“Aniré dient pel barri que ja no sóc el mateix / Que he refet la meva vida / I que ara me l’he fet a mida”, profetizaba hace un par de años Quim Carandell, cantante y letrista de La Ludwig Band, desde los versos de “El dia que et perdoni”, canción-bisagra que conecta el jolgorio rocanrolero y despendolado de “Gràcies per venir’” (2023) con el jolgorio rocanrolero algo más ordenado y aseado, calculadamente más comercial, de “Pel barri es comenta”. Es, seguro que lo han leído por ahí, EL DISCO de los catalanes. El de ahora sí, por fin. De vuelta al barrio con una vida, una grabación, en este caso, hecha a medida y una docena larga de canciones para poner de acuerdo, si no lo estaban ya, a los fans de Manel y Mazoni. A los sibaritas de la canción pop y los entusiastas del rock clásico, clasicote. También, en algo se ha de notar la producción más pop y el intento de buscar público en nuevas latitudes, a los oyentes ocasionales de Oques Grasses y los epígonos melancólicos de Pau Vallvé. ¿Jugada maestra? No del todo, pero a eso vamos.
Habrá quien crea que el aplauso unánime les ha llegado a Carandell, Gabriel Bosch, Roger Cassola, Pau Esteve, Andreu Galofré y Lluc Valverde justo cuando con más alegría se han diluido para espejarse sin complejos en todo lo que les gusta, pero en realidad La Ludwig Band siempre ha hecho del pillaje a plena luz del día su razón de ser. Nada grave, en realidad. Al fin y al cabo, ¿qué es la historia del pop y el rock sino la crónica de un fenomenal e ininterrumpido atraco a mano armada? En esa liga, la de música popular como magma colectivo y marmita de amplias tragaderas, los catalanes son sencillamente insuperables. Ladrones de guante blanco con gusto casi siempre impecable y jeta suficiente como para ahorrarse la hoja en blanco y empezar a construir desde, pongamos, “Simple Twist Of Fate” (Dylan), andamio por el que trepa “Tal dia farà un any”. Así cualquiera, sí.
O no. Porque tampoco debe ser tan fácil fusilar a Dylan sin complejos –casi todo suena aquí a “Street Legal” (1978) pasado por el filtro majara y kamikaze de la Rolling Thunder Revue–, robarle “Crímenes perfectos” a Calamaro y “I Don’t Wanna Go Home” a Southside Johnny y colocar aquí y allá pedazos literales de The Killers, Els Pets, El Último de la Fila y Los Ronaldos, por citar unos pocos y no arrearse un sensacional costalazo. El secreto, como casi siempre, está en el manejo de los referentes y la habilidad para voltearlos desde dentro.
El mejor ejemplo es, en este caso, “On t’has ficat aquesta nit”, que es al mismo tiempo puro Dylan (“Where Are You Tonight?”, si preguntan) sin dejar de ser una fogosa y atropellada crónica de amor y despecho marca de la casa. Letra torrencial, canción majestuosa. Pleno al quince de memorabilidad. Algo parecido ocurre con “Si fa no fa, Rapunzel” y “Millor amb ell”, donde las ingeniosas letras de Carandell, puro costumbrismo nostrat, empujan y arrastran las melodías sin que a uno le importe demasiado si plagio, versión u homenaje. Desde esa óptica, “Pel barri es comenta” funciona como efectiva y gozosa celebración del rock en su versión más comunitaria y febril. Bien por ellos.
Otra cosa es que las expectativas se vayan desinflando a medida que avanza el minutaje, “Avui hem quedat a les quatre” cotice a la baja en la liga de “Atletes baixin de l’escenari” o que los brochazos narrativos de la bobalicona “Xavier, el tècnic de so” aporten poco más que un desahogo eléctrico. Bien pensado, “Pel barri es comenta” tiene casi tantos aciertos como altibajos. Ahí están, por ejemplo, la meliflua (y cursi) “Que bonic!”, esa “Creure” que no se sabe si E Street Band, The Killers o Maná o la levemente sonrojante “D’un concert de la Mushkaa”, intento nada velado de seducir a influencers locales e intentar conectar con audiencias mucho mayores mientras con la otra mano le roban la cartera al Calamaro de “Alta suciedad” (1997). Se entiende así, después de todo, el tono aséptico, mucho menos estimulante que el de “Gràcies per venir”, de una producción tirando a homogeneizadora, y el balance desigual de un disco del que uno sale sospechando que el gran trabajo de la Ludwig Band aún está por llegar. ∎