Motor inestable. Foto: Sergi Paramès
Motor inestable. Foto: Sergi Paramès

Entrevista

Lisasinson: la vida, joder

“Desde cuando todo”, el nuevo disco de Lisasinson, no dramatiza el caos: lo asume. Entre la precariedad, el cansancio y los cambios de formación, Míriam Ferrer convierte la inestabilidad en estado permanente y la literatura en herramienta de escritura. En esta conversación habla de ansiedad, de carretera, de Valencia y de aprender, por fin, a decir que no.

Hay discos que simplemente registran la vida cuando la vida no tiene épica: precariedad, ansiedad, alquileres imposibles, carretera infinita y la sensación constante de no llegar a todo. El nuevo álbum de Lisasinson nace ahí. No como manifiesto generacional ni como ajuste de cuentas, sino como fotografía honesta de una etapa: la de una banda que ha aprendido a convivir con los cambios y la de una compositora que ya no dramatiza la inestabilidad, sino que la asume como paisaje permanente.

En la conversación que tenemos en la trastienda de La Botiga de El Genio Equivocado, en Barcelona, Míriam Ferrer habla de literatura, de cansancio y de aceptación. El disco está atravesado por referencias leídas en los últimos años, por Valencia como escenario emocional y por esa mezcla de dulzura y fatiga que define su voz. Si “Un año de cambios” (Elefant, 2023) era reconstrucción, “Desde cuando todo” (Elefant, 2026) suena a algo más sobrio y difícil: aceptar lo que hay, hacerlo lo mejor posible y seguir.

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El título del disco suena casi como una pregunta existencial. Da la sensación de que interpela directamente a un momento vital.

El título sale de “Desde cuándo todo”, un capítulo de “Estuve aquí y me acordé de nosotros” (2024) de Anna Pacheco. Lo leí justo cuando estaba terminando el disco y fue inmediato. Pensé: “Este tiene que ser el título”. No hubo duda. En ese capítulo se cuestiona desde cuándo empiezas a hacer ciertas cosas, desde cuándo has cambiado, y te obliga a mirarte un poco. Fue más una revelación que una reflexión larga. Leerlo y decir: “Esto es para el disco”.

En ese sentido, el álbum está atravesado por referencias literarias. No parecen citas decorativas, sino algo que estructura la manera de escribir. ¿Cómo ha sido ese proceso? ¿Las referencias llegan de forma consciente o más bien orgánica?

Ha sido totalmente orgánico. Este disco se ha hecho en dos o tres años. A diferencia de “Un año de cambios”, no fue un disco que me encerrara en el estudio con una idea clara de “voy a hacer un álbum sobre esto”, sino que han ido saliendo canciones sueltas, casi como un recopilatorio. Además, yo antes era cero lectora. Empecé a leer a partir de 2020, cuando me fui a vivir con unos compañeros que leían muchísimo. Eso me contagió. Y gracias a todo lo que he leído estos años he podido escribir las letras del disco.

¿Y de qué manera concreta te influyen esos libros a la hora de escribir canciones?

Me facilitan mucho el proceso. Leo cosas en las que me siento reflejada y pienso: “Vale, no me había planteado escribir sobre esto, voy a hacerlo”. Por ejemplo, “Estuve en Valencia y me acordé de ti” habla de esa necesidad casi obligatoria de irte de vacaciones para poder sentirte bien, de quemarte trabajando y tener que escapar. Leí un libro que trataba ese tema y pensé que podía hacer una canción sobre ello. Si no lo hubiera leído, seguramente no me lo habría planteado ni como persona ni como compositora.

“Leo cosas en las que me siento reflejada y pienso: ‘Vale, no me había planteado escribir sobre esto, voy a hacerlo’. Por ejemplo, “Estuve en Valencia y me acordé de ti” habla de esa necesidad casi obligatoria de irte de vacaciones para poder sentirte bien, de quemarte trabajando y tener que escapar”

Escuchando el disco, da la impresión de que el cambio ya no aparece como una crisis puntual, como en trabajos anteriores, sino como un estado permanente. Algo con lo que convives.

Antes lo pasaba muy mal, sobre todo con los cambios de banda. Me angustiaba pensar que la formación se podía desvanecer, que mis compañeras se fueran y quedarme sola. Desde que se fue Paula –y fue algo muy bien hablado y con tiempo– he ido aprendiendo a gestionar eso. Ahora estoy más a gusto. Entiendo que hay cosas que se me escapan de las manos y que no puedo controlar que todo el mundo esté siempre o que las cosas salgan como yo quiero. En este disco me noto más madura: si hay cosas que no puedo hacer, no las hago; y si las puedo hacer, las hago. En nuestro caso, al ser cuatro chicas, los cambios fueron muy visibles, pero en realidad esto pasa en muchísimas bandas.

El disco no dramatiza lo ocurrido. No suena tanto a un relato de lo que pasó como a un álbum hecho a pesar de todo eso. ¿Fue una decisión consciente no centrarse en la biografía o en los acontecimientos concretos?

No fue consciente. Hay preguntas que me hacéis que no sé muy bien cómo responder porque no pienso así. He hecho un álbum que refleja estos tres años porque es lo que me ha pasado, no porque quisiera hacer un disco sobre algo. Soy una persona de 32 años, precaria, con un trabajo de 40 horas como docente. Tengo un buen sueldo, pero no puedo vivir sola, no puedo irme de vacaciones cuando quiera, no puedo permitirme muchas cosas. Pertenezco a una generación que lo está pasando bastante mal. El disco refleja eso porque no puedo reflejar otra cosa. Hay ansiedad, estrés, cansancio, pero no quería subrayarlo como “estoy mal ahora”. Estoy mal todos los días porque quiero tener una casa y no puedo. Ese es mi mayor problema ahora mismo.

Míriam Ferrer, pop contra el cansancio. Foto: Sergi Paramès
Míriam Ferrer, pop contra el cansancio. Foto: Sergi Paramès

Musicalmente también hay un cambio: más medios tiempos, canciones que no buscan un impacto inmediato, sino que crecen con la escucha.

Creo que tiene que ver con el momento vital. Llevamos casi ocho años y ahora estoy más tranquila. Ya he hecho muchas canciones con mucha energía, y cuando ahora me salen cosas así pienso que ya me suenan repetidas. Me sale de forma natural hacer canciones más densas. Luego puedo meter algo más energético, y lo hago, pero ahora mismo no me siento tan identificada con eso. No creo que sea una renuncia, es más bien que ahora estoy en otro lugar.

¿Qué papel ha jugado el cansancio en este LP? Muchas letras hablan de desgaste, pero también de seguir adelante, no como una épica de superación, sino como resistencia.

Muchísimo. Antes de parar hicimos muchos conciertos. Algunos fueron increíbles, pero otros muy duros: muchas horas de carretera, tocar en condiciones complicadas, públicos difíciles, horarios imposibles. Gestionar una banda y trabajar de lunes a viernes quema mucho. Si pudiera vivir de la música, iría más relajada. Seguramente haría un disco más feliz. Pero la realidad es la que es. El disco es bastante tristón, pero me gusta. Dentro de unos años lo escucharé y pensaré: “Era la Míriam de 2025”, y estaré orgullosa.

“Me sale de forma natural hacer canciones más densas. Luego puedo meter algo más energético, y lo hago, pero ahora mismo no me siento tan identificada con eso. No creo que sea una renuncia, es más bien que ahora estoy en otro lugar”

Esa idea del agotamiento aparece también en el título y en la portada. ¿Sientes que tu relación con la música ha sido a veces excesiva o incluso tóxica?

Sí, totalmente. Antes quería hacer todos los conciertos que salieran, daba igual dónde, cuándo o por cuánto dinero. Eso nos pasó factura. Ahora si no puedo hacer algo, no lo hago. Hace poco nos ofrecieron un concierto importante, entre semana, lejos de casa. Antes lo hubiera hecho sin pensarlo, pidiendo días libres y volviendo sin dormir. Ahora no. Mi trabajo de lunes a viernes es lo que me da de comer y paga el alquiler.

La ciudad aparece constantemente en las letras: la calle, perderse, desaparecer. ¿La ciudad te sostiene o te desgasta?

Las dos cosas. Echo muchísimo de menos Valencia. Cuando imagino canciones o videoclips, siempre es Valencia. Todas las referencias del disco son de allí: Benimaclet, la Glorieta. Soy quien soy gracias a esa ciudad. Ahora vivo en un sitio más pequeño, con más naturaleza, y estoy bien. Pero las canciones nacen de Valencia.

Si “Un año de cambios” era un álbum de reconstrucción, ¿este podría ser uno de aceptación?

Sí, me gusta esa palabra. Aceptación de “esto es lo que hay”. Esto es lo que puedo mostrar ahora. Voy a hacerlo lo mejor posible. Me encantaría vivir de la música, pero si no se puede, aquí está mi disco. Ojalá la gente lo compre. Hacer música cuesta mucho dinero y hay mucha inversión detrás, algo que a veces se olvida, sobre todo en las bandas pequeñas. ∎

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