rasgarse, llega al final del recorrido con “Chaos And Eternal Light”. En todo caso, si tuviéramos que definir con un solo concepto la música de Simulacrum, no se me ocurre otro que jazz-metal, ideal para representar los abismos del infierno, pero con ligeras esperanzas sonoras para salir de él. ∎