Durante –Free Kitten, Harry Crews– y después del colapso de Sonic Youth en 2011, la carrera de Kim Gordon se ha movido a su antojo rehuyendo la nostalgia y el encasillamiento. Tras el proyecto Body/Head junto a Bill Nace, la neoyorquina criada en Los Ángeles puso su nombre y apellido a “No Home Record” (2019), un álbum que, además de homenajear en el título a Chantal Akerman, supuso su encuentro con el productor Justin Raisen –con un currículo que va de Charli XCX y Sky Ferreira a Kid Cudi, Lil Yachty, Drake o Nicki Minaj–. El entente se mantuvo en “The Collective” (2024) y sigue en “PLAY ME”, el tercer largo de Mrs. Gordon a su nombre, un disco breve –apenas 30 minutos; pocas canciones llegan a los 3– que da otro puñetazo en la mesa musical de la ex Sonic Youth: sus inquietudes no se oxidan y están cada vez más alejadas del art/noise rock de la banda en la que fue pieza fundamental.
“PLAY ME” es un menú, principalmente, de beats esqueléticos y efectivos con un ojo puesto en el armazón del hip hop y otro en porciones de eso que podríamos llamar rock industrial. Es un disco directo que hace de la máxima de “menos es más” su razón de ser. Gordon no nos marea cogiendo desviaciones innecesarias y hace del minimalismo –músical y lírico– su fundamento expresivo. Sabe que su poder está en su forma de explotar su garganta, entre el recitado y el canto, y lo aprovecha: puede sonar sexi, amenazante, fría, furiosa, distante, cálida y cercana. Podría leer el listín telefónico (¿todavía existen?) y caeríamos extasiados.
Samplers, cajas de ritmo y baterías programadas conviven con las seis cuerdas de la guitarra en un magma sonoro que parece querer reproducir el detritus moral del apocalipsis poscapitalista. “PLAY ME” es, así, un manifiesto (otro) sobre el declive de la cultura occidental, la germinación de los neofascismos, las dictaduras de las altas tecnologías y la carcoma moral del individualismo consumista. No busquen, eso sí, consignas panfletarias en las letras: Gordon expulsa sus versos –concisas ráfagas de poesía en modo automático– sin necesidad de recurrir a pancartas concretas ni eslóganes claros: la mejor muestra es, quizá, el reworking de “BYE BYE”, la pieza que abría “The Collective” rehecha a mediados del año pasado como “BYE BYE 25!” y que aquí cierra el disco con su feroz fotograma de la América distópica de Trump: “Non-conforming / Sex / Hate speech / Climate change / They/them / Tile drainage / Trauma / Privilege / Uterus / Men who have sеx with men / Measles / Pеanut allergy / Abortion / Commercial sex worker / Lesbian / Women / Bye-bye / Bye-bye”. Un cierre perfecto para un “PLAY ME” que incluye cameo de Dave Grohl –batería en la angustiante “BUSY BEE”: “Dios, él no está aquí / no está aquí / no está aquí / Dios, él no está aquí / no está aquí / no está aquí / abeja trabajadora / cogiendo el dinero / abeja trabajadora / como si fuera miel”–, porciones “rock” como “NOT TODAY” y “GIRL WITH A LOOK” –con coros de Ainjel Emme y ácido cítrico sobre los roles de género–, e improbables hits en un mundo perfecto –“DIRTY TECH” y su crítica a la sumisión a la IA–. ∎