Orgullo manchego. Foto: Alfredo Arias
Orgullo manchego. Foto: Alfredo Arias

Entrevista

Lapili, muchos palos hacen la cabaña

Mientras en Ghana empezaba a ser una figura de éxito, en España la cultura televisiva le jugaba una mala pasada. Corría el año 2017 cuando Lapili aparecía por primera vez, en una escena cuyos conocimientos sobre lo suburbano eran mucho más limitados que ahora. Seis años más tarde, y bajo el nuevo paradigma donde se ensalza aquello, ha publicado “Piligrossa”, su primer álbum en solitario.

En torno a Lapili conversan un sinfín de universos diferentes: el folclore manchego, el dancehall, el dembow, la música de Ghana, el cabaret o los cuentos de hadas, entre otros. Gran parte de ellos son los que han provocado que, durante gran parte de su vida, la artista se sintiera incomprendida dentro de su círculo. Los ritmos africanos y jamaicanos que la cautivaron en su época de juventud han empezado a ser canónicos hace menos de un lustro. En aquella época, más en un entorno rural y periférico, Lapili aprendió a bailar y a cantar sin una escena sobre la que apoyarse.

Descubrió en Ghana un entorno seguro y conoció a un par de productores que impulsaron su carrera dentro de aquel país. Así, mientras que en el continente africano comenzaba a gestarse el estrellato, en España su proyecto artístico era mal entendido tras su aparición en el programa televisivo ‘Factor X’: el de “Cómeme el dónut” fue el vídeo más visto aquí durante el año 2017 en YouTube, pero los comentarios eran fundamentalmente de detractores.

Lapili & Jirafa Rey: “Cómeme el dónut” (2017), vídeo realizado por Mfx Films.

Desde 2018 hace música en solitario, pero no fue hasta comienzos de este año cuando publicó su primer LP. “Piligrossa” (Autoeditado, 2023) es un álbum conceptual, donde las canciones vienen intercaladas por pequeñas narraciones de la artista en las que se cuenta una historia de fantasía, hadas y brujas. De este modo, Lapili aúna en cuarenta minutos algunas de las principales referencias que la han acompañado durante toda su vida: un álbum que versa sobre una Maripili pequeña que va descubriendo el mundo, encontrándose a sí misma y, en definitiva, un regalo con vistas al pasado.

Este es tu primer disco firmado como Lapili, pero llevas en la música muchísimo tiempo. ¿Por qué has decidido publicar ahora un trabajo propio?

Justo en mayo se han cumplido cinco años desde que hice mi primera canción, que fue “Muslona”. A partir de ahí sí que he hecho una mixtape (se refiere a “Peligro de extinción”, autoeditada en 2020), pero nunca había sacado un álbum. Creo que tuve mucha presión por parte externa, por el formato de sacar singles que hay ahora desde ese punto comercial. Cada vez que he intentado montar un proyecto más grande, recibía negativas por parte del equipo que tenía: “Eso no va a funcionar”, me decían. Llegó un punto en el que conecté conmigo misma y llegué a la raíz de por qué quería hacer música. A partir de ahí es cuando me pongo a formar todo esto, pero hay canciones que están en el álbum que están hechas desde hace tres años.

Son veintitrés cortes, pero realmente doce son canciones y once son interludios que narran una historia. ¿Barajas hacer un disco conceptual desde hace tiempo?

No lo venía barajando para nada. Sí que tenía la idea de hacer el álbum, tenía muy claro las canciones que iban a estar, pero no fue hasta terminarlas cuando me di cuenta de que había un relato entre todas ellas. Yo siempre he estado muy conectada con los cuentos: mi madre es maestra de educación infantil y de pequeña el momento que más me gustaba era en el que los mayores me contaban cuentos. Siempre me ha fascinado la fantasía en general, los cuentos de hadas… Bebiéndome unas cervezas con mi compañera de piso, que es mi coreógrafa y de mis mejores amigas, pensábamos darle una vuelta al álbum y se nos ocurrió todo esto. Tardé mucho tiempo en formar los interludios y que no fuese demasiado extensa la historia, pero que tuviese la capacidad de contar lo que quería.

“Recuerdo el momento en que escuché la primera canción de dancehall: por una parte, sentí una apertura muy grande de la mente y del cuerpo, y por otra, pensé: ‘Uau, me siento superconectada a esto, pertenezco a esto, me siento entendida’

El álbum se llama “Piligrossa” y habla de una chica que se llama así. ¿Eres tú o es un alter ego que has creado para el álbum?

Es una parte de mí, la parte más poderosa. Reúne una búsqueda en la que soy una niña y tengo un sueño muy grande, y hay una voz interna que te habla de que tienes que ir a por algo, y al mismo tiempo un entorno que te intenta alejar de eso y ponerte abajo. Es la búsqueda de esa luz interior.

También hay un personaje que se llama Taruga. ¿Por qué lo llamas así y qué representa?

Es la niña en sí, la que empieza el camino, que sería un poco la Maripili bebé, por así decirlo. Taruga era un nombre que le decía el padre de mi abuela a mi abuela, que se llamaba Pilar y siempre ha sido gorda como yo. Cuando yo estaba triste porque venía llorando del colegio, porque las profesoras o los compañeros me habían hecho algún comentario, me decía “Taruguita”. Como no quería llamar Maripili a la persona, se me ocurrió Taruga en homenaje a eso.

Dentro de tu universo creativo hay mucho folclore, tanto de tu tierra como global.

Yo me inspiro en muchas cosas. Yo soy una mujer manchega que se crió en La Mancha, entre la casa de mi abuela Teresa Aurelia y la casa de mi abuela Pilar, que además pertenecen a dos entornos muy diferentes. Obviamente todo eso me inspira un montón, porque he crecido en todo eso, pero al mismo tiempo he crecido escuchando muchísima música jamaicana y africana. También con los cuentos de hadas, y este proyecto justo reúne todas esas partes que son muy yo, todas al mismo tiempo.

Siempre a su manera. Foto: Alfredo Arias
Siempre a su manera. Foto: Alfredo Arias

¿Y cómo sientes que conectan todos esos elementos?

Por ejemplo, ahora mismo que llevo este pañuelo, las últimas veces que he ido a Ghana casi todos los raperos llevan este pañuelo. Ahora es algo súper de moda. Este pañuelo también lo pueden llevar muchísimo las mujeres musulmanas. Incluso en invierno, cuando llevo todo el pelo tapado, muchas veces me han confundido con una seguidora del Islam. Pero al mismo tiempo para mí es un símbolo que me recuerda a mi abuela Teresa barriendo el patio de su casa. El pañuelo que llevo hoy es el pañuelo original del traje regional de manchega. Me parece fascinante como se puede juntar todo culturalmente y que, de una forma estética, coincida de muchas y diferentes maneras.

¿Crees que tu interés por el folclore de otras culturas proviene de que te has criado en un entorno muy castigado? Quiero decir, Castilla-La Mancha es la gran olvidada de España…

No creo que tenga que ver con eso. Siento que hay una conexión muy genuina conmigo y toda esta música. Recuerdo el momento en que escuché la primera canción de dancehall: por una parte, sentí una apertura muy grande de la mente y del cuerpo, y por otra, pensé: “Uau, me siento superconectada a esto, pertenezco a esto, me siento entendida”.

Además, siento que esto que decimos de que La Mancha es la gran olvidada es porque ella misma se deja olvidar. Hay muchísimo talento y mucho arte, pero la propia Mancha no le da ese valor: se busca invisibilizar y tapar lo que sucede. Desde muy pequeña ha sido muy poca la gente que de verdad ha querido ayudarme a que me forme. La mayoría de la gente ha dicho: “No, eso no te va a servir para nada. Vas a dormir bajo un puente. Eres puta por vestirte así”. Lo que he vivido, en general, ha sido más crítica y chismorreo.

¿Sientes que ha cambiado algo? ¿Las niñas más pequeñas ahora se sienten más liberadas o comprendidas que tú a su edad?

Sí. Siento que en general hay un cambio. Pienso que ese cambio debería haber sido más grande por la cantidad de tiempo que ha pasado. Yo ya no me doy cuenta de cuando están hablando mal de mí o están chismorreando, porque ha sido tan doloroso toda mi vida que al final desarrollas algo que te hace ignorarlo. Pero, sí, vaya, yendo así vestida por el centro de Ciudad Real como voy ahora mismo, sería un escándalo.

“He trabajado mucho como estilista, tengo muchos conocimientos de moda y solo me llaman para la revista de moda o para el 8-M cuando tienen que hacer el reportaje inclusivo y les falta una gorda. Eso es una mierda, la verdad, porque además vuelve a demostrar que no es real la inclusividad”

¿De dónde surge tu interés por Ghana y toda la música africana cuando la empiezas a descubrir? ¿Por qué decides grabar allí una parte?

La primera mitad que hice está producida entera por GuiltyBeatz, que es de Ghana y ha trabajado con Beyoncé o en la banda sonora de “El rey león” (Jon Favreau, 2019). Tengo un tío que es muy joven, 43 años. Cuando yo era pequeña él estaba muy metido en la cultura hip hop, era skater. Él siempre me ha regalado música: me regaló un CD, me regaló mi primer walkman... No recuerdo qué tema, pero recuerdo que en la época en la que los raperos americanos empezaron a hacer colaboraciones con artistas de reggae jamaicanos, escuché algunas de esas colaboraciones y me impactó. A través de eso, mi tío me puso en una cinta el álbum de Sean Paul, “Dutty Rock” (2002), y para mí fue un antes y un después. Empecé a investigar esa música y él me descargaba vídeos porque me gustaba bailar como las bailarinas y los bailarines de ahí. Ya de manera autodidacta, seguí investigando.

Cuando vivía en Granada, comencé a bailar un estilo que se llama azonto, que era muy famoso en Ghana durante 2010. Como hay tanta migración en Londres, se hizo famoso allí. Cuando me mudé a Madrid fui a mi primera fiesta afro, y justo se habían traído a unos raperos de Ghana. Empecé a bailar y un chico que me vio desde el escenario me llamó por el micro y fui. Nos hicimos muy amigos y él ese día me estuvo diciendo todo el rato como “buah, tú vas a hacer música, yo lo veo”. Yo ni trabajaba de estilista ni me planteaba hacer música.

¿Y cómo llegaste a GuiltyBeatz?

A los meses de aquello ocurrió todo el factor televisivo y me vi con un poquito de dinero que no había tenido jamás en mi vida. Lo llamé y le dije: “Oye, que tenías razón, que ahora hago música y que si vas a estar en Ghana puedo ir allí, hacemos algo juntos”. Hice una canción con él y funcionó mucho en Ghana. A través de eso me escribió GuiltyBeatz y me fui con él a Londres. Hicimos toda esa primera mixtape y he seguido yendo a Ghana todos los años.

¿Y cómo te sentiste cuando tu proyecto lo estaba petando en África y en España era entendido como un chiste?

Muchas emociones diferentes, pero desde muy pequeña me he sentido no entendida e incomprendida. Dime tú quién en Ciudad Real estaba escuchando esa música. He aprendido a centrarme más donde mi energía es bienvenida y a tener compasión por donde no lo es. Mi experiencia es que hay mucho miedo a lo desconocido y que se necesita una aprobación masiva general para que la gente quiera escuchar cosas nuevas. No hay esa valentía para tener un criterio real.

Experiencia y energía. Foto: Alfredo Arias
Experiencia y energía. Foto: Alfredo Arias

¿Te consideras música o tu proyecto está más enfocado hacia lo performático en general?

Me considero artista y artesana. Lo hago porque me encanta hacerlo, pero sí es verdad que se me exige mucho más que a un hombre. Al final la manera que tiene de consumir la mayor parte de la gente es el formato Mediaset. Entonces, para muchísima gente es muy difícil sacarme de ‘Factor X’. Sinceramente, no me afecta mal ni nada.

¿Por qué has decidido autoeditar el disco?

Porque tampoco había otra opción. En ningún momento he recibido aquí, o en otro lado, un apoyo real por parte de una discográfica o una editorial. Siempre estoy dispuesta a sentarme y ver las cosas, claro, pero también tiene que ser en unas condiciones que sean interesantes para mí y que se respete todo lo que tiene que ver con mi línea editorial. Si no, no tiene sentido, porque ya he demostrado que puedo hacer las cosas sola.

En tu disco hay un remix de “Tremendo mujerón” donde se aúnan todas las colaboraciones del álbum. ¿Cómo decidiste unirlas en la misma canción?

Tenía muy claro lo importante que era para mí hacer un proyecto que fuese íntegramente mío, pero también tenía ganas de meter a otra gente. Se me ocurrió que era muy guay empezar el álbum y acabarlo con la misma canción, pero que fuese un remix. Ocurría eso con el primer álbum de Rihanna, que fue cuando salió el tema de “Pon de Replay” y que para mí fue muy guay: la primera artista mainstream cercana al Caribe y Jamaica. “Pon de Replay” es la primera canción de su disco, y la última es un remix de ese tema con Elephant Man. Tiré de agenda, les pasé el audio y les dije: “Grabad donde queráis y ya me volveré loca en el estudio para ver dónde poner todo”.

“Tremendo mujerón”: un manifiesto.

En “Piligrossa” hay alusiones constantes a las brujas y todo lo asociado a la feminidad negativa. ¿Asociarte con la iconografía más oscura es tu forma particular de empoderamiento?

Siempre se ha planteado a la bruja como mala y obviamente nada es negro ni blanco, hay una gama de grises intermedia. La figura de bruja mala de “Hansel y Gretel” realmente era una mujer que quería estudiar y que quería ser independiente en la Edad Media, y la mandaron al bosque porque era mala y había que quemarla. Se trata de volver a hablar de todo lo que tiene que ver con la feminidad y con el poder femenino, y de cómo se nos ha quitado. Obviamente, es una defensa y es una resiliencia el tener todas esas figuras para mí, el haberme empoderado desde esos aspectos y desarrollar todo eso, pero ya no es desde la rabia ni desde la lucha constante.

¿Crees que figuras como la tuya están más normalizadas ahora que cuando empezaste?

Es muy importante visibilizar muchas cosas, pero siento que hay mucho interés en comercializar todo, en ir a por la cosa más sensacionalista. He trabajado mucho como estilista, tengo muchos conocimientos de moda y solo me llaman para la revista de moda o para el 8-M cuando tienen que hacer el reportaje inclusivo y les falta una gorda. Eso es una mierda, la verdad, porque además vuelve a demostrar que no es real la inclusividad. Seguimos con las mismas cosas, por lo menos en este país siguen siendo las mismas figuras que van cambiando de nombre. ∎

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