Álbum

Maryam Saleh

SyrrSimsara, 2026

La cantautora y actriz egipcia Maryam Saleh (1985) saltó a la palestra internacional tras la denominada Primavera Árabe, cuando en El Cairo floreció una escena alternativa que le permitió editar el álbum “Mesh Baghanny” (2012), convertido en piedra angular del rock indie árabe, uniendo guitarras tensionadas y voz dramática en canciones que combinaban temática personal, política y filosófica. Antes ya había hecho sus pinitos con varios grupos. Fue frontwoman de Jawaz Safar, reviviendo para las nuevas generaciones las canciones protesta de la leyenda folk Sheikh Imam, gran amigo de su fallecido padre Saleh Saad, para el que trabajó como actriz y asistente en la dirección de sus obras de teatro.

La unión con el productor libanés Zeid Hamdan –la mitad del dúo Soap Kills, que comparte con Yasmine Hamdan– dio como resultado el álbum “Halawella” (2015), en el que incidió en su devoción por las canciones satíricas y sarcásticas de los músicos y poetas Sheikh Imam y Ahmed Fouad Negm, aunque vistiéndolas con un sonido más electrónico, con guiños al trip hop y al hip hop, lo que le acarreó duras críticas aduciendo que pervertía los originales. Antes ya había iniciado una estrecha relación artística con su paisano Maurice Louca, compositor y multinstrumentista, y el cantautor y oudista palestino Tamer Abu Ghazaleh. Esta especie de supergrupo fue el responsable de “Lekhfa” (2017), un álbum que, con la indispensable ayuda del ya desaparecido poeta Mido Zoheir, mezclaba chaabi tradicional, electro-chaabi, pop y psicodelia con beats, oud, buzuki o steel guitar. Fue una cumbre artística que sin embargo le acarreó graves problemas, ya que la conservadora sociedad musical egipcia la acusó de erosionar la auténtica herencia cultural y de promover su disolución. Su libertad artística chocó frontalmente con los esfuerzos para restaurar el orden tras el período disruptivo revolucionario. Sus letras explícitas y el estilo experimental la convirtieron en chivo expiatorio de una censura que ha contribuido a mantenerla largos años en el ostracismo, algo también atribuible a sus demonios personales.

Poco a poco fue reactivando su carrera de la mano de Kamilya Jubran. La cantautora y oudista palestina fue su mentora en el proceso de elaboración de “Syrr” (“Secreto”), un disco que ha tardado tres años en completar. Otros cómplices necesarios han sido el incondicional Maurice Louca y Sarah El Miniawy, la fundadora y directora del sello Simsara que edita el disco y a toda la plana mayor de los nuevos talentos egipcios, que incluyen a Nadah El Shazly o Nancy Mounir. Esta última, otra original rescatadora de la tradición, coproduce y participa en el tema inicial “Mawdou’ Tani”, una inmejorable manera de sentar el mood del disco, permitiendo imaginarla como una PJ Harvey de Medio Oriente; una canción sombría y hasta desolada que refleja su depresión posparto y posdivorcio, entre cuerdas dramáticas, percusiones secas y el lamento de un coro femenino.

Una sensación, la sombra benefactora de la Harvey, acrecentada en “El Faqd”, que, con solo su voz, el oud inconmensurable de la Yubran y percusiones, logra un clímax emocional estratosférico, jondo y profundo, con el orgullo de alguien que ha renacido aún más rebelde para avisar de que “no es un álbum de canciones, sino una travesía”. Su arrolladora personalidad se muestra en el single “El Fetra” –iluminado en blanco y negro por un vídeo con su rostro y sus ilustraciones–, sobre los omnipresentes sintetizadores de Louca y un determinante chelo, en un lamento introspectivo de una gran carga emocional, inspirándose en un estilo folk llamado taqtuba. Por momentos, es como si Dead Can Dance hubiesen cambiado a Lisa Gerrard por Maryam Saleh, en una música que parece remota y contemporánea a la vez.

En la minimalista balada o plegaria “Nafas” (“Suspiro”), compuesta a medias con Jubran, entre silencios y un sutil oud, avanza una canción arropada por determinantes coros femeninos susurrando secretos al oído del oyente que dicen: “Puedes ver ambos extremos y muchas otras cosas también”. Sus letras le sirven tanto para explorar cuestiones existenciales como para llorar pérdidas personales, con un cante jondo y sentido que en “Ma’na”, con oud, chelo, percusiones y silencios, logra sonar solemne y a la vez melancólico en lo que supone otra muestra de su maestría avant-folk.

Solo nueve canciones, pero todas sustanciales, como “Wanas”, inspirada por un subestilo del chaabi llamado buka’iyyat, una imploración elegíaca que alcanza la categoría de trance; sus prominentes grititos reciben el consuelo de un coro femenino y de un sustrato instrumental dominado por los sintetizadores y las percusiones, en un tono tradi-mod equidistante entre beduino y rave del desierto. Son canciones híbridas, como “Alb” (“Corazón”), delicadeza de folk arábigo teñida de sutil trip-hop. Es en el fondo una música muy atmosférica, en el sentido que te introduce en un estado de ánimo que, aun no siendo placentero, te atrapa en su telaraña y te motiva a investigar sus intríngulis, en la génesis de “Khayal” (“Imaginación”), su cara más alegre y desenfadada, con fanfarria incluida, con unos vientos que resoplan como si estuvieran de carnaval, en una fiesta de título inspirado en una inscripción que la autora vio en la puerta de un local donde se permitía cantar a los espontáneos: “Tendremos una nueva vida en nuestra imaginación”. La magia puede ocurrir cuando abres tu mente; fue como una revelación para una canción que quiso convertir en himno, como los de su época de colegiala.

En el cierre, “Nedaa” (“Una llamada”) suplica al oyente que acepte lo que ella ha aprendido en un largo viaje, muchas veces en la oscuridad, hasta liberar su alma. Suena solemne desde el inicio, con su voz en la lejanía mecida por el oleaje y el viento, hasta que se vuelve rotunda y firme, acompañada por oud y percusiones a los que se suman los fundamentales teclados y coro femenino, hasta crear un cierto estado psicodélico que supone un gran cierre a un álbum que devuelve al primer plano de la actualidad el secreto mejor guardado de la música egipcia actual. ∎

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