El proceso de grabación de “The Devil’s Walk” (2011), el disco con que Apparat debutó en el sello Mute –su casa desde entonces– y dio el salto –casi– definitivo a estrella pop del mundo de la electrónica, ya hablaba de una búsqueda del factor humano que ha sido, desde entonces, la principal seña de identidad del productor alemán. Compuesto en México, rodeado de gente en una casa alquilada y en espacios abiertos, y casi como una reacción a la intensidad electrónica de Moderat –trío pistero que forma con los dos Modeselektor y que venía de un contundente debut homónimo en 2009–, aquel álbum llevaba la experimentación de Sascha Ring con otros músicos, instrumentos acústicos y elementos orgánicos a otro nivel. Ya había indicios en sus trabajos en solitario como Apparat, desde las dos guitarras que sostenían el peso conceptual de “Duplex” (Shitkatapult, 2003) a toda la compleja instrumentación, aún ultraprocesada, que armaba “Walls” (Shitkatapult, 2007). Pero “The Devil’s Walk” le hizo redescubrir la libertad y la colaboración en la música, y el viaje ha ido siempre en esa misma dirección.
Quince años después, “A Hum Of Maybe” (Mute-[PIAS] Ibero América, 2026) es tan solo, “tan solo”, un nuevo capítulo en este proceso de humanización. Uno que está, además, lejos de ser definitivo, pues el sexto álbum de Sascha Ring como Apparat rumia en torno al quizá y se mueve en los estados transitorios, pero que sí es revelador en cuanto a la aproximación a la música del productor a día de hoy: aun empleando un lenguaje que puede considerarse electrónico, aun basando su música en samples y aun partiendo de un proceso laptopista esencialmente solitario, Apparat es quizá ya más un compositor clásico, interesado en los arreglos y orquestación, y en su ejecución en vivo, con personas reales, más que en el detalle o en la textura. Si en “LP5” (Mute, 2019) ya hablaba de su colaborador habitual, Philipp Johann Thimm, como su “sampler humano”, en este nuevo álbum su presencia es mucho más vívida, respira a través de las canciones: es el comandante de una banda con hechuras jazz en un ejercicio que puede tener paralelismos con el acometido por Radiohead en “In Rainbows” (2007). Y las colaboraciones de KÁRYYN o Jan-Philipp Lorenz no hacen sino reforzar ese ecosistema táctil, colaborativo y emocional que el alemán se ha esforzado por construir para sí en las últimas dos décadas, y que es ahora cuando parece alcanzar su máxima expresión.
Rockdelux habla con él vía cuestionario para ahondar más en un proceso creativo que surge del bloqueo y que después encuentra liberación en la plasmación honesta y vulnerable de los estados emocionales transitorios que acompañan los primeros años –o todos sin distinción; los que sean padres y madres lo sabrán mejor– de la paternidad, de la vida familiar.
Me llama la atención que este nuevo disco tenga un poco de todas las facetas que te hemos visto antes: tiene un punto de compositor clásico, emocionalidad pop, electrónica progresiva y atmosférica. “An Echo Skips A Name” podría encajar en el sonido de Moderat, por ejemplo. Y el disco tiene también el punto más synth y ambient de tus primeros trabajos como Apparat. ¿Te reconoces en lo que decimos?
Sí, me reconozco en ello, quizá incluso más de lo habitual. No en el sentido de un “grandes éxitos” o algo así, más bien en el sentido de que no he intentado censurar o limitar mi propia historia. Nunca me puse reglas tipo “esto debería sonar a Apparat”, o “esto no debería sonar como Moderat”. Simplemente seguí con honestidad lo que sentía en cada momento, día a día. Si aparecen viejos componentes de mi lenguaje es porque siguen siendo parte de mí hoy.
Has hablado de un bloqueo creativo tras “LP5”. ¿Puedes explicarme más sobre esto?
No fue solo un bloque creativo. Fue más un proceso de evitación. Después del COVID y de convertirme en padre, algo cambió dentro de mí, y empecé a desconfiar de mis propios impulsos. Podía sentarme a trabajar e inmediatamente sentir que no había nada que decir, y cualquier cosa que hiciese simplemente me parecía una copia de mí mismo. Con el tiempo, ese sentimiento se convierte en una barrera real: empiezas a tenerle miedo al estudio.
¿Y cómo lograste superarlo?
Pues rebajando las expectativas prácticamente a cero. Llevando a cabo una idea al día, no importaba cuán pequeña fuera. El objetivo en este momento no era la calidad, sino la continuidad. Dejé de esperar que los momentos de inspiración valieran la pena, de medirlos en ese sentido. Y poco a poco la conexión fue volviendo: no de una forma dramática, sino más como un retorno tranquilo y sosegado de la curiosidad. Día a día pude ir recuperando la confianza en mí mismo, y eso derivó en una época casi maníaca en el estudio de la que salieron muchísimas producciones.
¿En algún momento llegaste a desconectarte de tu amor por la música? Entiendo que este proceso te ha ayudado a reconectar…
Nunca he dejado de amar la música como oyente, pero sí desconecté de la idea de confiar en mí mismo como alguien que puede hacerla. Este disco me ha ayudado porque no iba sobre tener que probar nada. Se trataba de estar ahí, de estar presente. Y ese es un tipo diferente de amor: más práctico y menos romántico.
¿Cómo ha sido trabajar en este disco para ti?
Extrañamente íntimo. También he sentido la idea de que estaba apostando por algo que pudiera no quedar resuelto, y no construyendo un producto “terminado”. Quería evitar los grandes manifiestos, las grandes verdades, y mantener intactas las contradicciones. Esto hizo del proceso algo más tranquilo, pero también más vulnerable.
¿Que el primer single fuera una toma alternativa habla quizá de work in progress, de algo que es susceptible de mutar?
Precisamente. Me gustaba mucho la idea de que la primera cosa que la gente pudiera escuchar de este proyecto no estuviera presentada como una versión definitiva. Este álbum es sobre los estados, los procesos, las fases, no las conclusiones. Así que una toma alternativa me parecía la puerta de entrada más honesta.
¿Cómo se relacionan tu vivencia de la vida en familia con tu introspección creativa?
La vida familiar te inserta directamente en la realidad. Te mantiene con los pies en la tierra, pero también hace que todo sea emocionalmente más intenso. Ya no tienes el mismo espacio para desaparecer y andar absorbido completamente por tu trabajo, así que cualquier cosa que sientas tiene que coexistir con la responsabilidad. Esa tensión entre la devoción y la restricción ha terminado siendo una de las energías centrales que recorren el álbum.
Tu música tiende a ser muy emocional, pero ¿te consideras una persona emocional?
Soy emocional, pero no siempre expreso mis sentimientos de un modo claro y directo. Después de todo, soy alemán. Es en la música donde me permito que existan emociones sin tener que explicarlas, de una forma más pasional. En mi vida diaria soy mucho más controlado y moderado de lo que la gente podría imaginar.
¿Dirías que tu proceso creativo es solitario cuando estás trabajando en Apparat o hay una conversación constante con todos tus colaboradores?
La primera fase es solitaria, privada e incluso un poco obsesiva. Pero no lo entiendo como un proceso de aislamiento, sino como una búsqueda, una recopilación de material crudo, casi un proceso de documentación. Y esto es tan cierto para Apparat como para Moderat. Una vez que siento que una pieza tiene algo nuclear en ello, algo que desvelar más allá, la colaboración se vuelve esencial. Con las personas adecuadas puedes dejar de explicar y empezar a escuchar.
¿Haces mucha música para ti, en la intimidad, y que nunca llega a ver la luz, o hay siempre un trabajo intencional detrás?
Muchísima. La gran mayoría. Necesito toda esa producción privada para mantenerme cuerdo. No todo tiene por qué tener una audiencia, un público. A veces una idea simplemente es la prueba de que la puerta sigue abierta. Y muchas cosas son divertidísimas las dos primeras horas, pero se vuelven inmanejables después, así que terminan en una carpeta que nunca verá la luz del día.
¿Sientes presión por poder hacer algo quizá desactualizado, o separado un poco del contexto o las tendencias del mundo?
Solía sentirlo antes. Ahora mismo me asusta más hacer algo deshonesto que algo pasado de moda. Más que nunca, hago música para mí mismo.
¿Puede ser el disco en el que presentas tu voz de forma más clara y menos tratada? ¿Es por algo en particular?
Sí. Creo que quería que la presencia humana estuviera en este disco menos enmascarada. No en plan cantautor, simplemente con menos armaduras. Si el álbum va sobre la incertidumbre y la intimidad, entonces sería contradictorio esconderse tras muchas capas de procesamiento. Por eso también hay muchas primeras tomas en él, porque quería mantener intacta esa belleza frágil que le aportan. La belleza de lo imperfecto, de lo frágil.
¿A tu hija le gusta tu música?
Le gusta el k-pop. No hablamos mucho de eso.
¿Cómo es verla desarrollar su gusto musical?
Fascinante, y una cura de humildad. Te das cuenta de lo rápido que el gusto se convierte en identidad. Y te das cuenta también de que no puedes controlarlo, solo ofrecer opciones, esperar y ver cuáles resuenan y cuáles no.
¿Piensas en ella cuando compones? Canciones como “Lunes” hacen que me lo pregunte.
Sí, pero no de una forma muy literal, en plan “estoy escribiendo para ti”. Es más que ella ha cambiado mi sentido del tiempo y mi escala de prioridades y de valores. Y ese cambio se filtra en todo lo que hago, incluso cuando una canción no la tiene a ella como inspiración o como motivo principal. Pero sí, “Lunes” es claramente una de las que van sobre ella.
Entiendo que te has desconectado un poco de la escena nocturna de Berlín. ¿Cómo ha sido tu relación con ella a lo largo de estos últimos años?
Obviamente la noche de Berlín me ha moldeado, pero ya no es el lugar donde mi vida sucede. No siento nostalgia al respecto, pero tampoco un rechazo: simplemente estoy en otra fase de mi vida. Sigo amando la ciudad, pero mis ritmos han cambiado.
¿Vives en la ciudad o te has ido alejando?
He sido capaz de no moverme de un círculo de 500 metros en los últimos 25 años, así que sí, sigo siendo un chico de ciudad.
¿De dónde sacas la inspiración sonora a día de hoy?
De las cosas más pequeñas: el sonido ambiente de una habitación, los errores, instrumentos acústicos procesados electrónicamente, imperfecciones en el ritmo. Y del silencio. Me interesa menos el equipo nuevo con el que pueda experimentar per se que aquello que me haga componer de forma diferente.
¿Puedes contarme algo sobre la portada? ¿De dónde ha surgido? ¿Qué significado tiene para ti?
Es un diseño de Carsten Aermes. Me gusta porque no explica el disco. Tiene una lógica surrealista y ligeramente inquietante, como algo familiar visto desde el ángulo equivocado. Y eso se alineaba con el espacio emocional del álbum.
¿Cómo está funcionando el disco en directo?
La idea era, de hecho, salir de gira con material inédito, y fue genial. Nuestro objetivo no era recrear el disco, sino trasladar al escenario su tensión y su apertura. Quería que esta versión en directo respirase más, que permitiera que las cosas se desequilibraran un poco, que temblaran. Menos perfección y más presencia.
Este año se cumplen 20, que se dice pronto, de “Orchestra Of Bubbles”, tu disco con Ellen Allien, que me marcó mucho cuando estaba descubriendo por mí mismo la música electrónica. ¿Podrías contarme algo que recuerdes de la grabación de ese álbum?
Es loco pensarlo porque fue Ellen la que me dio el valor y la confianza suficientes para usar mi voz por primera vez en una grabación, y si lo piensas eso lo cambió todo en mi carrera. Lo que mejor recuerdo es la sensación de descubrimiento constante, lo intrépido que me parecía enfrentar mundos y permitir que la fricción fuera parte del sonido. Lo grabamos en 2005 y salió en abril de 2006, y creo que captura a la perfección ese momento en Berlín en que las fronteras parecían más porosas que nunca y la experimentación era la norma.
¿Eres consciente de que Moderat, quizá como Bicep, ha sido un grupo muy importante para la popularización de la música electrónica en los últimos quince años? ¿En algún momento habéis sentido cierta responsabilidad con esto?
Toda la trayectoria de Moderat ha sido de verdad un gran viaje y un proceso muy dilatado. Algo natural. Progresivo. Nunca tratamos de forzar nada con Moderat, y por alguna razón simplemente lo que hacíamos resonó en muchísima gente. Es increíble y me sigue haciendo muy feliz que todo aquello pasara. Sí soy crítico con toda esa movida audiovisual que se ha puesto de moda en los últimos años y que se ha ido completamente de madre con cosas como Anyma. Puedo entender que es más un nuevo tipo de entretenimiento que una experiencia 100% musical, porque desde luego no creo que una sobrecarga sensorial ayude a la música en modo alguno.
Después de todo este tiempo, ¿cómo entiendes ahora, en la música, la relación entre lo humano y la tecnología?
La tecnología no es lo opuesto a lo humano, es una extensión del deseo humano y de sus limitaciones. Lo que importa es si crea distancia o intimidad. Sigo amando las máquinas, pero estoy menos interesado en el control y más en lo que se escapa: errores, fragilidad, respiración, tiempo. Es ahí donde escucho la vida. ∎