A Greg Gonzalez le mueves medio centímetro la cortina y ya parece otro disco. Así funcionan Cigarettes After Sex: intimidad, noche, deseo y algo medio escondido. Sus canciones casi siempre parecen ocurrir en espacios cerrados, con poca luz, más cerca de una cama que de una calle y, cómo no, con la voz susurrada del mismo Gonzalez. En su nuevo sencillo, lanzado el pasado martes, y bajo el nombre de “Twizzler”, el decorado vuelve a estar donde lo dejamos, pero alguien ha cambiado la bebida del minibar por un Capri Sun con MDMA.
Cierto es que los texanos no necesitan presentación a estas alturas de la década. Tras la consagración definitiva que supuso su álbum “X’s” (2024) –y, de paso, tras abarrotar recintos enormes en nuestro país como el Palacio de los Deportes de Madrid en noviembre de ese mismo año durante su arrollador “The X’s Tour”–, la banda habita en un estrato inalcanzable. Se ha coronado oficialmente como uno de los nombres más escuchados a nivel global en plataformas de streaming. Lejos de acomodarse en sus propios récords, y tras hacer una sorpresiva aparición estelar en Coachella acompañando a Karol G en “Después de ti”, Cigarettes After Sex regresan con este nuevo sencillo. Es un viaje narcótico y polarizante que mantiene la eterna paleta de claroscuros de la formación, pero añade matices interesantísimos a su imaginario.
El título es toda una declaración de intenciones. Bautizar un corte con el nombre del popular regaliz rojo estadounidense para enmarcar una historia de pastillas y química es un golpe de efecto. La letra es una sucesión de fogonazos visuales: pasamos del lujo nocturno cantando “up on the rooftop of the Standard West / You caught me staring at your moon necklace” al encierro de una habitación donde el éxtasis distorsiona la escena: “I take the molly with a Capri-Sun”. Ese violento contraste entre la crudeza adulta de las drogas y la inocencia de la golosina bajo el sol de Los Ángeles resume lo efímero de la experiencia.
Lejos de narrar un romance tradicional, el tema orbita sobre el impacto egoísta del subidón. El estribillo insiste en su mantra –“I love the way you made me feel / and I don’t care why”– dejando claro que la otra persona es un simple detonante. Este bucle musical es una decisión narrativa que imita el disco rayado de una memoria intoxicada. Mezclar golosinas y excesos ya ha sido marca de la casa: vimos cocaína escondida en caramelos infantiles en la añeja “Sesame Syrup”, la cara B de su sencillo “Crush”, y recordemos aquel desgarrador “And I watched you do a line / That you spread out on the table” de su clásico “Touch”, incluido en “Cry” (2019).
A nivel sonoro y visual, la maquinaria sigue intacta. Aunque la producción respira con un beat ligeramente más ágil y refrescante gracias a los teclados de Jeff Kite, la inconfundible base rítmica de Jacob Tomsky en la batería y Randall Miller al bajo nos ancla a su sonido de siempre. Fieles a su estricta y cuidada estética, rematada por una melancólica portada fotográfica en blanco y negro firmada por Kirsten Thys van den Audenaerde, Cigarettes After Sex demuestran que nadie sabe ahogarnos en el recuerdo de una noche vacía con tanta belleza. ∎