En trance cn Konono No. 1. Foto: Marina Tomàs
En trance cn Konono No. 1. Foto: Marina Tomàs

Festival

Primavera a la Ciutat (7 junio): policromía

La última jornada de Primavera Sound 2026, también la última del ciclo de salas Primavera a la Ciutat, no fue mero trámite previo a la bajada de persiana. Nada de eso. Cinco espacios de la Ciudad Condal funcionando a pleno rendimiento para capturar el espíritu del festival, con una programación multigénero en la que destacó la descarga über-ritmo de Konono Nº1, el nunca es tarde protagonizado por Ata Kak, la matemática rockera de Black Country, New Road, el escupitajo punk-metal de Die Spitz, el electroshock de Bassvictim, la caña burra de Femtanyl o la prestidigitación modular de Ela Minus. Grand finale, no les quepa duda.

1111

Seguidores del culto rage de Playboi Carti y con querencia por un diseño sonoro industrial que se refuerza en directo, 1111 –Fedra al micrófono, Armas a la guitarra eléctrica y ru001 tras la mesa– son más hijos, sin embargo, de la vía iberoamericana abierta por Rojuu y el colectivo argentino Rip Gang –gótica, emo, ultramelódica y digitalizada– e incorporan en su discurso la sensibilidad pop fragmentada y experimental de la onda madrileña de rusia-idk. Son una mezcla de Merina Gris –con quienes comparten gusto por un sonido extremista, afilado y angular y por el eclecticismo urbano; de hecho tienen una colaboración en su próximo álbum, previsto para septiembre, del que compartieron varias canciones– con Claudio Montana, Ralphie Choo y Dellafuente, y en su discurso estético –es lo que vimos en la sala Apolo– incorporan también guiños a Dellafuente o a esa versión barrial y carabanchelera de la nueva música urbana: electrónica progresiva para el noise pop de la gentrificación y las lágrimas de la desesperanza. Diego Rubio

Ata Kak

Yaw Atta-Krah es capaz de crear una conexión instantánea entre propios y extraños y de poner patas arriba espacios hasta cinco veces más amplios que La (2) de Apolo, como hizo recientemente acompañando a Big Thief en su paso por el Reino Unido. Ya sea por la complicidad que despierta su fascinante historia como artista autoeditado en los noventa y perdido durante décadas o simplemente por el derroche de carisma y magnetismo del ghanés, la de Ata Kak es una experiencia puramente eufórica. Yaw Atta-Krah disfruta y sonríe como el que desea exprimir al máximo la oportunidad inesperada, se entrega con todo ante lo que se habría perdido si no llega a ser por el azar. Físicamente irresistible, rápido y espasmódico, con el público ya en el bolsillo desde el minuto cero, hizo vibrar con su mezcla inclasificable de house primigenio, funk electrónico y hiplife, el rap de Ghana, con las rescatadas “Obaa Sima” y “Moma Yendodo” y el pulso hiperactivo y bailable de “Yasi Town”, su primera nueva música en más de tres décadas. Cesc Guimerà

Ata Tak: patas arriba. Foto: Òscar Giralt
Ata Tak: patas arriba. Foto: Òscar Giralt

Bassvictim

Formados en Londres en 2022 por la polaco-británica Maria Manow y el angloestadounidense Ike Clateman, Bassvictim son en cierto sentido la respuesta británica a esa ola de dúos maximalistas que han radicalizado la nostalgia dosmilera a base de expresionismo hardcore y gabber eleganza, reproduciendo a la velocidad de un scrolleo rápido solo posible en el mundo de TikTok y con la intermitencia de un fogonazo –de un electroshock– los tropos sonoros del electroclash y el indie pop más eufórico y electrónico: MGMT, Passion Pit, Icona Pop, M.I.A., Charli XCX. Sin embargo, su fijación por el imaginario estadounidense los convierte en una especie de rara avis: su trap-pop puede formar el reverso emo y terrorífico de Ashnikko, y al mismo tiempo son también dignos integrantes de la prole de ovejas negras de Skrillex. Por encima de todo, suenan como si la primera Grimes formara parte de SALEM. Llegaron reventados a la sala Apolo después de tres intensos días de festival. Él sin mesa y con toda la cacharrería tirada por el suelo, y ella vestida de niña de “El exorcista”. Entre los dos se estallaron al menos media cajetilla de pitis –receta infalible para la resaca, I guess– y dieron un concierto apabullante y digno de tapones. Un exorcismo witch pop que suena como una turbina digital, y que en su fondo es tan solo una enorme masa de abrasión y ruido, una interferencia infinita. “Final Song”, claro, puso el broche eufórico y desató un baño de masas liberador. Diego Rubio

Maximalismo Bassvictim. Foto: Gisela Jané
Maximalismo Bassvictim. Foto: Gisela Jané

Black Country, New Road

El sexteto inglés ya había venido a presentar “Forever Howlong” (2025) en la pasada edición del Primavera Sound, por lo que, a primera vista, este regreso podría parecer redundante. Un detalle significativo, sin embargo, es que en esta ocasión tocaron en un espacio cerrado, ¡incluso con asientos! La sala Paral.lel 62 capturó su impecable detallismo instrumental y transportadoras armonías vocales: “Goodbye (Don’t Tell Me)” y “Salem Sisters”, no hay más que decir. Naturalmente, la ubicación benefició los momentos más intimistas del repertorio, como las primeras partes folclóricas de “Two Horses” –antes de convertirse en un wéstern de Canterbury– y “Nancy Tries To Take The Night” –antes de que entraran los cíclicos ostinatos del saxo–. Anduvieron también por territorios más cercanos a la convencionalidad compositiva e incluso rockera con la novedad “Strangers” y la coreada “Besties”. El punto más álgido y aplaudido de la velada fue la apabullante “For The Cold Country”: la dramática interpretación de la teclista y cantante May Kershaw nos dejó unos vibratos dignos del cercano teatro del Liceu. Claramente, después de tantos meses girando con estas canciones, el grupo es capaz de ejecutarlas con elevada pulcritud. Quizá podría discutirse su decisión de versionar “The Ballad Of El Goodo” de Big Star –canción que, nos contaron, inspiró gran parte de su último disco– en un set de una hora sacrificando material propio, pero no nos vamos a quejar demasiado, ya que es un temazo. Y nadie mejor que estos orfebres para hacerlo revivir. Xavier Gaillard

Bucolismo muy british: Georgia Ellery y Black Country, New Road. Foto: Marina Tomàs
Bucolismo muy british: Georgia Ellery y Black Country, New Road. Foto: Marina Tomàs

Cass McCombs

Solo al final de su concierto en LAUT Cass McCombs presentó “Bobby, King Of Boys Town”. Lo hizo con fina ironía, “ahora vamos a tocar una nueva”, ya que el tema es un clásico de su repertorio y tiene más de veinte años. Cada vez que terminaba una canción, afinaba la guitarra y a por la siguiente. Antes de eso, solo tuvimos un “Hey, what’s up?” cuando subió al escenario de la sala. Y luego un “How are you?”. Pues la verdad, Cass, es que tras una semana de Primavera estábamos hechos polvo. Cuando corres la maratón hay un momento en el que crees que no podrás, que no llegarás. En la cabeza se acumulan los pensamientos intrusivos y las piernas flojean. Es el “muro del maratón”. Sueles toparte contra él entre los kilómetros 30 y 35, cuando el cuerpo agota sus reservas de glucógeno y recurre a la grasa como energía. Así nos sentíamos, ojerosos y despeinados, todos los que nos encontrábamos en la pequeña sala del Poble Sec cuando sonaron las primeras notas de “Priestess”. El californiano es un cantautor de camisa de cuadros sin abotonar y tejanos, de los que retoman el legado de clásicos como Bob Dylan, Tom Petty o, incluso en sus momentos más efervescentes, Bruce Springsteen. Y también es de los que se aproximan a las corrientes alternativas: conduce una vieja furgoneta Ford por una infinita carretera del Medio Oeste yanqui en la que también viajan compañeros generacionales como Damien Jurado, Kurt Vile o The War On Drugs. McCombs aprovechó su nueva visita a Barcelona para presentarnos su último trabajo de estudio, “Interior Live Oak” (2025), del que también sonaron canciones como “Asphodel”, “Home At Last”, “Missionary Bell”, “Peace” y “I Never Dream About Trains”. Y cuando la reserva de glucógeno estaba tocando mínimos, aparecieron imprescindibles de su repertorio; grasa energética como el blues revigorizante “Big Wheel”, “Bum Bum Bum” o una “County Line” expandida, para ayudarnos a derribar el maldito muro y conseguir cruzar la meta. Oriol Rodríguez

El amigo americano: Cass McCombs. Foto: Sergi Paramès
El amigo americano: Cass McCombs. Foto: Sergi Paramès

CORTE!

CORTE! salen del subsuelo madrileño, de un Windmill autóctono, con mirada local, la justa dosis de resquemor, mala hostia y, sobre todo, mucha ironía. Su concierto en La (2) de Apolo fue la puesta en escena de una formación con particular magnetismo y una continua sensación de caos controlado –por el ritmo tenso, hipnótico, monótono pero bailable– que imprimen sus cajas de ritmos secas, motorik, sobre las que Álvaro de las Heras lanza, entre guitarras saturadas, unas letras costumbristas, crudas y con poso social. Son canciones que abordan el desencanto de la vida en la gran ciudad con gran tensión dramática y cierta teatralidad, aunque nada arty y menos aún poser. Estribillos afilados, herencia del post-punk, coldwave ochentero en castellano y gancho absoluto en canciones como “Una rata”, abordada a toda prisa por el apremio del tiempo en un set que voló por su energía física y por su entrega. Cesc Guimerà

La mala hostia de CORTE! Foto: Òscar Giralt
La mala hostia de CORTE! Foto: Òscar Giralt

Die Spitz

A Die Spitz las recibimos en La Nau con un tema dance que ya señalaba su porte irónico y guasón antes de que dieran el primer acorde. Nada más empezar, especialmente con la voz rota e infernal de Ava Schrobligen tomando el micro, las de Austin comprometieron el medidor de decibelios y la capacidad de los conductos del aire acondicionado. Hubo todo lo que se espera en una ceremonia de hardcore, punk y metal de alto voltaje. Las llamas se avivaron con mosh pit, pogos de fracturas cervicales y constantes crowdsurfings. Prometieron a la audiencia que lo pasarían bien y ellas fueron las primeras en hacerlo, sumándose al barullo creado por el desatado personal o a los surfeos sobre el público. Hubo espacio para algo parecido a un remanso de paz con un medio tiempo que terminó estallando en furia seca. También hubo un intercambio de Ava con Chloe de St. Aubin, la batería, aunque resultó del todo innecesario. Su punk-hardcore de combustión acelerada fue para muchos de los presentes una misa reparadora, antes de la bajada a los infiernos de este lunes. Volvieron a bajar al foso, se rebozaron a conciencia con el sudor de su público y finalizaron con un bis de dos temas: “Hair Of Dog” y “Throw Yourself To The Sword”. Antes de perderlas de vista, salieron lentamente del escenario con una ranchera de fondo, jugando entre ellas y dando muestras de un entrañable rollo cuqui pese a la rudeza que desprende su música. Olivia Rodrigo se las lleva para un tramo de su próxima gira. Seguro que, en un momento u otro, las volvemos a ver. Marc Muñoz

Subidón con Die Spitz. Foto: Rosario López
Subidón con Die Spitz. Foto: Rosario López

Ela Minus

Ver a Ela Minus –siempre con los cascos puestos y el micrófono al cuello– gozar de los sintes modulares y las maquinitas al otro lado de la pantalla, espía, puede ser por momentos una experiencia tremendamente voyerista. Chasing after phantoms. Pero la colombiana ha visto la luz con su segundo disco, que no por nada se llama “DÍA” (2025), y con ello también ha aprendido a moverse libre por el escenario y a alejarse de los aparatos. Siguen siendo, eso sí, los verdaderos santos de su devoción, lo más importante para ella: los sintetizadores cara al público que son el centro gravitatorio de la escenografía; esa caja de ritmos en la que parpadean sugerentes y metódicas todas las percusiones, disparadas o programadas. Con ellos y con una tromba de efectos en su voz, en el lenguaje del pop, la expat colombiana compone una telaraña compleja y emocional de acid, electro, techno, música industrial y electrónica progresiva, pero además teje entre las canciones unas transiciones más cercanas a la música experimental, a la organ music y a la síntesis modular. Entre Björk, Caterina Barbieri y Kelly Lee Owens, pero decidiendo quedarse además con la mejor parte de Bicep y de Boys Noize, dio un concierto espectacular –pese a una pequeña desincronización– que alcanzó su clímax en la impresionante “QQQQ”. Y cerró en las profundidades ambient pop de “Tiempo definido por la presencia de luz”, su nuevo tema. Una experiencia hipnótica e inmersiva en la sala Apolo, guiada por la pasión, por la introspección y por la música de baile. Qué increíble eres, Ela. Diego Rubio

Experiencia total: Ela Minus. Foto: Clara Orozco
Experiencia total: Ela Minus. Foto: Clara Orozco

Femtanyl

Que antes de salir al escenario de la sala Apolo el dúo formado por Noelle Stockwood y Juno Callender dejara sonar “Total Eclipse Of The Heart” de Bonnie Tyler dice muchas más cosas de las que parece. Habla de la fijación pop en su imaginario, pero también de un vínculo con la floritura, con lo gótico y con el metal: no olvidemos que la diva británica de la voz ronca llegó a publicar un disco a medias con Meat Loaf. Los de Toronto son, a todos los efectos, una banda de metal, pero no una banda de metal cualquiera: en la práctica, Femtanyl se encomiendan al emocore y al nu metal, al patinete hardcore y el screamo; a esa intensidad, a esa pesadez, a esos ritmos. Pero en esencia funcionan más como la forma física definitiva del breakcore y el digicore, trazando constantemente líneas entre la música electrónica más extrema, los sonidos de videojuego y la crudeza de lo táctil. El uno, a las voces y los gritos. El otro, a los teclados, Moog, sintes y guitarra fuzz, luego también a la batería, y vuelta a empezar. Dieron un concierto épico, extenuante, que al poco tiempo se convirtió en un mosh pit gigante y permanente que terminó de fundir a muchos. Y demostraron que no hace falta tirar de gabber para resultar verdaderamente brutales. Al final, tras un completo delirio de dance-metal-punk, como si LCD Soundsystem se fusionaran con Slipknot, se convirtieron en lo que podría ser el sueño húmedo de VVV [Trippin’you]: ira para una rave en el Apocalipsis. Vaya pedazo de banda. Diego Rubio

Gelli Haha

El proyecto de pop experimental de Angel Abaya firmó un adiós eufórico y colorido al Primavera a la Ciutat en La (2) de Apolo. No era tarea sencilla tomar el escenario tras la comunión festiva de Ata Kak, pero desde una perspectiva completamente opuesta, fascinante y surrealista, Gelli Haha desbordó con su energía contagiosa. Es un concepto multimedia que abarca una mezcla de pop artístico, electroclash y synthpop, cubierto por una fuerte capa de sintetizadores, con elementos visuales, coreografía e iluminación, tan caleidoscópico que cuesta imaginar los inicios de la artista con base de operaciones en California en el indie rock más convencional. Su alter ego Gelli Haha convierte el espectáculo en una fantasía galáctica, casi en formato anime, una experiencia teatral, colorida y deliberadamente caótica que recorre su “Switcheroo” (2025) de principio a fin junto a su grupo de bailarinas histriónicas. Como Polly Pockets en pleno viaje de ácido. Cesc Guimerà

De viaje: Gelli Haha. Foto: Òscar Giralt
De viaje: Gelli Haha. Foto: Òscar Giralt

Joey Valence & Brae

Un día se levantaron, se sintieron punk y se pusieron a versionar a Amyl And The Sniffers en plan rapero, y de repente estaban enfureciendo masas beodas por escenarios de todo el mundo. Con sus scratches, su boom bap hardcore, sus aires gangsta y su hibridación del hip hop y el punk-rock, Joseph Bertolino y Braedan Lugue pueden recordarte tanto a los Beastie Boys como a The Prodigy, pero también a la música paródica de The Lonely Island, aunque en esencia son más como unos Sleaford Mods de hermandad universitaria, en plan “Desmadre a la americana”. Tras su concierto el sábado en el Fòrum, repitieron en la sala Apolo y volvieron a desatar la locura ante el público más numeroso de la noche: su lenguaje es el de los raperos blancos, un poco en la línea de $uicideboy$, así que se les presuponen también ramalazos Skrillex y otras burradas brostep, además de géneros aptos para el pogo y la borrachera como el hard house, el drum’n’bass grosso modo, el wonky o el phonk. En general fue un cuadro –en sus mejores momentos simplemente parece unos imitadores monsterizados de El-P–, pero supongo que si tu energía es la de un alfa heterosexual blanco como los que surfeaban descamisados las cabezas de la gente, seguramente te pareció un pasote. No sé, a veces pienso que alguna fuerza del universo debería intervenir para prohibir a según qué blanquitos rapear, pero tampoco es cuestión de ponerme tan radical. Diego Rubio

La locura de Joey Valence & Brae. Foto: Gisela Jané
La locura de Joey Valence & Brae. Foto: Gisela Jané

Konono Nº 1

Después de pasar unos años fuera de combate, esta auténtica institución de Kinshasa regresa como un huracán en el sexagésimo aniversario de su fundación por parte del legendario Mingiedi Mawangu. Es su nieto Makonda Mbuta quien ahora dirige al conjunto, algo distinto respecto al que pudimos ver hace diez años a su paso por las fiestas barcelonesas del BAM. No hay congas ni bailarina, pero tres son los likembés, más que suficiente para canalizar con potencia la magia tradi-moderne de “Congotronics” (2005), álbum en el que basaron su set recuperando, además, la inconfundible pieza en la que The Ex –sus primeros descubridores en Europa– basaron “Theme From Konono”. Apenas existen palabras para explicar el demencial trance hipnótico –que cada uno bailaba libremente a su particular manera– al que nos sometieron los congoleses durante hora y cuarto en el Paral·lel 62. Sus alargadas composiciones de tempos variados podrían compararse a una densa electrónica de club, pero generadas artesanalmente por pulgares humanos excepcionalmente resistentes. Todo ello –el intrincado entramado de capas rítmicas, melodías, solos esporádicos y paulatinos cambios de intensidad de los likembés, apuntalados por cánticos a doble voz y una increíblemente constante batería– desembocó en una repetición eterna que nunca sonaba exactamente igual en cada uno de sus ciclos. Encabezando esta orgánica maquinaria, danzando cohibido con las piernas y girando sobre sí mismo, un sudoroso Makonda: el legado familiar y cultural de Konono está en buenas manos. Xavier Gaillard

Herencia y modernidad: Konono No. 1. Foto: Marina Tomàs
Herencia y modernidad: Konono No. 1. Foto: Marina Tomàs

LHARA

El directo de Lara Rodríguez fluctúa de lo más íntimo a lo más intenso de la misma forma que su trayectoria ha pasado de lo más personal de “Por ké ibas a mentirme” (2020) y “Andrómeda” (2023) a “MANOS EN LA MESA” (2025), un disco más conceptual, crudo y minimalista. La vasca afincada en Barcelona –junto a Pau Aymí, cómplice desde los inicios– arrancó presentando su último single, “En mi calle”, un directo que trasciende el puro set de electrónica y que es capaz de virar con absoluta naturalidad y espontaneidad de lo más intimista a lo más físico. Del pop oscuro, melódico y de voces procesadas a un hyperpop de bases graves y pesadas que lanza al baile. Todo con la encomiable y envidiable versatilidad de las nuevas generaciones del pop, el dominio de los registros y sus edades. LHARA: capaz de insertar con la misma absoluta naturalidad en su repertorio tanto el “Te estoy amando locamente” de Las Grecas como el “Ready pa’ morir” de Yung Beef. Cesc Guimerà

M8NSE b2b Doppelganger

La programación de Primavera Ciutat en Les Enfants empezó a las diez de la noche con un b2b que sintetizó algunas de las transformaciones más estimulantes del clubbing barcelonés. M8NSE y Doppelganger –alias del DJ y productor barcelonés Marcos López, vinculado al colectivo queer MUSA– construyeron una sesión donde las percusiones aceleradas y las mutaciones del latin club se mezclaron con las texturas más oscuras de la electrónica contemporánea. Dembow fragmentado, guaracha experimental y patrones de reguetón deformados se mezclaron con sintetizadores ásperos y sonido industrial, generando una atmósfera cinematográfica tensionada entre la explosión de energía y el suspense. El set convirtió la pista en un espacio de encuentro, donde el baile funcionó como liberación y como herramienta de afirmación comunitaria. M8NSE ha impulsado espacios seguros para mujeres y personas disidentes de la diáspora latinoamericana, mientras que Doppelganger comparte una visión del club como territorio de libertad y transgresión. Juntos, inauguraron la noche reivindicando una escena construida desde los márgenes, donde bailar también puede ser una forma de pertenecer. Laia Marsal

Territorio libre: Doppelganger bsb M8NSE. Foto: Laia Marsal
Territorio libre: Doppelganger bsb M8NSE. Foto: Laia Marsal

Mechatok

Aunque pinchó algún tema de su debut largo, “Wide Awake” (2025), y algún hit propio que lo enmarca en la narrativa que une el legado de la Drain Gang con el Reino Unido (Ecco2k y fakemink, con los que ha colaborado en “MAKKA”, actuaron en el festival), la aparición de Mechatok para cerrar la jornada del domingo –y, oficialmente, el Primavera Sound– en la sala Apolo distó mucho de su directo en el festival el sábado, mucho más concebido como un espacio para presentar su ya mencionado trabajo. El alemán –con la cámara apuntándole a la cara desde la mesa, en lo que parecía un guiño a otro mito germano: Paul Kalkbrenner–, armó una fiesta de altura que naturalmente bebe del techno y el electroclash de Miss Kittin & The Hacker y otros proyectos entre Frankfurt, Berlín y Colonia para desplegarse, que apuesta por un diseño sonoro industrial y de pegada amenazadora, y que distorsiona trazas de EDM, de pop mainstream –sonaron “Just Dance” de Lady Gaga, por ejemplo, o Justin Bieber y los Black Eyed Peas– y de tech house, momentos más tranceros o fragmentos de mákina y pop industrial marca Fractura –lo que pille para divertirse, en realidad: no hay demasiadas líneas rojas aquí–, para insertarlos en una masa de acid y alta intensidad que puso los últimos restos de energía del personal al servicio del fragor de la pista. En cierto sentido todos los artistas que anoche protagonizaron la jornada en Apolo siguen las ideas que encarna Emir Timur Tokdemir (así se llama el productor y ahora también solvente DJ de la clase más extrema) como miembro indispensable de la Drain Gang, pero más que destacar su legado o su aportación en este sentido, Mechatok prefirió esta ocasión para demostrar que, desde estas bases, todavía quedan nuevas líneas que tirar, nuevos relaciones que hacer y nuevos caminos por explorar. Una sesión digna de los mejores días del Sónar, y a la altura del Primavera Sound. Diego Rubio

Nick León

En su turno, Nick León transformó Les Enfants en una extensión de Miami. Su sesión mezcló funk brasileño, speed dembow y latin club en un flujo constante de ritmos y referencias que parecían viajar entre ciudades sin necesidad de pasaporte. Temas como “Automotivo da turbulência” o “Sube y baja” funcionaron como pruebas de una nueva geografía donde Brasil, el Caribe, Colombia o Florida forman parte de una misma pista. Cofundador de TraTraTrax, uno de los sellos que mejor ha sabido interpretar los nuevos lenguajes de la electrónica latinoamericana y del club global, León entiende el club como un espacio cultural sin fronteras. Más que una suma de géneros, su sesión dibujó mapas de conexiones, migraciones e intercambios que generan las pistas de baile actuales. Durante una hora, Barcelona dejó de ser una ciudad para convertirse en un punto de encuentro entre múltiples mundos del ritmo. Laia Marsal

Nick León, saltando fronteras. Foto: Laia Marsal
Nick León, saltando fronteras. Foto: Laia Marsal

paco te quiero

La banda barcelonesa tiene bien calibrada su paleta estilística. Van y vienen entre el shoegaze –incluso con algún acercamiento al hardcore– y el dream pop. O sea, distorsión a raudales, batería atlética, pedaleras y refuerzos con teclados más control MIDI que suman un punto de distinción atmosférica. La tregua del ruido la articulan a través de sus dos cantantes, que se entrelazan y solapan no siempre de la manera más óptima. Su primera aparición en el festival barcelonés sirvió para presentar “hay un pez naranja en el suelo del metro” (2026), álbum de debut que los puso en circulación entre las bandas indie guitarreras de la Ciudad Condal. Su set de ayer en La Nau, de casi una hora de duración, pareció que se les hacía largo –¿de ahí el cover de “All The Things She Said” de t.A.T.u.?–, pero no se les vio demasiado tensos, aunque tampoco completamente desenvueltos. Harían una buena pareja de baile con The Pains Of Being Pure At Heart, pero los catalanes imprimen un punto más de garra. Marc Muñoz

Baño shoegaze con paco te quiero. Foto: Rosario López
Baño shoegaze con paco te quiero. Foto: Rosario López

quickly quickly

“Che bello, che bello, peccato non essere arrivati prima”, se lamenta un italiano cuando finaliza “I Punched Through The Wall”, la penúltima canción del bolo que quickly quickly ofreció en la sala LAUT. Perteneciente a la generación Soundcloud, Graham Jonson –aka quickly quickly, aunque en escena, parapetado tras sintetizadores y acompañado por dos guitarristas, habla de su proyecto en plural– fue un niño prodigio de la sampledelia. Hoy, a sus veintipico, pese a lucir un par de tatuajes de J Dilla y MF DOOM, reclama a Elliott Smith como su principal referente. “Llegados a este punto del concierto siempre me olvido de cuál es la siguiente canción que vamos a tocar”, bromeó. “Creo que ahora toca ‘Free Bird’. Luego seguiremos con ‘Wonderwall’, ‘Stairway To Heaven’ y algún clásico más como ‘Sweet Home Alabama’. Para los bises nos reservamos algún ‘hit’ estúpido como ‘Jump’ de Van Halen”. Hubiera sido interesante escucharlo reinterpretar estos incunables del rock a través de su filtro, pero sus compinches le recordaron que era el momento de “Falling Apart Without You”, confirmando que sí, que es una especie de Elliott Smith en versión bedroom pop, alguien que ha crecido en una casa con unos padres que escuchan John Denver, Dan Fogelberg o James Taylor, aunque él lo flipaba con Bon Iver y Frank Ocean. Oriol Rodríguez

Cachondo y sensible: quickly quickly. Foto: Sergi Paramès
Cachondo y sensible: quickly quickly. Foto: Sergi Paramès

Remei de Ca la Fresca

Remei de Ca la Fresca comparecieron en el escenario de Paral·lel 62 vestidos con traje y corbata, una elegancia inmediatamente embrutecida cuando arrancaron con la cañera sección rítmica de “Fusta d’artista”. Desde el minuto uno, la cantante de gestión vocal peculiar Xantal Rodríguez hizo las veces de torbellino humano, rematando los versos con chillidos, saltando de perfil, bailando de aquí para allá, haciendo de sus brazos un festival. Los de Arbúcies demostraron su atracción por la cultura flamenca y el rock progresivo andaluz con las palmas y zapateados de “De cara / Esmolada” y la pieza a fuego lento “Espardenya lisérgica”, que terminaron con una desmelenada Xantal punteando a la guitarra. También psicodélicos fueron los matices de la densa “Tots els tons de la ràbia”, inspirada en un poema de Rafeef Ziadah, durante la cual Rodríguez ondeó con honra la bandera palestina. La segunda reivindicación social llegó al final, cuando denunciaron la privatización del agua en el Montseny para prologar “Mal de muntanya”, que terminó con Xantal y el bajista revolcándose por el suelo. Xavier Gaillard

Xantal Rodríguez, el ciclón de Remei de Ca La Fresca. Foto: Marina Tomàs
Xantal Rodríguez, el ciclón de Remei de Ca La Fresca. Foto: Marina Tomàs

Safety Trance b2b Florentino

Safety Trance y Florentino cerraron la programación de Les Enfants con una sesión que llevó hasta sus últimas consecuencias la idea de club global. Tras la intensidad performativa de Six Sex, el venezolano Luis Garbán y el productor británico-colombiano Yeshe Bahamon construyeron una sesión donde América Latina y los clubes británicos dejaron de funcionar de manera separada para convertirse en parte de un mismo lenguaje, y transformaron la sala en un punto de encuentro entre distintas tradiciones de la música de baile contemporánea. Reguetón deconstruido, distintas percusiones latinoamericanas, bajos heredados del club británico y textura electrónica que convivieron de manera elegante. La conexión entre ambos resultó espectacular. Safety Trance lleva años reformulando los códigos del reguetón desde la mutación y la experimentación, mientras que Florentino ha convertido el mestizaje entre herencia latina y cultura club británica en una de sus principales señas de identidad. Más que mezclar géneros, ambos artistas pusieron en diálogo escenas y sensibilidades nacidas a miles de kilómetros de distancia. En Les Enfants, Caracas, Bogotá, Mánchester y Barcelona compartieron durante 80 minutos una misma manera de sentir y bailar en la pista. Laia Marsal

Florentino y Safety Trance: worldbeat. Foto: Laia Marsal
Florentino y Safety Trance: worldbeat. Foto: Laia Marsal

Six Sex

Pasada la medianoche, Six Sex convirtió Les Enfants en un organismo vivo. Micrófono en mano, enfundada en un bikini de cuero negro y botas de plataforma, la artista argentina ocupó el diminuto escenario de la sala como si estuviera actuando para un estadio. Apenas existía distancia entre intérprete y público: cuerpos apretados, teléfonos en alto y una sensación constante de que todo podía desbordarse de un momento a otro. Su propuesta, construida a partir de reguetón alternativo, techno, trance, neoperreo y cultura club encontró en la proximidad de la sala el contexto ideal para desplegar toda su potencial, y allí empezó la fiesta más underground que Barcelona no sabía que se estaba viviendo. Sonaron “Hot & Perfect” y “Bitches Like Me”, pero fue “4 Novios” la que terminó de romper cualquier resistencia. La sala estalló cantando, mientras Six Sex dirigía la escena con una mezcla de descaro, sensualidad y precisión milimétrica. En un club acostumbrado a la intensidad, Six Sex consiguió algo más difícil: monopolizar la atención de todo el público. Durante treinta minutos, no hubo nada más importante que lo que estaba ocurriendo sobre aquella pequeña tarima. Cuando terminó, la sensación era la de haber sobrevivido a una pequeña catástrofe feliz. Maquillaje corrido, gargantas rotas y sonrisas difíciles de explicar. Exactamente lo que debería provocar un concierto de Six Sex. Laia Marsal

Six Sex, descarada. Foto: Laia Marsal
Six Sex, descarada. Foto: Laia Marsal

spill tab

Sobre el papel, la melodía pop es la reina en la propuesta de la franco-tailandesa radicada en Los Ángeles Claire Chicha. “ANGIE” (2025), su largo de debut, está hecho a partes iguales de delicado indie, bedroom pop, destellos electrónicos, folk ambiental y R&B-jazz. Convertidos en cuarteto como banda multinstrumentista, en directo las canciones de spill tab se transforman en píldoras de energía pura. Claire Chicha salta de la guitarra al bajo como del inglés al francés para dar forma a un directo lleno de contrastes: de las baladas acústicas e intimistas al alt-pop con pinceladas lo-fi y grunge a las explosiones de pop pegajoso y bailable, e incluso ciertos destellos ruidosos y distorsionados como “PINK LEMONADE”. De “Splinter” a “Uneasy”, que firmó junto a Metronomy, canciones con giros inesperados y golpes emocionales sorprendentes. Cesc Guimerà

En el dormitorio de spill tab. Foto: Òscar Giralt
En el dormitorio de spill tab. Foto: Òscar Giralt

Titanic

La violoncelista guatemalteca Mabe Fratti y el guitarrista mexicano Héctor Tosta, acompañados en esta ocasión por el batería holandés Friso van Wijck, presentaron en Paral·lel 62 su proyecto de pop experimental en un concierto muy especial que, dada la ausencia de teclados, retrató su naturaleza más cruda. La impresionante –titánica, valga la redundancia– voz de Mabe puso los pelos de punta del personal ya desde el primer momento con “Lágrima del sol”. Más contenida estuvo su maña instrumental, con alguna que otra excepción, como la coda con chelo distorsionado de “Anónima”, el romanticismo al arco de la flemática “La dueña”, o el hipnótico loop de pizzicato de “Te evité”. Tosta, que no pudo evitar verbalizar su sorpresa ante un grupo de fans acérrimas en primera fila que se sabían todas las letras, apenas paró quieto en los pedales, sacando agudos y agónicos punteos en la épica “Te tragaste el chicle” o conjurando con bastante éxito el espíritu de Adrian Belew en los momentos más avant-prog del concierto: es decir, los riffs estrambóticos y estallidos de ruido de “Gotera” y “La gallina degollada”. Su faceta más amable quedó representada por canciones como “Alzando el trofeo”, que en una realidad alternativa sería un absoluto hit popero. Y hacia el final –debemos insistir– por el vozarrón de Mabe en esas notas alargadas de la percusiva “Libra”. Seguiremos durante una temporada bajo el influjo de su hechizo. Xavier Gaillard

Mabe Fratti, al frente de Titanic, enorme. Foto: Marina Tomàs
Mabe Fratti, al frente de Titanic, enorme. Foto: Marina Tomàs
Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados

Rockdelux
Ministerio de Cultura
Ministerio de Cultura

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición, del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.