Disco destacado

Zach Bryan

With Heaven On TopBelting Bronco-Warner, 2026

Escuchar veinticinco canciones del tirón es una empresa de mucho fuste, un acto casi físico que exige una paciencia y una entrega que ya se despachan con menos alegría en esta época de consumo efímero. Ese ha sido el gesto de puro exceso con el que reapareció Zach Bryan un viernes 9 de enero, fecha poco habitual para el común de los artistas, firmando su sexto largo, “With Heaven On Top”, desde Belting Bronco y con Warner detrás.

No alcanzamos a vislumbrar si estamos ante un desafío consciente al formato álbum, esa obra hoy tan bien editada, cerrada y colocada en fechas bendecidas por la industria. En cualquier caso, no sería la primera vez. En 2022 ya publicó “American Heartbreak”, aquel trabajo descomunal de más de treinta canciones que confirmó tanto su ambición como cierta alergia a la síntesis. Aquella pulsión se reafirmó dos años después con “The Great American Bar Scene” (2024), una entrega donde Springsteen entraba a cantar. Y ahora, para redoblar la apuesta, apenas unos días después del lanzamiento de “With Heaven On Top”, Bryan presentó una versión acústica en un movimiento de doble o nada: “With Heaven On Top (Acoustic)” , donde el repertorio reaparece duplicado, dividido en dos partes, una desnuda y otra producida.

Está claro que Bryan habita ya ese estatus de personaje al que se le escrutan los amoríos, las salidas de tono y cualquier gesto público con lupa, algo que se ha vuelto a subrayar tras su boda en nuestro país, en la ciudad de San Sebastián, la pasada Nochevieja, con Samantha Leonard. Todo esto dará, sin duda, más conversación. Pero la atención termina regresando a otro lugar: aquí hay duende, una de las voces más singulares del country moderno y una entrega que honestamente es canela en rama. Con un pie firme en la tradición del country y la americana más clásica, el conjunto esquiva artificios y sobreproducciones innecesarias. Asoman metales, cuerdas y refuerzos de viento, siempre integrados sin alardes.

El gran caudal. Foto: Lucas Creighton
El gran caudal. Foto: Lucas Creighton

No es casual que se abra con “Down, Down, Stream”, un largo monólogo hablado en el que flotan los recuerdos y lo hacen sin jerarquía. Bares de Tulsa, vómitos, incendios domésticos, ciudades extranjeras, la madre, los amigos, los perros, cien mil personas cantando. Tras ese inicio casi fluvial, merece la pena destacar el brío distinto de “Appetite”, una pieza de empuje más rockero. Aquí canta desde el cansancio y la contradicción, preguntándose qué hace “in Northwest Arkansas / playing shows to those who don’t care at all” y repitiendo “I work myself up an appetite”, una frase que funciona como bucle mental y físico, empujándolo hacia delante. Ese pulso más tenso se detiene en “DeAnn’s Denim”, una canción mucho más recogida. Está dedicada a su madre, como aquel primer trabajo que se titulaba “DeAnn” (2019), también en homenaje a ella.

El grueso del repertorio se despliega con piezas que conservan el mejor aroma de esta hornada. Asoma “Dry Deserts” para subrayar una soledad que hiela la sangre ante la inmensidad del paisaje americano, un sentimiento que pronto se transforma en el avispero de “Bad News”, donde Bryan mete el dedo en la llaga de la ansiedad política sin necesidad de dárselas de panfletario. Por estas veredas aparecen “Slicked Back”, con ecos de un Springsteen de extrarradio, y “Anyways”, una canción de ánimo alto que apunta a convertirse en uno de los momentos más coreados en directo. En “If They Come Lookin’” se percibe la desazón del artista ante el ojo ajeno que todo lo observa y juzga, mientras que “Rivers And Creeks” retoma la imagen del agua para dar continuidad al recorrido.

Casi al final, menta a su antigua pareja, Brianna LaPaglia, más conocida como Brianna Chickenfry, en “Plastic Cigarette”, donde aflora el poso amargo de una relación que se fue torciendo entre consejos para dejar de beber y tensiones familiares, con la estampa de ella fumando un cigarro de plástico a la orilla del río. El recorrido se despide con “With Heaven On Top”, una canción que suena a aguante y a seguir en la brecha, con el paso firme y la mirada al frente, pase lo que pase.

Todo en este trabajo queda supeditado a la autoridad de la voz y a esa vibrante sensación de toma viva, doméstica y casi improvisada que resulta, a la postre, de una constancia de lo más agradable. Es posible que sobren minutos o que nos falte vida para procesar tanto desborde. En un mundo que nos quiere editados y a dieta, Bryan nos ofrece un banquete de setenta y ocho minutos. 2026 ya cuenta con una voz terrosa capaz de hacernos sentir que el cielo, por momentos, está exactamente donde tiene que estar. ∎

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