Su estilo está marcado por el compromiso contemporáneo de su género y generación. Por un lado, el feminismo: “Me gusta cantarle a mujeres, obvio, esa es mi raza. Me importa generar esa cercanía y tener un público orgánico, y si son mujeres creo que voy por buen camino”. Por otro, la lucha por los derechos de su pueblo: “Wallmapu es un mundo desconocido para el resto del mundo. El pueblo mapuche aún preserva su identidad, a pesar de que a lo largo de su historia Chile y Argentina buscaron borrarnos a través de sus políticas. La lucha es por la tierra, intervenida por las forestales y capitales extranjeros; por el agua, robada por empresas, centrales de pasos, hidroeléctricas; por la cultura asimilada por la Iglesia; por la lengua... En fin, la lucha es por todo”.
Su joven pero pujante carrera arranca en 2019 bajo la marca de su rap contestatario. No publica algo propio hasta el disco colectivo “Ayekafe” (2021), que fue impulsado por el Centro de Estudios Interculturales e Indígenas. De ahí que ella se sienta a gusto tanto en el escenario como en los ámbitos académicos e institucionales: “Me manejo bien en ambos mundos. Me gustan la investigación y la política; tengo una conciencia social muy fuerte y me paro frente a cualquier político con mis ideas y objetivos claros. Lo mismo en la música, me gusta mucho cantar y pegarme el show. El micrófono te da poder y como todo poder debe ser bien utilizado”.
En ello se enfoca en estos días con su primer disco largo, “ÑAÑA”, que acaba de publicar el sello madrileño Everlasting. Y este no es un dato menor: Isleña Antumalen es la primera artista mapuche que ficha por un sello internacional, que además tiene sede en España. Conviene estar atentos a su poderoso (neo)perreo, a su voz encabalgada en potentes himnos en sus idiomas: español y mapudungún: “Es una lengua que siempre deberé estudiar, ya que no soy hablante nativa. Mis abuelos nunca me lo enseñaron porque crecieron pensando que eso era malo y que debíamos ‘awinkarnos’, es decir, olvidar nuestra raíz y asemejarnos al chileno como método de defensa porque fueron muy discriminados por ser indios”.
De aquí emana una fuerte pulsión anticolonial.“La música en 2024 sigue colonizada. Todo lo está. El mundo está colonizado. La música refleja a las generaciones. A mi generación creo que le falta potencia; se están poniendo muy básicos, por eso una Antumalen pegada no le haría nada mal al mundo”.
“Estos dos últimos años he viajado mucho”, añade. “De seguro saldrá un dembow de la ONU luego de que lleve varias cumbres climáticas en el cuerpo. Las canciones que hago deben tener buen ritmo: se deben bailar, gozar. Quiero generar goce máximo, que se olviden de sus problemas y solo sean cuerpos, deseo, sudor y locura”.
Antumalen es, por cierto, antropóloga, y eso está en el fondo de su cultura y en su canto. “Leo sobre todo de política, historia de pueblos originarios, gobernanza. Nada metafísica, solo datos duros; para el mundo político el conocimiento es poder. De vez en cuando leo poesía, pero muy poco. Eso sí, escribo mucha poesía, algún día saldrá a la luz”, afirma.
Respecto a lo dicho al principio de este artículo, ¿existe o puede existir una escena musical internacional indígena? Islena Antumalen lo tiene claro: “Existe y es muy potente. Conozco varios artistas, indígenas sobre todo, luego de ir a tocar a Canadá al festival más grande de música indígena. Yo era la única artista que hacía dembow. Por eso creo en mi proyecto. Encuentro que es potente, pero falta un artista que logre romper todas las barreras sin olvidar sus raíces. Ojalá sea yo”. ∎