Álbum

The Standby Connection

The Standby ConnectionNo Aloha, 2026

Los queridos Luna aterrizaron en el escenario de La Rambleta hace ya un par de temporadas –octubre de 2023 para ser exactos– con motivo del festival Perfect Days, una cita que homenajeaba el inmenso legado de Lou Reed. Los encargados de abrir fuego y caldear el ambiente aquella velada no fueron otros que los valencianos The Standby Connection. Hablamos de unos veteranos curtidos en la escena, herederos directos del tuétano de los añorados Polar, que llevaban casi una década sin entregar un largo desde aquel “Ace Tone” de 2017, aunque durante todo este tiempo fueron dejando algunas señales de vida, muchas de ellas recuperadas ahora en el disco.

Antes de dejar caer la aguja, conviene detenerse en el envoltorio, porque aquí nada es casual. La imagen de portada, firmada por el siempre certero Juan A. Pardo y vestida gráficamente por Marc Volpini, captura la imponente estación de servicio El Rebollet en la localidad de Oliva. Una virguería de la arquitectura moderna diseñada por Juan de Haro Piñar en 1962, cuyas inmensas marquesinas fungiformes de hormigón armado funcionan como la metáfora perfecta del sonido que aguarda dentro del plástico.

Ya metidos en harina, la consolidación del cuarteto, con Miguel M. Matallín a la voz y guitarra, Paco Grande al bajo, Jesús Sáez a la batería y coros, y Ramón Manzaneda reforzando el frente guitarrero, dota a las composiciones de un andamiaje melódico superlativo. Si empezamos por señalar una de las arterias palpitantes del lote, nos quedamos de cabeza con “MB”. La pieza esconde un sentido tributo a Matthew Barnhart, el histórico ingeniero responsable de masterizar estos mismos surcos. Para coronar la empresa, la banda levantó el teléfono y convocó a Dean Wareham, que afila una tercera guitarra estelar, mientras Britta Phillips envuelve la mezcla con unos coros primorosos. El resultado es un dardo que engancha en las distancias cortas: “Matthew / Do you remember that restaurant / Matthew / Do you remember the deep blue sea”.

Ese mismo barniz de melancolía refulgente impregna el corte inaugural, “2024”. Apoyados en una cadencia que respira ecos indiscutibles de The Velvet Underground, el grupo tira de cotidianidad torcida y media sonrisa para relatar cómo los planes saltan por los aires cuando la vida decide dar un volantazo: “I planted two trays in the spring / I thought that we could have some fun / But little I knew what's next to come / Life's a bitch and has its own plans”. Justo a rebufo asoma “Dreams”. Aquí la banda cambia de marcha y nos regala una píldora de espíritu más pop –de ramalazo power pop o twee, a gusto del consumidor–, erigida como un refugio de los sueños. Una pieza construida sobre el repique cristalino de una guitarra de doce cuerdas y envuelta en unos tarareos luminosos que resultan absolutamente contagiosos. De ese oasis melódico pasamos al vacío de “Visions”, un tema sobre la desconexión que termina desembocando en un pulso guitarrero mucho más intenso e hipnótico.

La luz regresa a los surcos con la vitalista “Make Up”, una composición que, pese a coquetear con la distorsión, destila un brillo inequívocamente sesentero y un agradecido puntito surf. La jugada tiene todo el sentido del mundo, porque la inercia empalma de maravilla con “We Can Hide In LA”. En esta canción, el cuarteto nos invita a subirnos de un salto a un coche plateado (“Come over in your silver car”) para pisar el acelerador y huir hacia la costa oeste. Antes de echar el cierre, merece una mención especial una pista más pausada que es “Day One”. Flirteando con las atmósferas de Yo La Tengo o Belle And Sebastian, y recordando por momentos a la banda madrileña Nine Stories, nos topamos con esta preciosidad que relata el drama de un niño atrapado en medio del naufragio adulto: “Little Joey in his little room / He could barely understand”. El tono general se mueve entre la tristeza, el miedo y la resignación, pero las cuerdas abren texturas y tensión emocional al mismo tiempo.

Editado con mimo por la escudería independiente No Aloha Records, y contando con nombres de la talla de Xavi Muñoz, Sergio Devece y Carlos Ortigosa respaldando el resultado, este álbum llega en una tirada limitadísima de apenas doscientas copias en vinilo negro y confirma a The Standby Connection como una anomalía maravillosa. Y nos alegramos de que quedaran fuera del disco, como debe ser, un par de caramelos para los más cafeteros: la pieza instrumental “Train To Leiden” y “Starfire”, su lectura de Low, erigida como un pequeño altar a esa tristeza en suspensión que tan bien les sienta. Dos extras para los que rebuscan debajo de la alfombra. Nosotros, por nuestra parte, vamos a ir tirando hacia esa gasolinera de la portada, a ver si con un poco de suerte también nos llenan el depósito, porque con solo doscientas copias en la calle, la cosa está como para salir derrapando. ∎

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