El torbellino de una vida. Foto: Alfredo Arias
El torbellino de una vida. Foto: Alfredo Arias

Entrevista

Javier Corcobado: toda una vida

Hace cuarenta años de Mar Otra Vez. Han pasado cuarenta años de Javier Corcobado repensando a Corcobado, quedando consigo mismo para reaprender a hacer canciones, burlar a la muerte, vivir lejos de todo y disfrutar del aislamiento para enamorar a México, como también hicieron algunos de sus maestros. Cuarenta años para transformar la historia de su vida en una novela de aventuras, para concretar y agrandar el concepto de lo “corcobadiano”. Y regresó transformado en el Corcobado más pop que puede ser Corcobado... Y, poco después, también en el más experimental.

La pandemia silenció muchos trabajos artísticos que tal vez habría que rescatar algún día como los restos sensibles de un naufragio. Para Javier Corcobado fue “Somos demasiados” (Intromúsica, 2019): disco y gira quedaron en dique seco. Más tarde llegó su primera gran recapitulación en forma de libro; “La música prohibida” (Liburuak, 2023), ochocientas y pico páginas de un híbrido entre biografía y novela en el que la emoción desbocada y el esperpento sanador se cruzan con un ajuste de cuentas que ha escocido pero que seguramente no ha pillado desprevenido a ninguno de sus personajes.

Entremedias, saca adelante su proyecto titánico de “Canción de amor de un día. CADUD” (Liburuak, 2026), y consigue llevarla al directo entre el calor de los más cercanos. Y también, entre 2024 y 2025, monta “Solitud y soledad” (Intromúsica, 2025), un accesible disco nuevo acompañado por la reinterpretada antología definitiva del nuevo Corcobado, del renacer encarnando a un artista pop dispuesto a dejarse querer por los de siempre pero, sobre todo, buscando el amor de los recién llegados y de todas aquellas personas que lo hubieran mirado en algún momento con el rabillo del ojo.

“Solitud y soledad” es un doble bicéfalo. El primero es la colección de canciones más accesibles que ha publicado Corcobado hasta la fecha, mientras que en el segundo reinterpreta algunos de sus singles más conocidos con su pareja Aintzane con G de Gloria, Jorge Martí de La Habitación Roja, Marc Gili de Dorian, Nacho Vegas, Alaska y Andrés Calamaro. “La excusa para hacer esto va a ser el tiempo que no existe, pero ¿cuándo salió el primer disco de Mar Otra Vez?”, se pregunta, durante su encuentro con Rockdelux en Madrid. “En 1985. Cuarenta años. Me coincide con la necesidad de hacer canciones y grabar un disco. Hice una de veinticuatro horas, pero necesitaba hacer un disco más pop, llegar a más público a estas alturas. Cuarenta años de carrera discográfica son buen motivo para celebrar. Empecé a componer y fueron surgiendo asuntos como el de los colaboradores, que lo propuso Máximo Lario de Intromúsica. Duetos, que nunca había hecho. Pero esta vez lo hago desde el amor, desde el intento de amar a la humanidad. Estoy intentando hacerlo: aprender a amar al ser humano. Uno por uno, os amo a todos. Puedo dialogar contigo pero no puedo dialogar con una masa, no la puedo llevar a ningún sitio. En un concierto los puedo no dominar, pero sí hacerlos felices, que ya es bastante”.

“Cuarenta años de carrera discográfica son buen motivo para celebrar. Empecé a componer y fueron surgiendo asuntos como el de los colaboradores, que lo propuso Máximo Lario de Intromúsica. Duetos, que nunca había hecho. Pero esta vez lo hago desde el amor, desde el intento de amar a la humanidad”

Publicas primero el libro “La música prohibida” y después este disco. Da la sensación de que necesitabas vaciarte y hacer un cierto balance.

Así ha sido. La escritura de “La música prohibida” fue una catarsis. Quería escribir una novela de aventuras, autobiográfica en un noventa por ciento, porque hay cosas que son ficción, y se entremezclan con una historia policíaca. Fue pasar página a un montón de cosas que solo podía dejar ahí y decir: esto me lo voy a quitar de mi vida porque son dolores y densidades que impiden vivir con más fluidez y con una vibración más alta. Y es divertido leerlo, porque es tan tremendista que cuando echo un vistazo me descojono de las cosas que me han pasado. Y estoy ya límpido de eso, porque después de escribirlo dejé el alcohol. Llevo tres años sin beber. Las drogas fuertes las dejé en el dos mil, pero el alcohol seguía ahí. Ahora voy explorando nuevas euforias, como dice la canción de “En la sombra de una copa”. Y era el momento de hacer el disco pop de éxito de Javier Corcobado. Es accesible, comercial, y tiene buenas canciones. Admiro muchas canciones comerciales. No soy de esos que está escuchando todo el día a Laibach, a John Cage o Stockhausen. Oigo música de muy abierto abanico. Y como decía uno en Instagram: no te puedes morir sin haber escuchado a Javier Corcobado en tu puta vida.

Comentar el contenido de “Soledad”, en el que incluyes nuevas versiones de canciones emblemáticas tuyas y cuentas con varias colaboraciones puede ser una buena manera de repasar tu trayectoria. Empezamos con “Desde tu herida”, que estaba en “Agrio beso” (GASA, 1989).

Es donde ya puedo realizar mi sueño de niño de cantante-solista con el apellido de mi madre, que es como me llamaban en el colegio: Corcobado. Desaprendí todo lo que estudié de música de niño cuando tocaba el laúd en una rondalla. Empecé a componer canciones más estándar, muy variadas, con todo lo que quería contar. Fue un disco en el que me impusieron a un productor, Gonzalo Lasheras, que fue arreglista, productor, e hizo un enorme trabajo, pero yo era una persona muy difícil de tratar, muy insoportable. Me intoxicaba hasta el límite y no era fácil grabarme un disco. Le proponía las canciones cantadas, tarareadas solo con la voz y con algún ritmo de batería. Fue complejo de grabar, hay canciones que ni yo mismo entiendo y que son fruto del alcohol. Y hay mucho de eso en “Agrio beso”.

Lejos del abismo. Foto: Alfredo Arias
Lejos del abismo. Foto: Alfredo Arias
“La libertad (es la cárcel más grande de todas las cárceles)” la cantas con Jorge Martí de La Habitación Roja. Pertenecía originalmente a “Tormenta de tormento” (Triquinoise, 1992), el primer disco con Los Chatarreros de Sangre y Cielo.

Eso es un gran paso adelante en mi carrera en solitario aunque venga con Los Chatarreros de Sangre y Cielo, porque ahí es donde encuentro a mis músicos ideales: una especie de hermandad. Y a Ollie Halsall, productor ideal para ese disco. Cree en mí, flipa conmigo y hacemos piña. Es mi época de hacer canciones más coherentes. Recupero tocar la guitarra y volver a tocar los acordes para componer canciones, que no los quería ni ver. Así hago un disco conceptual muy hermoso, pero el más oscuro, y de los más emocionantes. Y uno de mis discos más exitosos a lo largo de los años, aunque “La libertad” fue prohibida en la cadena SER. Es uno de los discos de los que me siento más orgulloso.

De “Ritmo de sangre” (Triquinoise, 1993) reinterpretas “Cruz de respiración” con Marc Gili, de Dorian.

Es una canción muy bella en la que se unen dos canciones con una energía muy poderosa y ternura. Aquí ya empezaba mi idea de la longitud temporal de las canciones. Esos homenajes a “Sister Ray” de The Velvet Underground de 17 minutos. Estaba obsesionado con los riffs repetitivos. Ahí empezó mi rollo de hacer canciones de 24 horas. Y en “Cruz de respiración” está, además, invitado a cantar Marc, y creo que lo hace soberbiamente bien. Era un reto para él porque no era de su estilo musical, y el resultado es bueno.

“‘Cruz de respiración’ es una canción muy bella en la que se unen dos canciones con una energía muy poderosa y ternura. Aquí ya empezaba mi idea de la longitud temporal de las canciones. Esos homenajes a ‘Sister Ray’ de The Velvet Underground de 17 minutos. Estaba obsesionado con los riffs repetitivos”

El último disco con Los Chatarreros de Sangre y Cielo fue “Arcoiris de lágrimas” (GASA, 1995). Aquí revisas “Carta al cielo”.

Es un homenaje póstumo a Ollie Halsall. Tenía una melodía y con Susana Cáncer la monté y le metí una letra. Fue una grabación muy intensa con José María Rosillo. Tenía una adicción muy fuerte a los opiáceos, y había que convivir con eso y con un trabajo durísimo porque, aunque tuviera esa adicción, no paraba de trabajar. Fue muy ambicioso, con unos arreglos de cuerda maravillosos, y el disco que acabó con Los Chatarreros de Sangre y Cielo por las drogas. Entonces, lo siguiente que vino fue dejarlo una temporada y hacer lo de Manta Ray.

Efectivamente, grabaste “Diminuto cielo” (Astro, 1997) con Manta Ray. Y ahora reinterpretas “Cine de verano” con Nacho Vegas, que todavía formaba parte del grupo gijonés cuando se grabó aquel álbum.

Es la proposición de Manta Ray de producirles una canción, conocernos y encajar tan bien que su mánager, Roberto Nicieza, propone que hiciéramos un LP. Me gustaban tanto en directo que estuve encantado. Nos metimos en una casona con un generador, porque no había electricidad, en Nava. Allí compusimos y nos hicimos amigos. Nacho Vegas y yo teníamos mucho que ver. Él era un guitarrista excelente y original. Entonces, para este “Cine de verano”, ya siendo él un solista famoso como ahora es, era quien tenía que cantar.

Canciones como heridas. Foto: Alfredo Arias
Canciones como heridas. Foto: Alfredo Arias
“Corcobator” (Recordings From The Other Side, 1999) fue tu regreso en solitario. Has elegido “Dame un beso de cianuro” para cantarla con Alaska.

Es el disco favorito de Olvido. Es mi disco travesti. Fangoria hicieron una versión de “Coches de choque” que me encanta. Y teníamos un pacto ella y yo desde el año 1995, cuando nos hicieron unas fotos para un periódico y dijimos que teníamos que hacer un dueto algún día. Llamé a Mario Vaquerizo. Hacía muchísimo que no hablábamos… veintitantos años. Le dije: “‘Dame un beso de cianuro’ te va a ir muy bien”. No le di ni una sola pauta. Fue al estudio y cantó. Rosillo me manda la grabación y digo: “Es de diez, la ha entendido”.

Vamos con “Fotografiando al corazón” (GASA, 2003), de la que recuperas “Secuestraré al amor”.

Es el primer disco que grabo en México, producido por un gran artista y productor, Gerry Rosado. Es mi disco más americano, con los músicos de allá, que tocan de otra manera, dándole el toque de América, con esas guitarras y con el toque europeo mío. Fue un trabajo muy duro pero muy bonito. “Secuestraré al amor” es una canción que tiene un éxito increíble en México cuando la canto. Y mi mujer, antes de conocerme, que me oía, ya la cantaba. Cuando nos hemos conocido, finalmente le he dicho: “Si antes cantabas sola, ahora vas a hacer esos coros de verdad en la canción”.

“Esta versión de ‘El mar es mi corazón’ es mucho más intensa, porque entra una guitarra-tormenta y un muro de sonido ‘corcobadiano’, de estos que suben con las voces femeninas. Es de las que más me gusta cantar, me pone la carne de gallina porque decir eso de que ‘amar duele y no amar mata’... cuando digo eso, uf…”

Tu siguiente álbum, también firmado solo a tu nombre, fue “Editor de sueños” (Astro, 2006). ¿Por qué elegiste “Susurro” para cantarla con Andrés Calamaro?

Fue un disco grabado en Almería en un cortijo por Fino Oyonarte, bajista de Los Enemigos, gran amigo al cual admiro. Compuesto en un aljibe antiguo al cual iba todos los días con mi bicicleta, mi guitarra, un cuaderno y mi perro, Pelu. Ahí nos metíamos tres metros bajo tierra, no pasaba nadie. Y ahí compuse ese disco y “A nadie” (PIAS, 2009). Cuando terminé de componer “Susurro” se la enseñé a mi batería, Jesús Alonso, me senté en el salón y le dije: “Te voy a tocar una canción”, y no pude terminar de tocarla porque me puse a llorar de lo bonita que era. Me dijo: “Has hecho la canción más bonita del mundo”. Este disco pasó desapercibido porque yo estaba muy aislado. Es ideal para Calamaro porque hicimos mucha música juntos cuando éramos vecinos en el barrio de Malasaña. Él venía a mi casa, hablábamos de cine, de música, es un tipo cultísimo. Descubrí que fuera del personaje público hay un tipo con un hambre de exploración musical que muy poca gente conoce, además de un multinstrumentista virtuoso. Luego, desconecté y perdí el contacto con él muchos años hasta “Canción de amor de un día”, que lo invité a que hiciera una pieza. Y para este disco elegí la canción que creí más adecuada cuando lo vi cantar de telonero de Bob Dylan unos tangos con una voz grave muy bonita. Eso es lo que vi en “Susurro”.

Vamos con “A nadie”, de la que has elegido la canción titular.

Ahí ya dije: “Soy compositor de buenas canciones. He aprendido mucho de Manuel Alejandro, y de interpretación he aprendido mucho de Camilo Sesto y de Raphael, y lo que he aprendido lo estoy aplicando y llevando a mi territorio”. Y “A nadie” es uno de los discos de los que estoy más orgulloso. Grabado en México también con Gerry Rosado, a lo largo de dos o tres meses, haciendo conciertos para financiarlo. En una situación muy fuerte de mi vida, de separación de la que era mi pareja en mitad del disco, de quedarme sin nada en la vida y volver de México y no poder regresar a mi casa de Almería. Aquí se editó por PIAS y en México con Discos Intolerancia. Monté una superbanda con Fino Oyonarte al bajo, Alicia Alemán, Susana Cáncer al piano, Jesús Alonso a la batería, Justo Bagüeste al saxo. Giramos, vino la crisis de 2008 con la que no se pudieron hacer tantos conciertos como quisimos. Ahí empecé con “Canción de amor de un día”, y con eso me tiré seis años.

Terminas con el disco “Los estertores de la democracia” (No-CD Rekords, 2014) y “El mar es mi corazón”, junto a Aintzane con G de Gloria.

Es una de las que aparece solo en la “Canción de amor de un día”, y es un dueto con Aintzane, con la sutilidad de voz que tiene. Porque me enamoré de Aintzane, de toda ella, pero su voz cantada es dulcísima y esta versión de “Soledad” es mucho más intensa, porque entra una guitarra-tormenta y un muro de sonido “corcobadiano”, de estos que suben con las voces femeninas. Es de las que más me gusta cantar, me pone la carne de gallina porque decir eso de que “amar duele y no amar mata”... cuando digo eso, uf… ∎

Un viaje de 24 horas: como la vida misma

El año Corcobado se completa con la publicación de su obra magna, “Canción de amor de un día. CADUD”, un recorrido musical y sonoro recogido en libro más USB con esas 24 horas de música y compuesto por 100 piezas en las que participan, entre otros, Andrés Calamaro, Suso Saiz, Atom Rhumba, Esplendor Geométrico, Aviador Dro, La Fura dels Baus, Amaral, Nacho Vegas, Vetusta Morla o Bruno Galindo. “Es un medicamento que te hará viajar por más países de los que hay en el mundo”, afirma Javier. “Son 100 piezas compuestas para formar parte de una cadena cuyos eslabones no son regulares. Y aunque hay antecedentes de piezas tan largas en las interpretaciones que hizo John Cage de Erik Satie, no he oído nunca nada como esto. Crearlo me llevó siete años, por eso he estado tan fuera tanto tiempo. El concepto me viene de la infancia, de creer que la música es eterna, que no tiene fin, no como Dios, que no es eterno. Y así puse un título puro como el que tiene, sin literatura, sin tratar de hacer un ‘Ulises’, sino recorriendo un día entero de la vida de un hombre normal. Son 24 capítulos en los que voy narrando justo lo que voy haciendo en presente continuo, excepto algunos momentos, como cuando llega la hora de la comida, en la que me acuerdo de México, y se evoca”.

En el desarrollo de la pieza, se atraviesa y refleja cada momento de la jornada, “y la noche es insomne, por lo que hay una mezcla de sueños y recuerdos. Hay un capítulo específico sobre el sueño que son silencios que se van superponiendo a otros hasta que causan un estruendo”. Es un trabajo nada convencional que puede ofrecer facetas distintas o sorprendentes de los músicos que participan en él: “El libro recoge todo esto, y al final vienen los créditos de las piezas y las letras que escribieron los artistas, porque algunos cantan y otros hacen piezas instrumentales. Por ejemplo, Nacho Vegas no cantó, le tocó una pieza instrumental preciosa, y de las más cortas, aparte de la de Ajo. Bunbury sí cantó y Calamaro también, pero no Amaral. A ellos les tocó una pieza muy difícil para la que les di la pauta literaria, que eran 20 minutos de canción que terminó siendo algo precioso. Por eso se te quitan todos los prejuicios con estos grupos, hasta con Vetusta Morla, que parecen Throbbing Gristle”. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados