En la final del Mundial que enfrentó a España y Argentina ocurrieron muchas cositas musicales interesantes: Justin Bieber volvió a la vagancia total de su set en Coachella ’26 con una elección musical bastante low-energy, BTS sí que trajeron los deberes hechos (y un show a la altura), la actuación de Shakira reavivó el debate sobre si en anteriores actuaciones se había servido de su doble Shakibecca o no, Estados Unidos montó un percal tremendo para exhibir la palabra “LOVE” en el terreno de juego en un bonito paréntesis entre bombardeos a otros países… Pero nada de todo esto, en serio, absolutamente nada de esto se recordará tanto en el futuro como el morrazo que le echó Madonna en su show del intermedio.
Al fin y al cabo, después del tinglado que la tía montó en Times Square junto a Grindr para presentar su nuevo disco “Confessions II”, todos esperábamos ver un medio tiempo al nivel de los de la Super Bowl. Pero la cosa acabó siendo un poco como el típico meme de “Lo que pides por AliExpress / Lo que te llega a casa”. El minutaje final de la actuación de Madonna, que aquí puedes ver al completo, es de una friolera de dos minutos. Y, de esos dos minutos, un minuto y cincuenta segundos están pregrabados para hacerte creer que la artista estaba en el parking del estadio montándose una roller party con Stuart Price a los platos. Más todavía: la canción que todos bailan no pertenece a su último álbum, sino que es el emblemático “Music” (lo que, vale, tiene bastante sentido porque la letra, con ese “Music makes the people come together”, es muy espíritu deportivo mundialista) al que, al final de todo, se le añaden algunas líneas de “Danceteria”. Y lo mejor de todo: la tía se pasa la mayor parte del tiempo bailando y cantando en la parte superior de un buggy conducido por un Ronaldo y un Ronaldinho disociados vivos que no saben qué hacen ahí.
Y hay que reconocer varias cosas: te pongas como te pongas, la imagen de la artista y los futbolistas saliendo del (presunto) parking, grabados desde atrás y luciendo camisetas con sus nombres, es jodidamente icónica. Eso lo primero. Y lo segundo es que la imagen del coche, tan surrealista, tan camp, tan inexplicable, tan hilarante, tan digna de “Muchachada Nui”, también es jodidamente icónica. O, por lo menos, así lo ha decidido internet.
Que, a ver, internet se ha obsesionado en general con Madonna asistiendo al Mundial como si de la Familia Real se tratara. Y también se ha choteado de lo cansadísima que tuvo que quedarse la artista después de haber trabajado 17 segundos. Pero es que la suma de Madonna + Ronaldo + Ronaldinho + buggy dejó a todo el mundo preguntándose si vivimos en una simulación. Tremendo shock. Porque, más allá del coño moreno que tuvo la artista a la hora de llevarse a dos icónicos exjugadores brasileños a una final disputada por el archirrival argentino, esta finísima perla de surrealismo “no estaba en ninguno de mis bingos. And yet here we are”. Es que, cuanto más veces ves el clip, más lo flipas. Especialmente con el acartonamiento de Ronaldo, que tiene a las redes tal que así. ¿O es que acaso tú no percibes perfectamente que en su mirada se puede leer un clamoroso “send help”?
Como suele ser habitual, lo más divertido ha sido ver cómo las redes han querido leer en esta colabo otras situaciones en las que se ve incontestablemente reflejada. A saber: “Cuando mi madre nos lleva a mí y a mi amigo a la práctica de fútbol”, “Acabas de aprobar el examen de conducir y tu madre insiste en que la lleves en el coche con tu hermano”, “La fiesta de fin de año de la escuela cuando hacen actuar a los padres”, “Nunca debes ir a la reunión del instituto cuando ya tienes 40 años”, “Tu padre divorciado y tu tío rarito en su viaje anual a Tailandia”… Y mi favorito entre todos ellos: “Cuando ya sabes dónde está la cámara en el Space Mountain”.
También ha habido mucho cachondeo con los parecidos razonables, especialmente debido al cromatismo de una estampa que puede recordar por igual a los Power Rangers o a los Teletubbies. Por su parte, el paseo en jeep ha sido comparado con otros tan míticos como la huida motorizada de los juguetes de “Toy Story”, el rollo espacial de “Red Dwarf”, la vibra apocalíptica de “Mad Max” (espera, ¿¡está el coche sacado directamente de “Mad Max”!?), los coches prehistóricos de Los Picapiedra (con su correspondiente versión en bazofIA) o la fiesta de modelos de “Zoolander”, que es probablemente como Ronaldo y Ronaldinho creían que se veían desde fuera.
Así que resumamos: no, esto no ha sido un clip generado con IA por mucho que lo parezca. Esto ha sido, repito, un momento histórico que va a seguir dándonos virales como este durante mucho tiempo. Y, oye, si me equivoco y no es así, no pasa nada… Porque con que nos haya dado este meme sobre la prensa musical nacional ya es suficiente, ¿no te parece?
Probablemente porque todos vivimos en pisos cada vez más pequeños que no nos permiten el lujo de tener mascotas, resulta comprensible que cada poquitos meses perdamos el culo colectivamente con el nuevo animalito que las redes adoptan con fervor. Nos pasó con Punch hace nada y menos, y nos está pasando de nuevo en los últimos días con Jimothy, un mapache con síndrome de columna corta que primero conquistó a la ciudad de Seattle y que ahora ya tiene a medio mundo siguiendo con fruición los nuevos avistamientos en los que se dedica a pasear por balcones y retozar en jardines. Las reacciones van desde la habitual petición para que le nombren alcalde honorario de la ciudad hasta el igual de habitual “protect Jimothy at all costs”. Ya se sabe lo que ocurre en este tipo de casos: todo lo demás pasa a ser tan irrelevante que nos convertimos en Jonah Jameson reclamando más y más fotos de la criatura.
Eso sí, aquí no hay historia triste de bullying entre primates, por mucho que internet está queriendo ver un caso de resiliencia y superación inspirador (al parecer) para cualquiera que se haya sentido diferente alguna vez en su vida. Porque está claro que en internet todo habla de ti todo el rato. Ya lo sabes. Es por eso por lo que Jimothy ya ha recibido el tratamiento habitual en este caso de fenómenos y abundan clips que lo enseñan cuando era un bebé, peña que se atribuye el bautizo de la criatura e incluso esfuerzos por establecer un timeline que despeje cualquier tipo de duda sobre los orígenes del mapache.
Curiosamente, allá donde algunos ven una historia de terror, la mayoría ve una perfección suprema amparada en la proporción áurea. Y, mientras Jimothy ha llegado incluso a los estadios de deporte (tanto en las grandes pantallas como en las camisetas de la bancada), a nadie se le escapa que esta criaturita parece salida de la tosquedad poligonal de los primeros videojuegos en 3D. Específicamente, de un videojuego en concreto en el que abundaban enemigos similares. Así que preparémonos para la nueva Era de Jimothy, porque no solo ha empezado ya a protagonizar crossovers tan sorprendentes como este junto a Punch al estilo de “Hora de Aventuras”, sino que puede acabar siendo el protagonista de un esperadísimo estreno que llegará a los cines IMAX en los próximos meses.
Como suele decirse: para esto pago el internet. Porque, a día de hoy, existen pocos directores que me den más rabia que Christopher Nolan en su rollito maximalista, ombliguista, paternalista y pretendidamente purista. El anterior que se embarcó en este tipo de cruzada fue James Cameron queriéndonos convencer de que la estafa de las gafitas 3D era el futuro del cine y ahí lo tenemos, cada vez más irrelevante en su intento de colarnos quince entregas de su saga-peñazo “Avatar”. Ahora, Nolan se ha tomado como algo personal que vayamos al cine a ver su versión de “La Odisea” como a él le da la gana: en IMAX. Pagando el extra que eso supone. Y rezando para que no te toque un asiento en algún punto de la sala que te rompa varios huesos de la nuca.
Porque, vale, es la primera peli rodada íntegramente en este formato y blablablá. Pero vaya fatiga este tipo de gestos megalómanos que, por suerte, siempre serán convenientemente ridiculizados en internet. En este caso en concreto, y ante la turra constante y cansina de Nolan, lo que han hecho las redes es marcarse un trend en el que la gente está posteando verdaderas locuras bajo la frase “Viendo La Odisea de la forma en la que Nolan quiere”. ¿Y cómo quiere Nolan que veas su película? Pues en la pantallita de un teléfono de mesa, en un Kindle de segunda generación, en una cámara de fotos compacta, en un iPod mini, en un Apple Watch, animada en las esquinas de una libretita, en una Nintendo DS, en una BlackBerry, en una calculadora, en la típica tele chusca que el profe te sacaba en los noventa en medio de una clase, en el mando del aire acondicionado, en un CD quemado con una resolución de 355x288, en la pantalla de una nevera… Abundan las personas que se dedican a pegar el teléfono en una pared pelada, claro. Pero ninguno de ellos supera a este chaval que ha imprimido los fotogramas de la peli con una impresora térmica y los ha animado posteriormente. Y ni con tanto cachondeo me va a convencer nadie de que la única forma de “disfrutar” con esta peli de Nolan es, simple y llanamente, no viéndola. Porque menuda pinta de tostonazo tiene. ∎