Una voz esencial.
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Carmen Linares

La luz del entendimiento

Fotos: Alfredo Arias

21.04.2026

Hace 30 años, Carmen Linares publicó “Antología. La mujer en el cante”, un doble álbum capital para el flamenco que supuso un ejercicio de divulgación y restitución inéditas, convirtiéndose en brújula imprescindible para navegar con solvencia por las aguas del género. El viernes, 24 de abril, recordará parte de este repertorio inmortal en la localidad madrileña de Fuenlabrada.

Carmen Linares recibe a Rockdelux en su casa del barrio de Vallehermoso, en Madrid. Acogedora y cariñosa, sigue las instrucciones frente al objetivo de Alfredo Arias con una sonrisa, mientras su marido y cómplice, el periodista Miguel Espín, comparte detalles sobre la colección de discos, libros y fotos que anida en los estantes del salón: antologías y colecciones de flamenco en doce pulgadas, una foto de Carmen con su hija Lucía cantando juntas en la sala Galileo Galilei, un buen surtido de vinilos de tango, un libro de gran formato sobre su queridísimo Enrique Morente, una imagen de la boda de los padres de él en la que los Espín posan con su amigo Manuel Machado…

Entre disparo y disparo, la pareja evoca el tiempo vivido durante la época dorada de los tablaos madrileños, a principios de los setenta, con una Carmen todavía jovencísima –ahora tiene 75 años– forjando su oficio en el cante atrás en locales de halo mítico como Torres Bermejas. Cuando terminaba el turno del cuadro y se daba paso a los cabezas de cartel –“la atracción”, así lo llamaban–, ella no se iba a casa, prefería quedarse a escuchar para aprender de los mayores. “Estaba La Perla de Cádiz y estaba Camarón, y me quedaba todas las noches”, explica con el leve acento sureño que pervive en su discurso casi seis décadas después de haber sido adoptada por los madriles. “Le cantaba a uno de Los Pelaos, a El Fati, que era el padre de todos, y me quedaba cuando terminaba el cuadro, aunque a la una ya me podía ir. Pero me quedaba en un rinconcito escuchando a La Perla y a Camarón, me encantaba. Y he visto bailar a El Güito y a Mario Maya allí. Y estaba Pepe Habichuela, que luego me ha acompañado mucho”.

El maestro granadino, de hecho, fue uno de los guitarristas que tocó para Carmen en el doble álbum “Antología. La mujer en el cante” (Mercury-Polygram, 1996), un trabajo crucial en la trayectoria discográfica de la artista andaluza. También es una obra cardinal para la divulgación y documentación del género que, 30 años después, sigue asombrando por lo intrépido de su planteamiento y resolución formal. Escucharlo por primera vez sin tener nociones de flamenco es como desplegar un mapa cuya leyenda –clara y meridiana– te permite trazar todos los itinerarios posibles del cante. Y es probable que sigas recurriendo a él a lo largo de tu vida, ya sea para refrescar conocimientos o para entregarte a la misma emoción que recorría aquellas primeras escuchas. “Esto que me estás diciendo me da mucha alegría”, asegura Carmen. “Con esa antología, a la gente que estaba empezando a escuchar el flamenco se le dio los cantes antiguos pero llevados al presente. Con guitarristas jóvenes y con guitarristas mayores. Eran cantes que estaban hechos por una mujer joven, con su perspectiva y con su visión, con su personalidad en ese momento. Lo que dices es muy bonito para mí. Fue un disco muy importante para mi carrera, porque era la primera vez que una mujer grababa una antología dedicada a los cantes que habían aportado las mujeres. No me propuse hacer un disco que tuviera mucha importancia para la mujer, pero fue así. Fue importante para mí y para las cantaoras. Sobre todo porque había cantaoras que no se habían escuchado mucho. Fue un trabajo muy bien documentado, lo documentó Miguel con José Manuel Gamboa, y entre los tres formamos un tándem para hacer un trabajo importante. Un trabajo que llevábamos mucho tiempo pensando, hecho tranquilamente. Y es un disco que está ahí, vigente todavía”.

Treinta años de un disco referencial, documental e histórico.
Treinta años de un disco referencial, documental e histórico.

Cambiaste de parecer

El camino trazado por “Antología. La mujer en el cante” desde su concepción teórica hasta su materialización fue largo y complejo. Se propuso su realización a finales de los ochenta pero no vio la luz hasta ocho años después, cuando Javier del Moral aprobó el proyecto desde su despacho en las oficinas del sello Polygram. El equipo formado por Carmen, Miguel y José Manuel Gamboa –espoleados en su momento por el crítico y escritor Ángel Álvarez Caballero, que es quien firmó las notas del libreto– manejaba la idea de grabar una serie de cantes creados por mujeres que Carmen había conocido de primera mano en su trabajo o escuchado en registros casi incunables, algunos en soporte mineral. Ella conocía bien los cantes de La Niña de los Peines, de La Trini, de La Perla de Cádiz o de La Peñaranda. Y él, que trabajaba como guionista en Televisión Española, había escrito series como “Flamenco” (1974-1978), “Ayer y hoy del flamenco” (1980-1981) o “Arte y artistas flamencos” (1989-1992) y era diestro en las labores de documentación, búsqueda y compilación.

Con el músico y productor José Manuel Gamboa habían trabajado anteriormente en “Cantaora” (Flamencos Accidentales-DRO East West, 1988) y “Canciones populares antiguas” (Auvidis, 1994), discos que conectaban –ya sea desde el método de trabajo o el diseño sonoro– con lo que se propuso en “Antología…”. La grabación del doble álbum –27 cantes, 137 minutos de registro– fue fragmentaria e implicó a 14 guitarristas de distintas generaciones y escuelas: de Vicente Amigo y Juan Carmona “El Camborio” a Paco Cepero y Perico el del Lunar, pasando por Tomatito, Rafael Riqueni o Moraíto Chico. “A Gamboa lo conocíamos muy bien, ya sabíamos, nos gustaba mucho su forma de trabajar. Y además él aportó muchas cosas en la grabación: ‘Carmen, mira esto; a ver, prueba esto’. Había guitarristas que los teníamos muy claros, que me habían acompañado, pero luego otros los sugirió José Manuel. Yo había trabajado con Paco Cortés y con Miguel Ángel Cortés. Pepe Habichuela por ejemplo toca muy bien las alegrías en una tonalidad que es su especialidad. Con él hicimos las alegrías de La Niña los Peines, y ahí toca recordando a Sabicas. O sea, es que están todos..., es que no es casualidad. Pepe Habichuela dijo: ‘Ah, ¿lo toco en el tono por medio?’. Pues sí, es que no es casual, es que sabemos que por ahí eres un fiera”.


“En ‘Antología…’ tienes la esencia de esos cantes de La Perla, pero hechos por otra persona. Con Juan Habichuela hice los cantes de su tía Marina: pues él le da el punto. Vicente Amigo alguna vez me había acompañado, pero los suyos eran cantes a los que él le sacó esa modernidad. Es un disco que está vigente”


La conversación de Carmen fluye libre de énfasis o vanidades, pero eso no le impide subrayar la intención y el propósito de cada decisión tomada en el disco. “Los guitarristas son distintos, pero tenía sentido por qué estaban ahí. Eso fue muy importante. En los cantes de La Perla de Cádiz, por ejemplo: tuve la suerte de escucharla, a otras solo las escuché en discos de pizarra, pero a la Perla la escuché, conviví con ella, hemos cantado juntas. Pues el guitarrista de La Perla era Paco Cepero y le da un punto a esos cantes de ella, así que pensamos que era Paco quien tenía que hacerlo, y vino él e iba todo sobre ruedas. Incluso le recordábamos falsetas. En ‘Antología…’ tienes la esencia de esos cantes de La Perla, pero hechos por otra persona. Con Juan Habichuela hice los cantes de su tía Marina: pues él le da el punto. Vicente Amigo alguna vez me había acompañado, pero los suyos eran cantes a los que él le sacó esa modernidad. Es un disco que está vigente”.

También pervive la amistad con los compañeros que prestaron su talento y conocimiento a la obra. Y cuando coinciden con alguno de estos queridos camaradas y recuerdan el trabajo realizado hace ahora tres decenios, solo pueden sonreír. “Sí, el otro día vimos a Vicente y lo recordamos. Le digo: ‘¿Te acuerdas cuando fuimos a ensayar?’. Fuimos al hotel Victoria, él luego tenía una grabación con Paco de Lucía y lo llevamos a casa de Paco. Y me hizo mucha gracia, porque ahí estaba Paco, con un batín: ‘Quedaros, que están haciendo unos boquerones fritos’. Y preguntaba Paco: ‘¿Qué estáis haciendo?’. Se lo expliqué, y estaba también su hermano Pepe de Lucía, que nos dijo: ‘¿Pero vas a cantar la petenera de La Niña de los Peines? ¡Que eso trae mucho bajío!’. Y le digo: ‘¡Anda ya con el bajío ahora, que yo lo voy a cantar, si la cantó La Niña de los Peines y vivió hasta no sé qué!’. Es que la guitarra pegó un salto con Paco de Lucía… Ahora encontrar a gente que no toque bien es muy difícil, te viene un niño de 20 años y hace así, empieza a tocar y dices: ‘¡Jolín qué bien!’. La técnica ya está ahí, luego hay que hacerse como artista, pero se puede desarrollar teniendo esa base”.

Flamenca libre.
Flamenca libre.

Tan afortuná yo soy

“Antología. La mujer en el cante” es coetáneo de otro disco esencial, el “Omega” (1996) de Morente y de Lagartija Nick. Son obras de planteamiento muy distinto, aunque pudieron tener efectos parecidos y complementarios. Se publicaron casi al mismo tiempo y acercaron el flamenco a un público nuevo desde perspectivas distintas. Quizá pasó algo parecido con “Canciones populares antiguas”: artistas como La Plazuela o Queralt Lahoz han grabado a su manera parte de ese repertorio eterno, al igual que músicos jóvenes reivindican hoy el impacto producido por “Omega” y cantaoras como Ángeles Toledano o Rocío Márquez reconocen la importancia que tuvo para ellas la antología de Carmen. “Alguna ha venido con la ‘Antología…’ para que se lo firme”, dice, riendo. “A mí me da mucho orgullo y me encanta que haya servido, creo que también ha servido para que muchas mujeres se animen y se atrevan. Porque la época mía era distinta… No en mi caso, ¿eh?, porque yo he tenido suerte con mi padre, que fue el primero, y luego con mi marido. Entre los dos empujaban suavemente y empujaban en buen son: ‘No te desanimes, esto es muy bonito, tú has nacido para esto’. Pero hay mujeres que no han tenido esa suerte, que cantaban pero no tenían ese apoyo de la familia y del entorno. Me da mucha alegría que ellas se hayan atrevido, ya es otra época. Ahora tú le dices a una niña de 18 que no haga esto y te dice: ‘¿Cómo?’, y va para delante. Eso es estupendo”.


“A mí me da mucho orgullo y me encanta que ‘Antología...’ haya servido para que muchas mujeres se animen y se atrevan. Porque la época mía era distinta… No en mi caso, ¿eh?, porque yo he tenido suerte con mi padre, que fue el primero, y luego con mi marido. Entre los dos empujaban suavemente y empujaban en buen son: ‘No te desanimes, esto es muy bonito, tú has nacido para esto’


En cualquier caso, el disco que nos ocupa salió hace mucho tiempo, en otro mundo, y no se aplicó una perspectiva feminista sobre él. Tampoco su autora lo hizo de manera explícita, aunque sí tiene cosas que decir al respecto: “No lo hice para reivindicar el feminismo, pero si hay que reivindicarlo, pues claro que lo reivindico ahora. Y antes también, pero en ese momento, sin yo saberlo, estaba haciendo un disco que era muy importante para el feminismo. ¿Lo consideráis feminista? Pues estupendo, hasta que las mujeres no tengan los mismos derechos que el hombre, pues vamos a seguir. Me encanta que se considere feminista, aunque no era esa mi intención, yo no iba pregonando el feminismo porque ya lo era. Me gano la vida desde los 17 años. He tenido esa suerte, sí. Pero he conocido, pues yo qué sé, a La Sayago, una cantaora de Sanlúcar que tenía que cambiarse el nombre, anunciarse en los carteles con otro nombre porque su marido no la dejaba cantar. Ella decía: ‘Me voy a ver a mi hermana’. Y se iba, cantaba en el pueblo y volvía. Ese tipo de cosas las he vivido pero no las he sentido en mí. Cuando yo empezaba había cantaoras muy importantes como la Fernanda y la Bernarda de Utrera, que ellas no tenían ningún problema. O La Paquera. O María Vargas. Gente muy importante, yo he cantado con ellas y ahí no había ni machismo ni nada en ese sentido. En el mundo del flamenco no he sentido ese machismo, pero sí sé que lo había, claro que lo había. Pero a mí me han respetado siempre, quizá porque era muy joven pero veían que me tomaba esto muy en serio, que era una cantaora que escuchaba y que aportaba, que aprendía y que llevaba el flamenco por bandera. ¿Que había machismo?… Hombre, claro que había machismo. El del carnicero, el del pescadero... Luego escuchabas cosas en las peñas del flamenco que decías: ‘Bueno, mira…’. Pero a mí siempre me han respetado mi sitio. Cuando me preguntan, pues lo tengo que decir, no voy a decir algo que no sea verdad, pero sí que había machismo. Claro que había. Si no estaba el marido, estaba el padre: ‘Que no, que la niña no cante’. Pero yo tenía a mi novio, que le gustaba el flamenco más que a mí todavía”.

En el corazón te llevo

Con la complicidad de sus seres queridos, Carmen Linares ha articulado una carrera impresionante que, además, ha sido reconocida en tiempo real. El Premio Nacional de Música en 2001, la Medalla de las Bellas Artes en 2006, el Premio Princesa de Asturias de las Artes en 2022 o el Grammy Latino a su trayectoria en 2023 se suman a reconocimientos académicos de universidades como Berklee o Sevilla. En su discografía, además de los álbumes que ya hemos citado, encontramos joyas elaboradas junto a otros músicos –“Locura de brisa y trino” (Mercury, 2000) con Manolo Sanlúcar o “Un ramito de locura” (Mercury, 2002) con el trío de Gerardo Núñez– y discos de belleza imponente como el directo “Remembranzas” (Salobre, 2011) o su aproximación a la poesía de Miguel Hernández en “Verso a verso” (Salobre, 2018).

Verso a verso.
Verso a verso.

Cualquiera que haya tenido la suerte de verla cantar sabe que el público le profesa un cariño genuino, fruto de la devoción con que ella se entrega al oficio. Cuando su antología femenina se publicó, Carmen ya era una artista muy reputada, pero el disco fue un éxito comercial e impulsó su agenda. “Fue un antes y un después, me puso en otro sitio. Yo había grabado ya discos muy buenos y ‘Canciones populares antiguas’ también me abrió el campo de los teatros. Como ‘El amor brujo’. Cantar ‘El amor brujo’ me llevó a sitios donde es difícil entrar con flamenco jondo. La antología me dio trabajo, me abrió muchas puertas, pero sobre todo me dio prestigio como cantaora. Considero que eso fue lo más importante”.

El eco de aquel trabajo coral –en el que se convocó a prácticamente todas las estrellas de la guitarra flamenca para ejecutar una maniobra de rescate con la que nadie se había atrevido hasta entonces– ha resonado durante muchos años. Se percibe en clásicos contemporáneos como “Los Ángeles” (Universal, 2017) de Rosalía, quien incorporó a “Si tú supieras compañero” varios versos de “Toma este puñal dorao”, las cantiñas de La Mejorana, Rosa La Papera y Rosario la del Colorao con que echaba a andar “Antología. La mujer en el cante”. “No lo había escuchado, a mí Rosalía se me pasó, la conocí cuando cantaba flamenco, en el Ateneo, que hicimos una cosa allí juntas. Yo estaba haciendo de la madre de Séneca (se refiere a su participación como actriz y cantante en “Séneca”, de Antonio Gala, con dirección de Emilio Hernández, ella en el papel de Helvia) y uno de los actores de la obra me lo puso: ‘Anda, mira, escucha, Rosalía, qué bonito’. Que Rosalía cantara ‘Toma ese puñal dorao’… pues es que nunca se sabe. Igual que las canciones de Lorca luego las ha cantado mucha gente, ese disco también sirvió para eso”.


“El disco fue un antes y un después, me puso en otro sitio. Yo había grabado ya discos muy buenos y ‘Canciones populares antiguas’ también me abrió el campo de los teatros. Como ‘El amor brujo’. La antología me dio trabajo, me abrió muchas puertas, pero sobre todo me dio prestigio como cantaora. Considero que eso fue lo más importante”


Carmen Linares iba a repasar parte de la antología para celebrar el trigésimo aniversario de su publicación el pasado 21 de marzo en el teatro Circo Price de Madrid, pero una faringitis aguda trastocó el plan en el último momento. Este viernes 24 de abril, en el teatro Tomás y Valiente de Fuenlabrada, tendrá la oportunidad de resarcirse. “No puedo hacerlo igual aunque sean los mismos cantes, pero tengo otro poso distinto y otra forma de afrontarlo. A lo mejor no tengo ese poderío, pero tengo otras cosas. Lo hago más como los pintores, con trazos. Haces lo importante, y lo que esté de adorno lo pasas. Voy más a la esencia de los cantes y me siento muy bien cantándolo”, dice, con esa sencillez libre de falsa modestia que suele acompañar a los que, como ella, son grandes por derecho. ∎

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