Celia Cruz, poder supremo. Foto: Michael Ochs Archives (Getty Images)
Celia Cruz, poder supremo. Foto: Michael Ochs Archives (Getty Images)

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Centenario Celia Cruz, la voz alegre de la identidad afrocubana

Celia Cruz fue fundamental en la creación y popularización de la salsa, un nuevo género musical que surgió en la década de 1960, en el Bronx. La poderosa voz de la cubana, su energía contagiosa y su icónico “¡Azúcar!” la convirtieron en un símbolo global de alegría y empoderamiento que puso a bailar a multiplicidad de audiencias, y cuyos logros reconoció el establishment WASP. Su carrera abarcó siete décadas. Ayer se cumplieron cien años de su nacimiento.

Su dulce y sonora voz –impregnada de las raíces africanas, el ritmo y la religión de Cuba– supuso un símbolo de comunidad e integración. Como mujer y como afrocubana. El éxito de su imagen, de su personalidad, residió en que nunca ejerció de diva. La esencia de Celia Cruz (1925-2003) era su feminidad, no su sexualidad; exhibía un estilismo llamativo en concordancia con su público y con el repertorio, sin abandonar sus extravagantes pelucas. El Instituto Smithsonian posee algunos de sus vestidos y zapatos de plataforma.

Celia Cruz nació el 21 de octubre de 1925, en el humilde barrio de Santos Suárez, en La Habana. Fue la segunda de cuatro hijos de Catalina Alfonso Ramos y Simón Cruz, un fogonero ferroviario. Compartía el hogar con más de una docena de niños, todos familiares. El padre consideraba que el negocio de la música era de dudosa reputación, pero, animada por su madre, la adolescente comenzó sus estudios musicales. Más allá de la industria musical, su longevo éxito fue reconocido en vida. En 1994, se le otorgó la Medalla Nacional de las Artes, el máximo galardón oficial de Estados Unidos en el ámbito cultural.

La muerte de Celia Cruz, tres años después del fallecimiento del director de orquesta Tito Puente (1923-2000), uno de sus colaboradores más emblemáticos, puso fin a una era extraordinaria de estrellas de la música latina. Úrsula Hilaria Celia de la Caridad Cruz Alfonso falleció el 16 de julio de 2003, en Fort Lee, Nueva Jersey, a la edad de 77 años, rodeada de los suyos.

Celia Cruz, en la Cuba antes de Castro.
Celia Cruz, en la Cuba antes de Castro.

Única en su especie

La palabra alegre de la identidad afrocubana encontró una rival de cierta entidad en Guadalupe Yoli, más conocida como La Lupe (1936-1992), otra voz exiliada que brevemente la eclipsó en la escena salsera neoyorquina de la década de 1960, cuando ambas grabaron por separado con Tito Puente. La historia indica que hubo otros intentos, pero no funcionaron no solo por carecer del rango vocal exigido, sino por la capacidad de improvisación de Cruz. En la pulsión salsosa, que diría Leonardo Padura, autor de “Los rostros de la salsa” (1997), las cantantes son valoradas por su talento como letristas improvisadas durante los versos de llamada y respuesta de las canciones. En esa faceta, la habanera era un cañón de ingenio y ritmo que incendiaba a la audiencia ipso facto. Otro intento fue Gloria Estefan, que nunca se sintió a gusto en esa posición no solo por ser una cantante pop, sino porque no es una sonera. Asimismo, Celia Cruz demostró una natural capacidad de adaptación para interpretar otros repertorios y bailar nuevos ritmos. El conjunto de estos atributos tuvo un efecto multiplicador en su repertorio como intérprete mayúscula de la canción popular. De hecho, no existe una sucesora.

Una canción que la define es “Bemba colorá”, un famoso canto de llamada y respuesta donde aparece Juan Simón, un enterrador y, según el ambiente que hubiese, Doña Celia cerraba con el verso “no me olviden, ¿cómo me llamo?”. La respuesta popular era, allí donde fuese, “Celia Cruz”. Ese reclamo se cumplió fuera de los escenarios. Tiempo después quedó dicho sin falsa modestia. “Es que yo no voy a morir, porque mientras en una casa haya un disco mío, yo siempre seguiré allí”.

Celia Cruz con Tito Puente: gloriosa “Bemba colorá” (en el ‘Àngel Casas Show’ de TV3, 10/7/1984).
Los reconocimientos antes de su deceso centenario lo confirman. Dejó alrededor de setenta álbumes. Ganó tres premios Grammy y un cuarto a la trayectoria, que recibió de manera póstuma en 2016, más cinco Grammy Latinos. La carrera y la imagen que transmite Celia Cruz supone un reconocimiento de la diversidad y la representación cultural de los Estados Unidos.

Una diva sin ínfulas

Fuera del escenario, la denominada “Queen Of Salsa” mostraba un perfil bajo y un trato igualitario con los demás. Los años hicieron que clarificara su pensamiento político, pero, aun siendo ciudadana estadounidense, no utilizó su repertorio como arma arrojadiza contra el gobierno cubano. Para ella, el escenario era un ruedo de comunidad y concordia, no de discordia. La testosterona se la dejó a los hombres. Siempre tuvo cerca a sus tres cabecitas de algodón: el maestro Tito Puente, con quien compartió protagonismo en la película “Los reyes del mambo” (Arne Glimcher, 1992); su esposo Pedro Knight (1921-2007), antiguo trompetista de La Sonora Matancera que la guió en su carrera en solitario y siempre la acompañaba en el escenario, y Johnny Pacheco (1935-2021), catalizador del sello Fania.

La música afrocubana de marcadas raíces campesinas practica con éxito un sincretismo entre los ritmos propios y la herencia de los que llegaron del África occidental. Durante años, una formación musical acaparará los programas de radio y las presentaciones en todo tipo de lugares. El éxito de La Sonora Matancera propició que fuese una joven cantante, ya conocida en el ámbito radiofónico, la insignia del grupo. En los años cincuenta, Celia Cruz, alcanzó una enorme popularidad. Con la Matancera, entregó varias canciones que se han convertido en clásicos del género, como “El yerberito moderno” y “Burundanga”. En esa época ya era “La Guarachera de Cuba”.

En 1960, La Sonora Matancera voló de Cuba a México para lo que parecía una gira de conciertos rutinaria. Nunca regresó. El gobierno cubano nunca tramitó un permiso de vuelta, ni tan siquiera años después para honrar a sus padres fallecidos.

Mediados de la década de los 70s: Tito Puente y Celia. Foto: Richard E. Aaron (Getty Images)
Mediados de la década de los 70s: Tito Puente y Celia. Foto: Richard E. Aaron (Getty Images)

¡Azúcar! en salsa

El exilio no hizo que su cubanismo perdiera esencia. Al contrario, cada vez que en sus conciertos gritaba “¡Azúcar!”, evocaba su distinción afrocubana e hispanohablante. Sin embargo, poco pudo imaginar que la mejor etapa de su carrera aún estaba por llegar. A principios de la década de los setenta, Cruz ingresó en el incipiente Fania Records, sello que desencadenó el fenómeno tropical, en manos de Johnny Pacheco y Jerry Masucci. Antes había grabado para Seeco y Tico Records, donde se unió a Tito Puente y otras leyendas latinas del momento.

La intérprete registró un álbum con el líder de la banda, el flautista y compositor de origen dominicano Johnny Pacheco, titulado “Celia & Johnny” (Vaya-Fania, 1974), uno de los grandes éxitos de la carrera de ambos. El disco marca la llamada “época dorada de la salsa” según los expertos de la Biblioteca del Congreso, que en 2014 lo incluyen en el Registro Nacional de Grabaciones, por ser “cultural, histórica o estéticamente significativo”. La pieza “Quimbara” se convirtió en una canción emblemática. La devoción de Pacheco por el son cubano más clásico de la Matancera se había hecho verbo. Quien cantaba era la antigua vocalista de esa formación. Luego llegaría otro clásico, “La dicha mía”, del álbum “Celia, Johnny And Pete” (Vaya-Fania, 1980).

Más tarde, junto a Ray Barretto, ganó su primer Grammy con “Ritmo en el corazón” (Fania, 1988), uno de sus mejores discos. Luego, con el mánager Ralph Mercado, que proyectó muchas sombras en su gestión, produjeron “La vida es un carnaval” en 1998, que formó parte de la película “Amores perros” (Alejandro González Iñárritu, 2000).

La conocida divisa de Celia Cruz, “¡Azúcar!”, encajó como un guante entre músicos tan inquietos como Willie Colón, con quien grabó tres títulos: “Only They Could Have Made This Album” (Vaya-Fania, 1977), que demuestra que hay vida más allá de la Matancera; “Celia y Willie” (Vaya-Fania, 1981), lleno de buenos números como “Dos jueyes y la atrevida y bailable “Apaga la luz”, que convierte un simple estribillo en un himno festivo; el tercero fue “The Winners” (Vaya-Fania, 1987).

Constelación Fania All Stars, en 1980, con Celia Cruz en el centro. Foto: Oswaldo Silva
Constelación Fania All Stars, en 1980, con Celia Cruz en el centro. Foto: Oswaldo Silva

Actitud y compromiso

La ilustre intérprete se nacionalizó estadounidense en 1977, pero siempre consideró Cuba su hogar. Los exiliados cubanos adoptaron su “Canto a La Habana” como himno, tal vez por la mirada alegre, libre de nostalgia. Cuando la cuestionan por su franqueza respecto al gobierno cubano, solía responder: “¿Cómo no iba a decir nada teniendo la libertad de hacerlo?”.

En otro orden de cosas, tal vez uno de sus mayores logros fue que su musicalidad e influencia a menudo inspiraron comparaciones con otra legendaria, Ella Fitzgerald, comentario que suscribió Quincy Jones (1933-2024). Durante un tiempo existió el rumor de que Cruz y Jones trabajarían juntos. Nunca se concretaron las agendas, según la cantante.

Celia Cruz actuando en Ámsterdam, en 1987. Foto: Frans Schellekens
Celia Cruz actuando en Ámsterdam, en 1987. Foto: Frans Schellekens

Tras décadas de trabajo, de llevar felicidad a públicos muy variados cuya realidad social no siempre era lo mejor, hicieron que su legado formase parte de la cultura norteamericana, tanto institucional como pop. En 2024, la Casa de la Moneda acuñó una moneda especial de 25 centavos con el alegre rostro de Celia Cruz, que forma parte de la colección Mujeres Estadounidenses. Antes, en 2011, el Museo Nacional de Correos lanzó un sello. Igualmente, fue honrada como la primera latina en el Paseo de las Estrellas del teatro Apollo de Harlem y, en 2023, la compañía de juguetes Mattel ya la había homenajeado con una Barbie, la muñeca curvilínea, vestida con un vestido rojo de encaje y sandalias doradas, perteneciente a la serie Mujeres Inspiradoras de la compañía.

Actitud, fortaleza, compromiso y entusiasmo definieron a Doña Celia Cruz, una ciudadana del mundo que siempre mantuvo en privado sus problemas de salud, deseando preservar su imagen pública, exuberante y alegre delante de sus fans. “Toda mi vida he cantado música alegre... No me gusta cantar nada triste. Claro que tengo mis momentos tristes... Pero eso es para mí, para mi vida interior... No quiero que salga a la luz”, decía en el documental “Me llamo Celia Cruz” (Anthony Wall, 1988), de la BBC. ∎

El documental “Me llamo Celia Cruz” (Anthony Wall, 1988), de la BBC.
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