Disco destacado

Olivia Rodrigo

you seem pretty sad for a girl so in loveGeffen-Universal, 2026

El esperado tercer álbum de Olivia Rodrigo comienza por todo lo alto con “drop dead”, primer single y otro top one para la joven artista, uno de esos temazos que suelen guardarse para cerrar los discos. Pareces un ángel de las paredes de Versalles”, le dice a su amado esta hermosa californiana de sangre germano-filipina natural de Murrieta, California, que tanto fanatismo despierta en España, como ha podido comprobarse recientemente en sus conciertos de Barcelona. Es normal, sus canciones suenan a himnos generacionales, son íntimas y directas, perfectas para captar las miradas en esta era de la sobrexposición. Pero tienen tanta fuerza y ella parece tan nuestra como Murrieta, su ciudad natal fundada por dos paisanos de Santurce a finales del siglo XIX. “drop dead” habla sobre el descubrimiento del amor, a priori eterno, desprende enjundia lírica y la interpreta con la euforia propia de Robert Smith en “Just Like Heaven”, un título de The Cure que Rodrigo menciona en su canción donde también había ángeles, desmayos, desvelos y una atracción absoluta con fin gótico que Olivia no replica.

Resulta sorprendente observar la querencia de estos megaídolos teen por old farts como Smith, David Byrne (grande su relectura de “drivers license”), Vini Reilly (Harry Styles homenajea a The Durutti Column en el festival Meltdown que le toca organizar este año, además de mencionarlo como influencia clave en su álbum “Kiss All the Time. Disco, Occassionally.”), John Cale (colabora con Charlie XCX en “Wuthering Heights”) o Luke Haines (Billie Eilish es fan de Black Box Recorder). El buen gusto y la memoria no siempre van de la mano y cuando pasa el milagro es doble.

“the cure”, el segundo single y uno de los mejores cortes del disco, no va sobre el grupo inglés. Los rasgueos de guitarra acústica hablan por sí mismos, pero la letra trata sobre cómo el amor puede convertirse en tu mayor problema cuando la sociedad te exige estar guapa, perfecta y deseable todo el tiempo: Todas esas chicas lindas en el fondo de mi mente, creía que había hecho suficiente, pero siguen subiendo el nivel”. “what’s wrong with me” plantea otro desengaño, pero es la pieza que Olivia Rodrigo se reservó con Robert Smith en el último festival Primavera Sound. Amos reeditaron el viejo mito de la bella y la bestia, posiblemente para horror de alguna sección de seguidores de TikTok, como antiguamente Kylie Minogue y Nick Cave, Jane Birkin y Serge Gainsbourg, Nancy Sinatra y Lee Hazlewood, también especialista en baladas este último sobre el dolor de corazón con retranca. Smith no interviene en la composición del tema pero su participación ha sido intensa aportando voz, guitarra, bajo y piano, además de intervenir en el sonido junto con Daniel Nigro, productor y coautor con Rodrigo de todos los temas del álbum, como en sus dos discos anteriores. Amy Allen incrementa esta vez su presencia en la escritura de cinco cortes.

El tercero y creciendo. Foto: Nick Walker
El tercero y creciendo. Foto: Nick Walker

“you seem pretty sad for a girl so in love” es un ciclo de canciones que relata la vida y muerte de una relación, tal vez la suya con el actor británico Louis Partridge. Material ultrasensible que Rodrigo enfoca sin la acritud vindicativa de una Lily Allen en su reciente “West End Girl” (2025) o de ella misma en “GUTS” (2023), su anterior disco. Hablar de amoríos, con todo lo que pasa en el mundo, tal vez parezca banal. Sucede que temas como “stupid song” –tercer single de la nueva saga– resultan tan convincentes, contienen tanta fuerza musical y finura expresiva que acaban arrastrándote en su euforia y torrencialidad. A esto contribuye la atracción que ejerce la receta de este icono pop, tendente a 0% en divismos añadidos, que sabe distanciarse razonablemente de la previsibilidad mainstream gracias a esos aromas alternativos –The Cure de nuevo en “maggots for brains” y “u + me = <3”; la new wave de The Cars puesta al día en “my way”–, al empleo inteligente de los créditos del presupuesto –esas cuerdas no sinfónicas en cuatro temas estupendos– y a las dinámicas catárticas y la efectividad de unas melodías que saben zafarse de la homogeneidad sonora imperante a pesar de baladas necesarias, en absoluto despreciables, como “honeynee”, “less” o “begged”, donde “todo lo que quiero es sentarme en silencio y ver películas en la TV remite a “Video Games” de Lana Del Rey.

El álbum termina con “expectations”, otro tema digno de la versión más robot-disco-punk de los Cars, con perlas disolventes tipo tenía un gran apartamento y un coche que le compraron sus padres, creía que era perfecto”, y la despedida como mandan los cánones de “cigarette smoke”, brillante colofón de un trabajo racional y pasional cuyas canciones todavía no han tenido tiempo de registrar las cifras cósmicas –miles de millones de escuchas– de “driver license” o “good for u”, pero sí auténticas exégesis en los apenas dos días de vida de un trabajo que rebosa madurez, grandes composiciones y supone la prueba reputacional definitiva del genio de esta posadolescente superdotada. ∎

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