o soy muy de llevar al cine novelas u obras teatrales, pero si tuviera que trasladar un texto preexistente a la gran pantalla, me decantaría por adaptar mis notas del móvil. En concreto, me basaría en la lista que tengo fijada arriba del todo en la app de NOTAS, la que contiene todas las tareas pendientes por hacer, la que repaso cada mañana con el sueño de resolver alguno de esos quehaceres. Pero no soy ingenuo. Sé que se trata de una lista inagotable, porque no se queda nunca vacía, porque siempre hay algo urgente que no termina de completarse. Es una de las 12 pruebas de Astérix, el mito de Sísifo de la era digital. Pero nos sometemos a una presión innecesaria con este asunto. Es fustigarse, pasarlo mal. Es pura ansiedad con tipografía San Francisco Pro para aquellos angustiosos que volcamos nuestras frustraciones venideras en un iPhone.
Esta angustia existencial de baja intensidad nos convierte a todos en Kierkegaards de Temu, nos condena a actuar bajo los efectos de una angst de mierdecilla. Por ejemplo, yo contesto a los mails casi siempre el mismo día y, si puedo, al minuto de recibirlos. Odio tener en esa lista de pendientes correos electrónicos y mensajes de WhatsApp. Y si no tengo la respuesta clara, replicaré con un “te contesto luego” o simplemente con un acuse de recibo. Esta diligencia se lleva algunos halagos por parte de mis interlocutores. Como si fuera digno de una persona responsable. Yo sé que no es así. Es solo un tormento más en mi rutina diaria.
Esa rutina es posible porque hacemos listas. Como la de la compra, que mucha gente la hace con esta app del móvil. Entendí que esa función era la más común cuando se viralizó un tuit que contenía una captura con la lista de la compra de Manolo Sanchís, exfutbolista del Real Madrid. La sucesión de artículos a reponer era tan demencial que merece una transcripción literal: “Máquina de hielo. Tumbonas, almacén y sillas. Protector bucal. Balas para el 243. Cacao para la mama. Balas para el 300. Brandy. Curacao. Gran manier o dranbui. Llaves del BMW”. Podemos destacar infinidad de aspectos locos de esta lista (entre 243 y 300 aspectos locos, supongo), pero lo que más gracia que me hace es la inclusión del cacao destinado a una madre entre dos recordatorios de comprar dos tipos diferentes de balas. Esta lista de Manolo Sanchís me demostró que todos hacemos listas así en el móvil (en eso nos parecemos todas y todos), pero también que cada uno va a lo suyo y a lo loco haciendo estos inventarios. Liam Neeson bromeaba en la serie de Ricky Gervais y Stephen Merchant “Life Is Too Short” con que le encantaba hacer listas y que por eso Steven Spielberg lo había llamado para protagonizar “La lista de Schindler” (1993).
No hay mayor satisfacción que borrar una de esas tareas pendientes. Porque suelen ser burocracias absurdas (ese papel del ayuntamiento que llevas ocho meses reclamando y que no te llega), pequeños arreglos del hogar (esa gotera del baño que supuestamente iba a arreglarte un albañil hace semanas, pero siempre te dice que tiene mucho lío) o la compra de munición y licores, como en el caso de Manolo Sanchís. Borrar una de esas líneas de la lista te da años de vida. Ayer yo borré la que estaba arriba del todo desde hace meses. No era una de las más complicadas ni épicas (todo lo complicado y épico que es cerrar una cuenta bancaria), pero me apetecía compartirlo con vosotras y vosotros para deciros: “Sí, se puede”. ∎