Es difícil entender cómo “Go Tell Fire To The Mountain” acabó en la pila de discos de bandas de guitarras relativamente convencionales en una época en la que el método comenzaba a dar síntomas de alarmante desgaste. “Fue un momento interesante cuando lo dejamos”, reconoce Ellery. “Siempre aspiramos a ser una gran banda. Y la cultura a nuestro alrededor, todas esas bandas que para mí son un poco basura... No quiero decir nombres para no ser irrespetuoso con el arte de otros, pero que nos metieran en el mismo saco era un poco degradante para nuestras ambiciones. Ahora creo que estamos libres de eso. Siento que lo que hacemos es algo muy específico. No creo que haya muchas bandas ahí fuera haciendo lo que hacemos nosotros. Y eso mola”.
Ellery Roberts y el grupo atraviesan un momento vital completamente diferente, prueba fehaciente es esta entrevista, casi impensable con los WU LYF de entonces. “Siento que soy la misma persona de siempre, solo que quizá soy mejor conversador. Creo que usar mucha jerga intelectual es más una estrategia de defensa; ahora me siento más cómodo siendo yo mismo. Era joven y es raro que te pongan en una plataforma pública con 19 o 20 años. Te hacen preguntas y realmente no tienes una opinión sobre esas cosas”.
Este instante vital se resume, para Ellery, en “la alegría de tocar juntos, algo muy necesario, muy sanador. Nos ha dado mucho. Hemos recuperado las amistades que se habían roto. Creo que todos estábamos al principio de nuestros 30 sintiéndonos aislados. Y esa comunidad, esa conexión que teníamos al crecer, era solo un recuerdo lejano. Nos peleamos muy seriamente en su día y esas relaciones tardaron mucho en sanar. En 2020, cuando reeditamos el disco e hicimos el libro ‘LYF011 - Archives 1998-2012’, fue una experiencia de unión y sanación. Así que era algo que todos queríamos hacer. Yo estaba en un punto con Ebony y LUH que no iba a ninguna parte. Un amigo tenía una librería con algunos instrumentos y dijo: ‘¿Quieres empezar a hacer jams semanales?’. Invité a Joe y a Evans, poco a poco empezamos a componer canciones de nuevo y a disfrutar tocando. Simplemente surgió”. Ebony es Ebony Hoorn, artista audiovisual neerlandesa a la que Ellery conoció en una casa okupa de Mánchester. Y, como entre acrónimos anda el juego, LUH responde a Lost Under Heaven. En 2016 la pareja sacó “Spiritual Songs For Lovers To Sing”, un disco con gran parte de la pasión y el misterio de WU LYF, con cuerdas sintéticas y grandes baterías. Pop gótico grandilocuente.
Con una presencia online particular, rudimentarias webs en Flash, contraseñas ocultas o múltiples cuentas en Tumblr o MySpace en las que anunciaban cintas por 50 libras, WU LYF no estaba interesado en los mecanismos de la industria musical. Una de las pocas fotos del momento muestra al grupo delante de una nube púrpura de humo, con el rostro cubierto por pañuelos blancos, como si fueran una célula terrorista o agitadores a lo “If…” (1968), la película de Lindsay Anderson protagonizada por Malcolm McDowell. Una extraña actitud que no procedía tanto de un deseo de misterio, sino de un rechazo a la cultura del narcisismo. Una pose que para algunos levantó suspicacias. Su mánager, Warren Bramley, había trabajado para adidas, Reebok o Virgin, aunque también lo hizo con Tony Wilson en los tiempos de Factory. “Hablar de estrategias de marketing no me interesa mucho”, reconoce. “Lo veo todo como ‘storytelling’, la vida es un juego y hay que hacerlo lo más interesante posible. No sé qué es una estrategia de marketing convencional, aparte de tirar el dinero. Hacemos lo máximo posible con lo mínimo”.
Aunque se nota un cambio de actitud, lo que sí ha hecho WU LYF es sacar su música de Spotify. “Es solo una cuestión de cuánto valoras la música. Creo que lo que hacemos y el arte que aportamos vale más que ponerlo en ‘Slopify’, en la máquina tragaperras. Siento que todas estas plataformas corporativas capitalistas son destructoras del alma: Instagram, Spotify, YouTube... todos estos sistemas en los que participamos. Siento que nuestra música puede existir fuera de ese contexto. El medio es el mensaje, como dijo Marshall McLuhan. Tenemos ese Instagram de archivo que lleva Joe, pero no es una página oficial. Yo tengo un Instagram que uso como tarjeta de visita. Si conozco a alguien interesado y quiero intercambiar contactos, lo comparto, pero no participo en él. No estoy en un momento de mi vida donde me interese compartir demasiado”, explica Ellery.
La elocuente “A New Life Is Coming” fue su primera canción en casi tres lustros. WU LYF no están de vuelta para tirar del gancho del culto y el misterio. Están aquí con un disco en camino para este año, “A Wave That Will Never Break”, del que ya han presentado “Love Your Fate” o “Tib Street Tabernacle”. “Simplemente amo hacer música”, confiesa Ellery. “Escribiría una canción cada día si pudiera. Y nos encanta improvisar como banda. No tocamos nada de la música antigua durante unos dos años después de formarnos de nuevo. Fue el año pasado cuando tuvimos que aprender las canciones viejas para tocar en directo. Nos ha llevado un año cogerles el truco. Creo que las tocamos mejor que nunca. Pero para que las cosas se sientan vivas y reales en los conciertos, quiero que haya un nivel de improvisación emergente entre la banda que mantenga las cosas interesantes. Si fabricas un espectáculo y lo repites cada noche, se vuelve aburrido muy rápido”. ∎