Álbum

Twisted Teens

Florida Water BluesGoing Underground, 2026

Twisted Teens es un original dúo de Nueva Orleans compuesto por un veterano en la escena folk-punk de la zona, Caspian Hollywell, alias C.P.N. (voz arenosa, entre Bruce Springsteen, Joe Strummer y un joven Elvis Costello; guitarra, batería, bajo, sinte), y Ramon RJ Santos (steel guitar), que este año han llamado nuestra atención con canciones como “Florida Water Blues”. Grandes temas pero muy mal grabados, con un descaro inmenso y a la velocidad de la luz. Hasta el punto de que en febrero publicaron otro álbum también muy inspirado, el segundo de su incipiente carrera, “Blame The Clown” (2026), siendo el primero el intercambiable “Twisted Teens” (2024), y ya anuncian dos más, uno de ellos listo para el otoño. Ellos hablan de Lee Scratch Perry como modelo a seguir, confiesan no usar efectos ni pedales, que solo enchufan el amplificador para grabar y que suelen quedarse con la primera toma, a menudo la única, por lo que es habitual que pierdan la pista de lo que han grabado.

Se habla acertadamente de cowpunk. Temas como “Javelina” y “Weather The Season” tienen hechuras clásicas y además se escucha la steel guitar de Santos, cuyos arreglos aportan atmósfera, calor y cordura. Otras piezas como “Concealed Weepin’” recuperan la línea velvetiana que también puede percibirse en ellos –recordemos que The Velvet Underground hicieron cosas como “Lonesome Cowboy Bill”–. Lo que hace el dúo de Luisiana es muy viejo: disfrazar de impericia lo que no es tal, si por ello entendemos más melodías estupendas como “Riding” que remiten a unos Feelies pasados de bourbon –algo que cuesta imaginar–. El empleo de los teclados aproxima la ruda producción de “Florida Water Blues” a algo más comercial que vuelve rápidamente al punk de rezo y granero de Violent Femmes, aunque no hay que confundirse: Twisted Teens son mucho más urbanos. “Business” es otro espécimen que recurre a la tradición cajún antes de subir el peldaño del rockabilly sin comerlo ni beberlo haciéndote creer su propia lógica. Habla de lo fácil que es engañar a la gente de buena voluntad: Di las palabras suficientes veces y la gente acabará creyéndolas”. No cabe ninguna duda de que Twisted Teens son unos tipos pensantes.

Si algo se les puede reprochar es que ya no tienen pinta de adolescentes y que algún día perderán esa frescura que ahora los caracteriza como les pasó a Orange Juice, aunque en la historia del pop-rock hay ejemplos de tozudez, desde Half Japanese a The Fall. Tal vez lo suyo sea garage-folk-rock-punk cósmico americano con más radicales libres que un electrón desparejado. La falta de adscripción a una moda concreta, salvo el fértil cajón de sastre que siempre representa el D.I.Y., es la mejor táctica para hacer lo que les da la gana con entusiasmo y energía, condiciones necesarias pero no suficientes sin buenas canciones, incluida la de cierre, “Sun Go Down”, una joya que podría haber escrito Mickey Newbury y una parte final que parece de Eyeless In Gaza o alguien como Fursaxa. Hollywell es un compositor y cantante físico superdotado que resulta convincente con las temáticas de siempre: fe, redención, alienación, soledad, añoranza. Y los personajes de sus canciones son gente de verdad, por lo que si eres de los que ya aborrecen la IA, lo tuyo es Twisted Teens. Real as fuck. ∎

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