Álbum

Tokischa

AMOR & DROGAWarner, 2026

A comienzos de abril, Tokischa volvía a situarse en el centro de la conversación pública tras la difusión de unas imágenes grabadas en la basílica de Nuestra Señora del Coro, en San Sebastián. En ellas, la artista dominicana aparecía semidesnuda como parte de “(No) Margine”, un cortometraje dirigido por Karim Coppola vinculado a su nuevo proyecto. El Obispado denunció el uso del templo y asociaciones cristianas presentaron demandas por profanación. No es algo nuevo; en España ya vimos a C. Tangana y Nathy Peluso perreando en la catedral de Toledo con “Ateo”. Sin embargo, mientras otros artistas buscan una redención estética o un perdón artístico, Tokischa sigue en su línea más provocadora.

Esta obsesión por lo sagrado surge en un momento curioso: el pop ha vuelto a canibalizar la iconografía religiosa, pero con un envoltorio distinto. Aquí la sombra de Rosalía es alargada. La catalana, que fue el puente de Tokischa hacia el público español con aquel himno sáfico llamado “Linda”, ha sido la gran arquitecta del nuncore. En dicha canción, la española soltaba aquello de escupirle al tiempo “como si fuese su puta”; una barra que hoy, en su etapa de monja, quizá se pensaría dos veces. Tokischa, en cambio, no ha bajado los decibelios. Ahora que Dios vuelve y está de moda, ella sigue ancalada en la década pasada: sexo, drogas, reguetón y a ver quién dice la burrada más grande.

Su álbum de debut (aunque parezca mentira, este es su primer disco largo), “AMOR & DROGA”, refleja precisamente ese estilo de vida al límite. El disco no narra una historia de superación con final feliz, sino que funciona como el ciclo cerrado de una adicción. Hay una subida química donde el amor parece infinito, seguida de un bajón depresivo cuando la dopamina desaparece. Es un retrato de relaciones tóxicas y agotadoras que se repiten en bucle, donde el placer y el daño son las dos caras de la misma moneda. Musicalmente, el álbum se apoya en el dembow dominicano, pero se atreve a experimentar con otros géneros de forma caótica y, a veces, desconcertante.

El mapa de colaboraciones del LP es un reflejo de esa irregularidad. Por un lado, el productor Diplo rescata en “MI NOVIO” un sonido EDM propio de 2014. Seamos claros: la electrónica de principios de los 2010 fue, probablemente, el agujero negro del pop; una era de sintetizadores chillones y ritmos de festival que han envejecido fatal. Que Tokischa rescate ese sonido es una elección bizarra que bordea lo masoquista; es un chute de nostalgia de esa que te deja la boca seca. Por suerte, Skrillex (que ha envejecido bastante mejor) aporta una producción mucho más moderna y fluida en “SURFBOARD”, logrando que el ritmo caribeño suene elegante.

Pero el momento que realmente te descoloca es “MONO”, esa colaboración casi imposible con Kase.O. El rapero de Zaragoza se sube a un beat jazzy para intentar mimetizarse con el universo de Tokischa, pero el resultado genera algo de vergüenza. Escuchar a un rapero clásico soltar barras como “Pura droga sin cortar como K shit, tu coño es mi droga como Yung Beef” o enredarse en ese trabalenguas de “mi lengua lamía la tuya, la tuya lamía la mía” produce una sensación de incomodidad no tanto por el contenido explícito (estamos curados de espanto), sino por ver a un referente del rap clásico forzando un código que no parece el suyo. Javier, el trap te cerró las puertas hace tiempo, y este intento de sonar vicioso y moderno resulta más desconcertante que provocador. Es el riesgo de los experimentos extremos: a veces la química simplemente no sucede.

“AMOR & DROGA” es, en definitiva, un disco profundamente friki. No en el sentido superficial, sino en esa manera de mezclar referencias sin jerarquía clara, de pasar del dembow al EDM de 2014 o a un beat jazzy sin preocuparse demasiado por la coherencia estilística. Hay decisiones discutibles y momentos que rozan el mal gusto, pero también una energía difícil de encontrar en un panorama cada vez más blanco. ∎

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