EP

Joseba Irazoki - Noël Akchoté

ErrexRepetidor, 2026

Noël Akchoté (París, 1968) es una de las máximas figuras internacionales de la guitarra, explorando con la misma intensidad el free jazz, la música contemporánea, el blues del Delta o el pop más inesperado. Suya es una extensísima (no es exageración) discografía (solo tienes que buscarle en Spotify y ver cuántos discos publica al año, compitiendo en prolificidad con los mismísimos John Zorn o Fred Frith) en la que no faltan hasta versiones para guitarra de compositores clásicos, de Johann Strauss a Erik Satie pasando por Béla Bartók o sus numerosas relecturas de la música medieval (incluidas las Cantigas de Santa María de Alfonso X El Sabio). Por no hablar de que es un “colaborador en serie”, que ha grabado con infinidad (sí, infinidad) de músicos, desde Derek Bailey a Fred Frith pasando por Evan Parker, Marc Ribot, Luc Ferrari o Mary Halvorson, por no hacer la lista interminable, a la que ahora se suma nuestro Joseba Irazoki.

Este es otro músico de fronteras, tanto musicales como geográficas –nació en 1974 en el pueblecito navarro de Vera de Bidasoa, situado a caballo entre el País Vasco y Francia–, otro guitarrista que ha construido su carrera transitando entre el rock alternativo y la improvisación libre, entre la canción de autor y la exploración experimental, sin limitarse en exclusiva a ningún territorio.

La trayectoria de Irazoki arranca en el rock –formó parte de Atom Rhumba y ha sido (o es) colaborador habitual de artistas como Nacho Vegas (entró en su banda para “Resituación”), Mikel Erentxun (y Duncan Dhu), Rafael Berrio (grabó con él “Niño futuro” e intervino en sus directos) o Rüdiger (el alias en solitario del músico vasco Felix Buff, que lo acompañaba en el proyecto Joseba Irazoki eta Lagunak, su banda “de verdad”) y también se cita en ocasiones con personalidades como Niño de Elche o Elena Setién–, pero su pulso más personal nace cuando la guitarra deja de seguir un plan y empieza a pensar por sí sola. Es lo que él mismo llama “composición al instante”, una zona de riesgo –o quizá sea su insospechada “zona de confort”– en la que el instrumento y el intérprete se confunden y el resultado no puede preverse ni repetirse. Él cuenta, en comparación, con “solo” una veintena de discos publicados, en sellos tan dispares como Creative Sources, Important Records o Bidehuts, pero la suya es una de las discografías más singulares y menos etiquetables de la música española contemporánea.

Hace cuatro años, Irazoki participó en un álbum recopilatorio, “MANOS OCULTAS. A Contemporary Guitar Music Compilation From Spain” (Philatelia Records, 2022), interpretando “Hor Cheshire Hotel”, su versión de una composición del guitarrista francés Noël Akchoté que Irazoki descubrió a través de Mary Halvorson –la estadounidense la incluyó en su álbum en solitario “Meltframe” (2015)–, y luego la repetiría en su álbum “Gitarra lekeitioak onomatopeikoa II” ( 2024), siendo la única canción no compuesta por él en ese disco.

A raíz de esa versión, Irazoki entró en contacto con Akchoté y le pidió que colaborara en alguna pieza suya. Así, a distancia, se grabaron no una, sino seis piezas, las que han dado forma, finalmente, a este EP de apenas 13 minutos de duración. Como me explica Irazoki, él es quien guía la trayectoria de “Errex”, ya que él era quien proponía el motivo que servía de punto de partida, “y él me enviaba después su impro”. Para distinguir quien hace qué en el disco, Noël toca el dobro (guitarra resonadora) en las seis piezas, mientras que el navarro toca banjo, guitarra eléctrica y guitarra hawaiana (o lap steel).

El título, “Errex”, es “fácil”, en euskera, y era lo que Akchoté le decía a Irazoki todo el rato, para “hacerlo todo lo más fácil posible”… El resultado, improvisatorio, es subyugante y delicado, alejado de toda estridencia pese a emplear la disonancia –entendida no en la primera acepción de la RAE, “sonido desagradable”, sino en la tercera: “acorde no consonante”, el logro más revolucionario del dodecafonismo de Schönberg–. Las seis piezas –todas tituladas “Errex” más un número romano– son breves (¡a veces muy breves! y rebeldes ataques a una idea, cuya principal particularidad es la sutil flexibilidad y el brillo distorsionado de lo que en ocasiones parece una danza de cuerdas brillantes y relucientes y, en otras, un intercambio tranquilo y pausado de sonoridades entre dos guitarras que, lo reconozco, no siempre soy capaz de distinguir si lo que suena es dobro, guitarra eléctrica o hawaiana).

A modo de continuación, fruto del contacto ya establecido, en mayo del año pasado Irazoki y Akchoté coincidieron en persona en Barcelona, antes de dirigirse a Vic para tocar juntos en directo en el Festival de Jazz de Vic, y entraron en los estudios Caballo Grande, en Barcelona, para registrar una auténtica sesión de improvisación que, como me cuenta Irazoki, seguramente se publique este otoño. 

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