Reedición

Madelman

Idem PalaisCosmos-Austrohúngaro, 2026
En 1996, cuando se publicó originalmente “Palais”, podríamos decir que la idea de electrónica “avanzada” en España era prácticamente campo, y en general era complicado salirse del chunda-chunda habitual que había empezado a expandirse ya por la península ante la visible decadencia de la Ruta Destroy. El Sónar había celebrado su primera edición en 1994 con poco éxito de público y mucho valor histórico –algo que se entiende mejor con el tiempo, claro; a toro pasao’–, y si acaso podemos nombrar al gran Alex Martín (Earcloud, Oxident Audios, Full Duplex) o a Víctor Sol (Solphax) como únicos representantes de algo que ya empezaba a asomar en Barcelona: la IDM. Martín ya había llamado la atención de Laurent Garnier y publicaba en su sello, F Communications; Víctor Sol realmente se llamaba Lars Müller, y era un alemán acogido por la Ciudad Condal al que editaba Fax Records, mítico sello germano que en poco tiempo pasó del kosmiche al acid house y el ambient techno y donde publicaron Klaus Schulze, Atom Heart o Biosphere. Era, en España, algo todavía alienígena.

Adelantado a su tiempo, Albert Salmerón –de Producciones Animadas, promotora que creó junto con Alberto Guijarro– armó de la nada un sello para poner en circulación un recopilatorio con todos esos DJs, productores y artistas que pinchaban en el Nitsa, y que estaban entendiendo a la perfección la evolución que, más allá de Ibiza, estaban viviendo el acid techno y el acid house. En aquel recopilatorio, “Disco 2000. Una recopilación dance de aquí” (1995), estaba Martín, cómo no, y estaban Solphax, Vanguard, Fangoria, Jumo –los fundadores del Sónar: Enric Palau y Sergi Caballero– o Aleix Vergès (que además de pinchar como Sideral montó un proyecto bisagra entre el baggy y el indie: Peanut Pie). Pero también había una apertura estatal: de Madrid estaba el DJ peruano Jorge Luis Revilla, más conocido como Coco Cielo y cofundador de los pionerísimos Silvania junto con Mario Telegram; de Zaragoza, John Landis Fans; y del País Vasco, Le Mans (prácticamente remezclados por Fangoria), Parafünk y José Luis Rebollo firmando como Madelman.

Cosmos Records se convirtió entonces en el aglutinante de una escena que entendía la electrónica de baile de forma más aventurada, más libre, y que prestaba atención a las nuevas vías que se iban abriendo en algunos márgenes de Europa, cada vez más preocupadas por llevar el contexto sonoro de la pista de baile al espacio doméstico y por cambiar la fiesta por la escucha activa. Después de “Disco 2000”, los primeros trabajos que editó fueron “Come Into Cosmos”, de Alex Martín Ensemble –una especie de presentación que no solo es el primer disco de illbient en España, también uno de los más tempranos a nivel global, publicado antes de que se inventara la etiqueta–, y este “Palais” que por su parte es uno de los ejemplos más primigenios en nuestro país de lo que en Inglaterra estaba empezando a conocerse como IDM, y que en este momento era el sello de identidad de marcas como Warp, R&S o Rephlex: música electrónica de baile originada desde el continuum hardcore, pero con un enfoque más abstracto y ambiciones progresivas-tranceras, una intención de escucha que lo relaciona con géneros como la psicodelia o el ambient y una actitud más experimental, abierta a la deconstrucción y el glitch, con influencias de la vanguardia o la música concreta y profundamente interesada en la textura y en el diseño sonoro.

José Luis Rebollo, evidentemente, era un gran amante del sonido pero no un tipo especialmente discotequero, y “Palais” era un disco concebido y compuesto en casa y pensado para escucharse en casa, aunque las circunstancias del momento lo terminaran encasillando todo como “música dance”. “A mí lo que me gustaba era que viniera la Liga Humana, la gente un poco pintada”, le decía hace poco el productor a elDiario.es. “Por eso una de las cosas que más me impactaron fue conocer a Alaska y a Nacho Canut. Fangoria era otro mundo, mucho más divertido. El resto eran siempre tíos con camisetas negras; ellos, en cambio, eran más travestis”. A él, quizá, le interesaba una cosa más introspectiva, un electro hipnótico como el de “Eurovisible” –su aportación a aquel “Disco 2000” y cierre de “Palais”–, que llevaba a Orbital a Ibiza, con charme francés y una inconfundible vis pop. Algo con poco espacio en España en aquel momento más allá de lo “dance”. Así que conocer a Fangoria le mostró una vía un poco más eurovisiva, armó –junto a Alicia San Juan– Chico y Chica y no volvió a publicar nada más como Madelman.

“Palais” sirve para acercarse a esa dualidad, a ese momento casi transicional en la vida de Rebollo. “Chao amigo” deja clara la inspiración de los aires baleáricos que en general soplan por todo el álbum, además de la apertura a lo proggy y al lounge music –probablemente por influencia de bandas japonesas como Yellow Magic Orchestra–. “Matinée”, otra pista balearic, es quizá la que mejor conecta con proyectos definitivamente más pop como Fangoria o Silvania y la que mejor permite acercarse a la ideología musical que luego desplegará en Chico y Chica. Y “Rock 1” canaliza los ambientes ondulares de Orbital y el espíritu de Kraftwerk rondando las formas de un electrofunk y adentrándose en una espiral deportiva que sirva para estructurar conceptualmente el disco. Madelman siempre fue, él mismo lo ha reconocido, muy amante de la música francesa, y sorprende que este disco por momentos suene a Air pero antes de que Air o Étienne de Crécy publicaran sus primeros sencillos.

En el otro extremo del álbum están, sin embargo, las producciones más interesantes, las que más se sirven del ambient para aproximarse, más o menos, según se tercie, a la pista de baile: las que despliegan un sonido prácticamente inédito, en 1996, en España. Sin que se abandone nunca esa atmósfera en general chill, introspectiva, y esa intención hipnótica de los temas (está claro que Rebollo conocía también los conceptos de la pista psicodélica, que coinciden con la entrada en Reino Unido de las drogas alucinógenas en el contexto del club y con el trabajo de artistas como The Future Sound Of London), “Favorita”, por ejemplo, se pone más pistera con un ambient techno espacial entre el electro y el acid, y “Sport Shoes”, con su sonido mecánico y alienígena y esas percusiones insistentes pero muy depuradas, podría considerarse ejemplo primigenio de la IDM en nuestro país.

Van más allá “Raccord” y la titular “Palais” reforzando el misterio, la tensión y la oscuridad, y casi acercándose en las formas al ambient dub que por entonces ya investigaban Seefeel o The Orb en Reino Unido y Basic Channel en Alemania. La segunda es más progresiva y se va amoldando más a la idea de ambient techno, sí, pero la primera opta por el extrañamiento a través de unos drones de cuerdas que tienen más que ver con la vanguardia. Aún a día de hoy, “Palais” aguanta porque siempre fue un disco adelantado a su tiempo, o más bien porque pertenece a una escena que siempre hizo música destinada a vivir en el futuro.

Treinta años después, Austrohúngaro –el sello donde Chico y Chica han desarrollado toda su carrera– reedita, en colaboración con un Cosmos Records prácticamente resucitado para la ocasión y por primera vez en vinilo, el único trabajo de Madelman. Esta vez como “Idem Palais”, en una versión revisada por el propio Rebollo y remezclada con los másteres originales que dura unos veinte minutos menos que la versión original pero sin cambiar nada sustancial, prescindiendo fundamentalmente de progresiones excesivas o de la efectivamente redundante “Noise Contest”, que en el CD del 96 aparecía en la misma pista que “Eurovisible”. Una forma realmente mejorada de escuchar uno de los discos más improbables, canónicos e irrepetibles de la música electrónica contemporánea de España. ∎

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