Lanzado en casete (y digital: YouTube y Bandcamp) a principios de 2025 a través del sello independiente People’s Coalition Of Tandy, el debut de Dagmar Zuniga ganó algo de tracción dentro de la escena antifolk cuando uno de sus abanderados más respetados, Phil Elverum, lo descubrió y decidió contar con su autora para acompañar a Mount Eerie en su última gira. Aquella colección de canciones de folk espectral, atemporal y casi antediluviano parecía destinada a permanecer como un secreto guardado lealmente por un nicho, un objeto de coleccionismo musical para fanáticos del lo-fi y la tape music, detenido en el tiempo. Pero ahora, un año después, AD 93 tiene a bien reeditarlo en múltiples formatos y ponerlo a disposición (incluidas plataformas de streaming) de un público mayor, dándole la atención que quizá mereció en su momento.
No es extraño (más bien resulta hasta poético) que el disco llegue de la mano de AD 93: el sello underground londinense publicó el año pasado “Blurrr” de Joanne Robertson y “Goodness” de feeo, dos álbumes que en cierta manera (junto al “Diamond Jubilee” de Cindy Lee, en una versión sin electrificar) sirven para delimitar el universo de “in filth your mystery is kingdom / far smile peasant in yellow music” porque ambos someten cualquier impulso melódico al ruido de la estática, abandonándose a un universo de extrañeza, y porque ambos parten del lenguaje del folk y la canción de autor para acercarse a texturas experimentales a través de una ética doméstica, conectando con la Grouper de “Dragging a Dead Deer Up a Hill” y con algunos momentos del “Tender Buttons” (2005) de Broadcast.
Aunque la atmósfera en principio pueda hacernos viajar al sonido Laurel Canyon por el tipo de canciones que son, pequeños lamentos de folk preciosista, pastoral y ligeramente alucinado, con algo de la extrañeza de las composiciones de Linda Perhacs o la inocencia casi desoladora de Sibylle Baier, realmente este disco tendría más que ver con las recopilaciones perdidas de demos de Nico, Karen Dalton o Vashti Bunyan, bocetos ariscos que capturan la belleza cruda y brutal de un instante concreto casi de forma impresionista: en “Memory Always Sees The Loved One Smaller”, el ruido directamente se impone sobre la canción. Grabado completamente en un Portastudio TASCAM 424 (un grabador de casete de cuatro pistas comercializado por primera vez en 1982), “in filth your mystery is kingdom / far smile peasant in yellow music” se compromete profundamente con el método por el que opta Zuniga, convirtiendo el error en virtud espontánea y dejando que sean el ruido blanco y la imperfección los que definan el horizonte emocional. El TASCAM, así, no es una necesidad; es una limitación autoimpuesta, como lanzarse a la aventura de hacer la no-hit de un videojuego o decidir pasárselo sin curarse, sin subir de nivel, sin morir o sin guardar.
Este enfoque, que acerca el álbum a los dominios de la música experimental y los métodos de la música concreta, queda claro a partir de “LN60: Jupiter opposite Jupiter”, una composición disonante de drones, planchas de ruido y sintetizadores analógicos desafinados que casi derivan en líneas telefónicas. “Rose Of Mysterious Union”, después, simula una psicofonía reproducida al revés en un VHS del universo “Silent Hill”. “Photography The Hard Way” pareciera una grabación pirata de Stereolab infiltrada en el catálogo más etéreo de 4AD. Y la final “To Live Happily” arranca en una especie de territorio en guerra como queriendo sintonizar una misa en un radio estropeada, pero encontrándose siempre con algo parecido al “Sexy Boy” de Air o al “Tender Buttons” haciendo interferencia.
Incluso en sus momentos más formalmente clásicos, el álbum parece ir descendiendo poco a poco por un valle inquietante, por su propia escalera infinita. Desde la inicial “Even God Gets Stuck In Devotion” (con Austyn Wohlers de Tomato Flowers a la flauta y ecos ahogados de Jessica Pratt), las voces parecen asfixiarse más y más hasta descomponerse casi por completo en canciones como “Why I Remember (Each Day of Summer)”, y las guitarras se desmoronan como en “A Car With No Lights On”: bañada en ecos dream pop, se debate entre la música cristiana y una psicodelia fantasmagórica, reflejando una de las múltiples tensiones que definen el conjunto. La segunda “Even God Gets Stuck in Devotion” contrapone la que es probablemente la melodía más bella del disco con un piano desvencijado y disonante; las voces fantasmales de “Garden” forman una abstracción que roza el jazz, y “Plenty For All The Masses” evoca los muros de sonido spectorianos pero por la compresión de las pistas.
Esta devoción de la artista nicaragüense-estadounidense hacia su propia metodología le da al disco un subtexto trascendental pues es, en sí mismo, un acto de amor desinteresado hacia el hecho de componer y grabar música con pocos elementos y ninguna aspiración, y desafiando además dogmas estéticos, en un mundo decadente que lo entiende todo desde la lógica comercial. “in filth your mystery is kingdom / far smile peasant in yellow music” es música herida pero resiliente, que deja la puerta abierta a la esperanza y a la contemplación extática de la belleza. Suspendida en el espacio y en el tiempo. Que confunde lo material y lo etéreo, lo físico y lo espiritual: la titular “In Filth Your Mystery Is Kingdom” exhibe la solemnidad eclesiástica de la música de órgano mientras un reloj parece dar los últimos segundos del mundo en lo que es una especie de réquiem sereno por todo lo que se acaba. Hay belleza en el mundo, allá donde cada uno quiera mirar, pese a todas las atrocidades que suceden en sus paisajes. Una visión apocalíptica pero al mismo tiempo profundamente liberadora, y que es tan contradictoria como el hecho de que este disco, que puede entenderse también como un acto de rebelión contra la tiranía de los algoritmos y la vacuidad de ciertos avances tecnológicos, haya alcanzado a la gente gracias a la difusión que permite internet. Elegir creer quizá es la decisión más valiente de todas, más cuando todo parece estar ya perdido. ∎