No todo el mundo que se marcha de un lugar tan inhóspito como el Medio Oeste norteamericano en busca de fortuna lo hace pensando en regresar. Kevin Morby, que escapó a Nueva York desde Kansas City, donde se había criado, e inició una valiosa carrera como músico, sintió esa llamada de las raíces allá por 2020, cuando publicó su sexto álbum en solitario, “Sundowner”. Si bien había empezado unos años antes a transitar de ese rock del lado salvaje de la Gran Manzana a la música de las dylanianas deidades del folk, es en esa época cuando se instala de nuevo en la ciudad de su infancia y empieza a componer con el foco en aquel lugar. “This Is A Photograph” (2022) y su anexo “More Photographs (A Continuum)” (2023) incidían en la recapitulación de memorias acuñadas en el centro geográfico del país. Morby considera este “Little Wide Open” la guinda de una especie de trilogía de Kansas.
El azar hizo que le pillase con la guardia baja “Square One”, una sencilla canción de “Highway Companion” (2006) de Tom Petty, sonando en la radio de su furgoneta. De inmediato pensó que eso era lo que quería para su nuevo álbum. Con cierto sentido del humor, lo bautizó en contraposición a “Into The Great Wide Open” (1991), famoso y grandilocuente disco de Petty. De nuevo el azar le llevó a telonear a The National, cuyo guitarra Aaron Dessner le confesó al acabar que era muy fan de su música. Ya tenía productor. Respetando la idea original, la intención de Dessner fue la de desnudar en lo posible las canciones no dando a cada una más de lo que pedían. Y sobre todo dar espacio a esa voz, resaltando la expresividad y el aura de paz que ha alcanzado con los años.
La inesquivable influencia de su tierra, desde los tremendos fenómenos meteorológicos a los grandes cielos, los vastos pastos para el ganado o las interminables carreteras, vertebran todas y cada una de las canciones. Aprovecha Morby la fuerza de lo externo para meditar sobre lo interno. En la brillante apertura rebautiza como “Badlands” a su tierra, en homenaje a la homónima película de Terrence Malick de 1973 –aquella referida a las auténticas “Badlands” de Dakota del Sur– y a la conocida canción de Bruce Springsteen. Como curiosidad, el agudo sonido imitando las sirenas de aviso de los tornados es la voz de Justin Vernon, más conocido como Bon Iver. Los bonitos coros repitiendo ese “Heaven is a place on Earth”, guiño a Belinda Carlisle, son de Amelia Meath del dúo Sylvan Esso. Hay que decir que el poderío rockero de Morby se va imponiendo al espartano plan inicial. Así sucede a lo largo de la primera mitad del álbum.
Tras una más templada “Die Young” dedicada a los amigos caídos en el camino, llega el que ha sido el primer single del álbum, una vitalista “Javelin” que ya destacamos aquí. La cumbre del álbum es la majestuosa “Natural Disaster”, un homenaje al “Street Hassle” (1978) de su héroe de juventud, el inmortal Lou Reed. No solo por la melodía del riff de bajo y las nerviosas cuerdas que surgen hacia al final. Si Reed metió en su himno urbano a todo un Springsteen recitando un texto, Morby decide hacer lo propio con uno de sus ídolos, la gran Lucinda Williams. La diva country parece detener el tiempo con su carisma antes del velvetiano acelerón rítmico y de que, de nuevo Vernon, le prenda fuego al tema con un febril solo de guitarra. Otra brillante guitarrista –Meg Duffy, de la banda Hand Habits– iguala las llamas eléctricas al final del precioso medio tiempo “100.000” ofrecido con emoción a todos esos jóvenes sin grandes aspiraciones de las pequeñas ciudades de provincias.
Con la canción titular se inicia la parte del disco más fiel a la idea original. La batería desaparece en algunos temas o pasa a un segundo plano en otros, y la pedal steel guitar, el violín y el piano nos traen al Morby más cercano a las músicas de acento folk de toda su carrera. Si en “Cowtown” confiesa las ganas que sintió de escapar de la aburrida ciudad vaquera, en “Bible Belt” avisa al forastero de que aquello es duro pero más vale tomárselo con una sonrisa. Aunque las canciones de este tramo son notables, el traje clásico no le sienta tan pintón a Morby como esa vía intermedia de la primera mitad. A destacar, en este final, los bonitos arreglos de arpa de Tom Moth, de Florence + The Machine, en la delicada “Junebug”, y el cierre con “Field Guide For The Butterflies”. Un sollozante riff de guitarra puntúa esta preciosa guía de viaje para las mariposas, que él suele ver, con pena, estrellarse en el parabrisas de su coche conduciendo por aquellas áridas carreteras. Por supuesto, más que un canto ecologista es una punzante metáfora. Con esas últimas reflexiones de Morby al volante flotando en el aire, no hay duda de que ha sido un maravilloso viaje a su lado; quizá le hayan sobrado algunos kilómetros, pero la sensación de que, con él, vale la pena ir a cualquier parte, se nos queda muy adentro. ∎