Así que charlemos sobre este instante pensado y diseñado para crear impacto: Sabrina Carpenter canta “Juno” sobre el escenario de Coachella 2026 y, de repente, la música cambia, las pantallas se tiñen de blanco y negro, empieza a sonar uno de los chasquidos de dedos más icónicos de la historia de la música, las sombras de los bailarines recortadas contra la iluminación del fondo del escenario se mueven para adoptar posturas típicas de la cultura ballroom… Y, de repente, una plataforma elevadora emerge del fondo del escenario transportando a Madonna mientras “Vogue” despliega su infecciosa melodía.
En total fueron 12 minutos de actuación conjunta en la que a “Vogue” siguieron “Bring Your Love” (canción que también podría titularse “I Did It For Love” y que se incluirá en el próximo disco de Madonna) y “Like A Prayer”. Entre estas dos canciones, Madonna tuvo tiempo de dar una maravillosa chapa sobre astrología y de afirmar que esta era “probably the first time I’ve ever performed with someone who’s shorter than me” (“probablemente la primera vez que he actuado con alguien más bajo que yo”). También se emocionó al explicar que hacía exactamente 20 años que había actuado en Coachella para presentar “Confessions On A Dance Floor” (2005) y que, de hecho, en el actual show lucía exactamente el mismo corsé morado y la misma chaqueta de piel Gucci que había vestido dos décadas atrás.
Lo que viene siendo un perfect timing de toda la vida, porque resulta que estos días también se ha publicado el primer corte del que será “Confessions II”, la secuela de aquel disco que volverá a contar con producción de Stuart Price y que se lanzará el próximo 3 de julio. Así que, además de dejar una buena ristra de fotos tanto sobre el escenario como en el backstage del festival, Madonna exhibió una infecciosa energía a sus 67 años que, a mis 46 años, yo ni sueño tener en un sábado por la noche cuando estoy intentando darlo todo en la pista del Nitsa. Y lo más bestia de todo: esa bola de energía no se limitó al escenario, sino que la tía siguió con la matraca entre el público durante otros conciertos.
Por mucho que los zombis coachellers ni se inmutaran con esta aparición estelar, la cosa cambia un poquito cuando se observa desde las redes sociales, donde la sorpresa se vivió como algo mayúsculo. Algunos, los que todos sabemos ya, lo vivieron de forma extrema. En general, la palpable química entre las dos divas ha hecho que ya haya quien esté reclamando que una nueva versión de “Vogue” llegue a las plataformas de streaming con un featuring de Sabrina Carpenter. Y, claro, teniendo en cuenta que Madonna siempre ha tenido muy buen ojo a la hora de promocionar a las nuevas divas de cada generación (¿recordamos su icónico ménage à trois con Britney Spears y Christina Aguilera?), todo el mundo empieza a ver clara la línea de sucesión.
De los creadores de “a nadie sorprendió que Santiago Segura acabara siendo tránsfobo”, hoy nos llega “a nadie sorprendió que Carlos Baute acabara siendo racista”. Al fin y al cabo, Baute ya demostró del lado de quién estaba cuando a todos aquellos que no nacimos en Venezuela se nos prohibió hablar de lo que ocurre en Venezuela. No es de extrañar, entonces, que el tipo se haya venido arribísima en un acto en Madrid organizado por Ayuso en honor de María Corina Machado arengando a las masas con el cántico de “¡fuera la mona!” contra Delcy Rodríguez, la actual presidenta venezolana.
¿Qué podíamos esperar de una señora tan rastrera como para haberle regalado a Trump su (inmerecido) Premio Nobel de la Paz? ¿Una señora que, además, a su paso por España prefirió arrimarse a Ayuso pero evitar a toda costa reunirse con Pedro Sánchez? Pues que tuviera a su servicio a un energúmeno como el cantante (o algo así) arengando contra Rodríguez. Los actos hablan por sí solos. Así que algo de razón deben llevar Más Madrid y Podemos cuando acusan de racista a Carlos Baute por utilizar el término “mona” como insulto a los rasgos indígenas de la presidenta de Venezuela.
También es cierto que Baute ha procedido a pedir perdón alegando que “No soy racista ni creo en el insulto” y excusándose con que se dejó llevar por el momento. Pero es inevitable entender esta disculpa tal y como la retrata Manuel Jabois: “Si dejarse llevar es corear un cántico racista, es que solo estabas conteniendo tu racismo”. Algo preocupante porque, tal y como denuncia este bluit, “lo creáis o no, los gritos racistas de Carlos Baute en la Plaza de Sol tendrán consecuencias. Concretamente, docenas de bolos en ayuntamientos de PP/VOX este verano”. Más preocupante todavía porque, tal y como apunta este otro bluit, “lo del Carlos Baute usando insultos racistas como si por hacerse la mechita rubia fuera él a colar como un noruego de Erasmus daría hasta ternurita si no fuera un mal bicho de cuidado”.
Puede que Drake no esté viviendo el momento más popular de su carrera. Pobre. Con lo que ha sido. Echémosle la culpa a la leyenda urbana de que gafa a los equipos deportivos a los que sigue, al hecho de que Rihanna le diera calabazas públicas y a que acabara perdiendo sonoramente el beef que él solito se montó con Kendrick Lamar. Pero lo cortés no quita lo valiente y, si Drake lanza disco, el mundo escucha.
Es más, si el mundo no escuchara, él nos obligaría a escuchar tal y como acaba de hacer en los últimos días. A saber: primero filtra que su nuevo disco podría estar finiquitado bajo el título de “Iceman” y, a continuación, decide confirmarlo aterrorizando a la ciudad de Toronto. Literal. Primero con una inmensa explosión que formará parte de un futuro videoclip y después con una especie de pirámide rectangular formada por grandes cubos de hielo que, una vez se derritieran por completo, debían revelar la fecha de lanzamiento del álbum. La noticia venía fuertecita, y mientras algunos medios decidieron preguntar a los fans cuánto creían que tardaría en derretirse el hielo de marras, otros directamente prefirieron plantear la cuestión a un físico cuántico.
Tampoco hacía falta tanto jaleo porque, antes de que el hielo se derritiera, el impaciente de Drake ya dejó caer que “Iceman” se lanzará el próximo 15 de mayo. Eso no quita que las imágenes del acto promocional sean muy divertidas de seguir desde la construcción del cubo de hielo hasta los fans paseando alrededor de la misma e incluso atacándola para ver si así aceleran el proceso de descongelación.