Manteniendo los sueños. Foto: Marina Tomàs
Manteniendo los sueños. Foto: Marina Tomàs

Entrevista

el diablo de shanghai: problemas más tochos, pero mejores canciones

Hay discos que nacen de la euforia y otros que se abren paso desde el rechazo. El nuevo trabajo de el diablo de shanghai pertenece a la segunda categoría. Un álbum que habla de crecer, de tener que ir a fichar cada día a la oficina, de dudar y de resistir, con un pie en el desencanto y el otro en una energía post-punk que convierte la angustia en algo sorprendentemente disfrutable. ¿Dónde quedan los sueños de juventud? Seguramente en los surcos de álbumes como “Testamento”. Tienen fechas grandes cerradas para el próximo otoño en Madrid (3 de octubre),  Barcelona (5 de noviembre) y Valencia (4 de diciembre).

“Los sueños juveniles se corrompen en boca de los adultos, dijo el capitán Blay caminando delante de mí con su intrépida zancada y su precaria apariencia de Hombre Invisible”. Así empieza “El embrujo de Shanghái” (1993), una de las novelas más celebradas del escritor barcelonés Juan Marsé. La había leído en su momento. Hace años. Ya no recordaba cómo empezaba. La recuperé a través de una columna maravillosa publicada por la periodista –compañera en esta revista– Laura Barrachina en ‘El Periódico de Catalunya’ a finales de noviembre del pasado 2025: “Los sueños juveniles se corrompen en boca de los adultos”.

“Eso de que nuestro nombre viene de la novela de Marsé nos lo inventamos en la primera entrevista que nos hicieron y ahí se ha quedado”, admite Víctor Vidal, bajista de el diablo de shanghai, rompiendo (sí, recurso fácil) el embrujo. “Pero la frase, que no conocíamos y es preciosa, es muy de el diablo de shanghai. Describe perfectamente la temática del nuevo disco”. El nuevo disco al que se refiere es su segundo largo y se titula “Testamento” (Candorro, 2026).

“Carrera de vainas”, vídeo grabado en Huesca en enero de 2026.

“Lo que he llegado a odiar este disco no está escrito”, confiesa el cantante, Juan Trias de Bes, ahondando el tenedor en la ración de ensaladilla rusa que se ha pedido en La Canana, el bar frente a la sala Heliogàbal en el que nos hemos citado una tarde en la que llueve en Barcelona como si estuviéramos en el sudeste asiático en época del monzón. Juanito, así lo llaman sus compañeros de grupo, dice que con “Testamento” ha experimentado justo lo contrario a lo que se siente cuando se publica un disco. Lo habitual, cree él, es que lo grabes, lo flipes y al cabo de un tiempo lo empieces a odiar. A él le está pasando completamente lo contrario. “Lo grabamos y sentí un rechazo instantáneo. En su perfil de Instagram, Marina Herlop habla mucho de sus procesos creativos y de los arcos emocionales que atraviesa mientras trabaja en un disco: al principio la idea te flipa, luego la odias, después la trabajas, más tarde aprendes a amarla y finalmente es tuya. Estoy viviendo justamente eso. Es ahora cuando estoy empezando a disfrutarlo”.

“Eso de que nuestro nombre viene de la novela de Marsé nos lo inventamos en la primera entrevista que nos hicieron y ahí se ha quedado. Pero la frase, que no conocíamos y es preciosa, es muy de el diablo de shanghai. Describe perfectamente la temática del nuevo disco”

Víctor Vidal

“Recuerdo que al principio Juanito y yo teníamos la idea de ir a grabar un disco de puta madre pero que sonara mal”. A Juanito ya lo conocéis. El “yo” de la frase anterior se refiere a Juan Poch, uno de los dos guitarristas de la formación. El otro es Albert Muñoz. “Pero la mierda es que hemos acabado haciendo un disco de puta madre que suena muy bien”, remata con ironía. Ellos, dicen, querían un álbum que fuera una tienda de segunda mano y no un Zara. La buena noticia para el diablo de shanghai es que su música nunca sonará en un garito de Amancio Ortega. Ha sido producido por Sergio Maschetzko –The Last Dinner Party y Black Country, New Road– y hace que el grupo resuene como los primos catalanes de la clientela del pub Windmill: indie rock de guitarras con poso post-punk. Recuerdan a Shame. Se asemejan a Fontaines D.C. En los momentos más abruptos puede que haya algo de IDLES. Hay algo extraño e indefinible que los lleva a Nueva Vulcano. Y cuando Juanito no canta, sino que recita sus letras al borde de lo arrogantemente intelectual –cómo nos gusta que sea así– y se acerca al abismo existencial con esa voz que es un llanto de auxilio, es imposible no pensar en Ian Curtis, el cantante de Joy Division.

“Testamento” no es un disco fácil. Tampoco es difícil. Es disfrutón, como disfrutona puede ser la ansiedad cuando la calmas brincando a golpe de rabia sobre decibelios y poesía. Es un lienzo pintado a brochazos del negro desaliento de la primera etapa de la vida adulta. “‘Testamento’ va de estar en la oficina pudriéndose y pensar… ‘what the fuck’?”. Eso es “Testamento para Juanito. “Mi pareja dice que es un disco triste con destellos de felicidad, y me parece una definición perfecta para describir nuestra música y, por extensión, a nosotros mismos. Somos un poco tristes, un poco nostálgicos, pero nos pasamos el día riendo. Somos esa dicotomía”. Si lo miras con perspectiva, la vida está de puta madre. Lo cantan ellos mismos en “Sistema unitario”.

Juan Poch, Juan Trias de Bes, Albert Muñoz, Iñaki García y Víctor Vidal. Foto: Marina Tomàs
Juan Poch, Juan Trias de Bes, Albert Muñoz, Iñaki García y Víctor Vidal. Foto: Marina Tomàs

El titular no me lo dieron a mí. Se lo regalaron –cabrones, ya os lo podríais haber guardado– a un digital madrileño cuando estuvieron por ahí de promo. “‘Testamento’ es ‘Spider-Man 2’”. Tiremos de topicazos y digamos que segundas partes nunca fueron buenas, salvo en el caso de Spider-Man y de “Testamento” de el diablo de shanghai, que es mucho mejor que su ya muy destacable álbum de debut, “113 pasos adelante en el Ensanche” (Candonrro, 2023). “Nos gusta la analogía, porque tiene mucho sentido”, indica Albert, el otro guitarra, que antes de serlo era el batería pero que dejó las baquetas por las seis cuerdas con la llegada al grupo de Iñaki García. “Nos juntamos en mi casa. Tomamos unas birras y sacamos una pizarra para apuntar cómo queríamos que fuera nuestro segundo disco”, recuerda Víctor. “No fue algo ultraformal y supercalculado para decidir el concepto del álbum. Fue mucho más natural. Pasamos mucho tiempo juntos y hablamos por los codos, pero detenernos a comentar cosas del grupo seriamente sin que haya bromas todo el rato es muy difícil”. Y lo consiguieron. Durante un rato hablaron de qué querían huir con su segundo largo, hacia dónde querían ir, qué querían explorar… y entonces surgió la comparativa con la película del hombre araña dirigida por Sam Raimi en 2004. “Alguno de nosotros dijo que el nuevo disco tenía que ser como la segunda de Spider-Man”, toma la palabra Juan. “Y ya entonces nos liamos a hablar de la película. Pero es que encajaba perfectamente con cómo nos sentíamos y qué queríamos expresar. Porque en ‘Spider-Man 2’, Spider-Man es el mismo pringado de siempre, pero con problemas más... tochos. No solo eso, sino que, además, se está enfrentando a la vida laboral por primera vez. El tipo tiene que currar porque ya es adulto, pero no puede renunciar a ser Spider-Man”. Dicen que ellos se sienten así, como Tobey Maguire, el mejor hombre araña que jamás ha habido. Si fueran Tom Holland seguro que sonarían en Zara. ∎

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