Meridian Brothers llevan años haciendo que la música latina parezca llegada de otro planeta. Desde “Guaracha U.F.O (no estamos solos…)” (2012), el proyecto de Eblis Álvarez ha tratado la cumbia, la salsa, la guaracha o el bolero como si fueran materiales encontrados en una nave abandonada: ritmos populares atravesados por voces deformadas, guitarras psicodélicas y órganos que suenan entre la feria y el hiperespacio. Hay incluso una versión ralentizada de aquel tema donde se aprecia todavía mejor su gusto por el cosmos, por el infinito y por esos sonidos que quizá existen en alguna parte, aunque aquí abajo todavía no sepamos escucharlos.
Mexican Institute Of Sound / Instituto Mexicano del Sonido ha trabajado desde un lugar parecido, aunque con una relación mucho más directa con el humor, el collage y la cultura popular mexicana. Camilo Lara lleva dos décadas imaginando una música donde la cumbia, el hip hop y la electrónica conviven. En su universo cabe una canción donde, si se encontrara a Dios, le pediría una quesadilla. También cabe una idea muy clara: lo popular puede ser futurista sin dejar de ser popular.
“Ruido Tovar” es la unión de dos de las voces más experimentales de la latinidad. El encuentro entre Instituto Mexicano del Sonido y Meridian Brothers parte de la idea de que aquello que solemos llamar futuro casi nunca está delante de nosotros. El disco rinde homenaje a
Rigo Tovar (1946-2005), uno de los grandes excéntricos de la música mexicana, pionero en mezclar cumbia, rock, balada, psicodelia y sintetizadores cuando esa combinación todavía parecía una locura. El primer hombre del futuro, paradójicamente, ya está muerto.
Sin embargo, “Ruido Tovar” no es una restauración patrimonial de la música tropical mexicana. Es más bien un experimento de reanimación. Lara y Álvarez toman el momento en que la cumbia dejó de depender únicamente de las orquestas tradicionales y empezó a contaminarse con teclados, guitarras eléctricas, órganos, Moogs y bajos amplificados. A partir de ahí construyen un disco que mira hacia México y Colombia como dos laboratorios conectados por el baile, la migración y el absurdo:
“pa’ Colombia desde México en California”, cantan en
“Cumbia beckiana” (una de las dos colaboraciones de Beck), aludiendo así a la comunicación constante de la América Central.
“Cumbia del lobo” abre el álbum con una tropicalia sintética, y
“Ritmo Babilonia” (la otra de Beck) reescribe “El festival de mi pueblo” (un tema de Rigo Tovar de 1981). Pero no todo es ensalzar el futurismo:
“Ira (IA)” convierte la ansiedad contemporánea por la Inteligencia Artificial en una cumbia analógica (
“IA, cuando miro tus cifras me invade la IA”, un pequeño juego de palabras), y también tenemos la
“Danzón 8Bit”, que juega a que la Nintendo 3ds se hubiese inventado en México. Y es que no hay solo cumbia: chachachá, órgano tropical y percusiones populares, entendiendo que la tradición latinoamericana siempre fue más experimental de lo que muchos relatos oficiales han querido admitir.
Rigo Tovar no fue futurista a pesar de ser popular. Fue futurista precisamente porque trabajó desde lo popular, desde los bailes masivos, desde el sintetizador barato que abrió un nuevo mundo textural. Y es que, pese a todo, el futuro no tiene por qué sonar limpio ni tecnológicamente perfecto. ∎