Si Zoh Amba no fuera una de las saxofonistas jóvenes más singulares surgidas de la escena del free jazz del downtown neoyorquino, resultaría difícil reparar en “Eyes Full”. Escuchado sin conocer su trayectoria, su debut para Matador podría confundirse con otro disco de alt-country. Parte de guitarras acústicas, melodías rurales y una voz rasposa, pero su verdadero carácter aparece cuando la banda introduce acoples, distorsión y rupturas de noise rock dentro de esas formas reconocibles. Amba cambia de instrumento y de repertorio, aunque conserva parte de la lógica de la improvisación.
Originaria de Kingsport, Tennessee, y residente en Nueva York, Amba se dio a conocer en el free jazz con el saxofón tenor. De joven practicaba en el bosque, lejos de la enseñanza formal y de un entorno familiar donde el instrumento no era bien recibido. Después de abandonar el Conservatorio de San Francisco, estudió con el saxofonista David Murray y encontró en Albert Ayler una referencia decisiva. Comparte con él el grito, el vibrato y la voluntad de llevar el sonido hasta un límite físico, además de la atención a las melodías delicadas, los silencios y el recogimiento.
Esa primera etapa produjo una obra breve y notable. “O, Sun” (2022), producido por John Zorn, reveló un lenguaje propio y una intensidad poco habitual. “Bhakti” (2022) profundizó en la relación entre música y espiritualidad. Después llegaron “O Life, O Light Vol. 1” (2022) y “Sun” (2025). Vinculada al Advaita Vedanta, una tradición filosófica hindú, Amba entiende la improvisación como una práctica devocional. Su radicalidad no consiste únicamente en tocar fuerte: busca alcanzar un estado de concentración total mientras la música sucede.
En marzo de 2025, su nombre apareció en algunos medios españoles después de un concierto en El Molino de Barcelona. Un espectador interrumpió la actuación, reclamó música más melódica y calificó su propuesta de “música para drogadictos”. Amba intentó continuar, pero terminó suspendiendo el concierto, afectada por el incidente. El episodio mostró hasta qué punto se implica emocionalmente cuando toca. Esa entrega también atraviesa “Eyes Full”.
La dimensión religiosa precede, por tanto, al cambio de instrumento. En “Bhakti”, los registros extremos del saxo y los pasajes más contenidos respondían a una misma búsqueda. “La música es Dios; Dios es la música”, ha afirmado. En “Eyes Full”, esa preocupación reaparece a través del cristianismo rural y de los conflictos sociales y familiares de su Tennessee natal. Las letras hablan de culpa, trabajo, adicción y comunidades abandonadas por las instituciones.
La etiqueta “slacker folk” se queda corta para un álbum grabado sin sobregrabaciones por una banda muy ensayada. Suena a alt-country interpretado por músicos acostumbrados a reaccionar entre ellos. La intimidad vocal remite a Big Thief; el fondo de country-rock, al primer Wilco, y la combinación de melodía y distorsión, a Wednesday. En “Dead End Street”, la base acústica acaba atravesada por guitarras eléctricas que se pisan, desafinan y producen acoples. La canción conserva su melodía mientras el arreglo se aproxima al noise rock. El cruce entre formas tradicionales, guitarras abrasivas y una voz sin pulir permite entender también la comparación con Sonic Youth.
Ese registro vocal es el elemento más reconocible y discutible del álbum. Amba canta con aspereza, fuerza las notas y deja visibles sus cambios de respiración. La urgencia recuerda al blues rural y encaja con las historias de adicción, cárcel o precariedad. Pierde eficacia cuando aplica la misma presión emocional a canciones de amor, recuerdos familiares y plegarias. En esos casos, la interpretación subraya la gravedad del relato sin que la letra o la melodía aporten siempre los matices necesarios.
Las letras reconstruyen la infancia de Amba en Tennessee desde su vida actual en Brooklyn. El Sur aparece condicionado por una moral religiosa restrictiva y unos servicios públicos incapaces de proteger a las familias. Su mirada evita tanto la nostalgia como el desprecio. Mantiene el respeto por los trabajadores, los vecinos y las redes de apoyo. La distorsión de las guitarras aleja esas historias de una visión idealizada de la América rural.
“Child You’ll See” establece el vínculo más claro con su obra anterior. Amba se dirige a su yo infantil y a otros niños cuyas posibilidades quedan reducidas por el sistema. En el tramo final entra una grabación de saxofón realizada en directo en Italia. El instrumento modifica la canción y reúne la faceta de cantautora de “Eyes Full” con la improvisación de “O, Sun” y “Bhakti”. Es el momento en que ambos lenguajes se integran con mayor naturalidad.
El resto del disco desarrolla ese retrato mediante historias concretas. “OCD” recuerda a un amigo ingresado en un hospital psiquiátrico estatal. Sus interrupciones acompañan la presión por ajustar una mente distinta a una norma, aunque la letra simplifica el trastorno. “Dead End Street” reúne la casa familiar, el bosque, el tabaco de su madre y la decisión de raparse la cabeza al abandonar el Sur. “Southern Soil” parte de una fotografía policial de su padre golpeado y relaciona la adicción con un sistema centrado en el encarcelamiento. “Odd Jobs” recuerda a un vecino que trabajaba por unos dólares y fue encontrado con una jeringa en el brazo, pero conserva detalles que permiten verlo más allá de su muerte.
La espiritualidad y la clase trabajadora coinciden en “Emahoy” y “Weed Eating”. La primera se inspira en la pianista y monja etíope Emahoy Tsegué-Maryam Guèbrou. La segunda reserva el cielo para quienes realizan trabajos duros sin recibir una recompensa justa. Las canciones sobre el amor y la amistad amplían el campo temático, aunque recurren a formas musicales más convencionales.
“Eyes Full” lleva al alt-country una forma de entender la música aprendida en el free jazz. El disco alcanza sus mejores momentos cuando las canciones dejan de funcionar como estructuras cerradas y aceptan la inestabilidad propia de la improvisación, como sucede en “Dead End Street” y “Child You’ll See”. En otros tramos, el dramatismo vocal y unas formas demasiado familiares reducen su personalidad. El nuevo lenguaje de Amba resulta más convincente cuando incorpora la libertad de sus discos anteriores en lugar de dejarla atrás. ∎