Canciones para un apocalipsis. Foto: Sara Messinger
Canciones para un apocalipsis. Foto: Sara Messinger

Entrevista

Diles Que No Me Maten: “Creamos porque sabemos que se va a acabar”

Escribir en el agua es asumir que todo desaparecerá, pero también continuar escribiendo pese a saberlo. Esta es la filosofía que atraviesa el nuevo disco de Diles Que No Me Maten, uno de los grupos más sugerentes e interesantes de la escena alternativa mexicana actual, que actuará en agosto en Barcelona (1) y Madrid (2).

“Esta sepultura contiene todo lo que fue mortal de un joven poeta inglés, quien, en su lecho de muerte, ante el malicioso poder de sus enemigos, deseó estas palabras para ser enterrado en su tumba: aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en el agua”. John Keats murió el 24 de febrero de 1821. Tan solo tenía 25 años. Enfermo de tuberculosis, se fue demasiado joven, demasiado pronto, con la sensación de ser un poeta anónimo, un letraherido fracasado. Era un romántico. Su obra –en la que encontramos versos que, como los de los poemas “Oda a un ruiseñor”, “Oda a una urna griega”, “Sueño y poesía” o “Sobre el primer contacto con el Homero de Chapman”, te atraviesan el alma, sí– fue cruelmente criticada en vida, profusamente aclamada tras su muerte. Nació el 31 de octubre de 1795 en Londres. Falleció el 23 de febrero de 1821 en Roma. Sus restos descansan en el conocido como “el cementerio de los ingleses” de la capital italiana. En su lápida, vertical, apuntando hacia el cielo, ese epitafio que culmina recordándonos que “aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en el agua”.

De esa inscripción –que anhela una misión inalcanzable, pues es imposible escribir en el agua deseando que las palabras no se diluyan– se han servido los mexicanos Diles Que No Me Maten para dar título a su novísimo cuarto largo, “Escrito en agua” (Moonlight Activities, 2026). “Escribir en el agua es un ejercicio inútil e innecesario”, asiente Gerardo Ponce Ramírez, guitarra y sintetizadores en este grupo de Ciudad de México que completan Jonás Derbez (voz, guitarra, saxofón alto y armónica), Jerónimo García Elizondo (guitarra y clarinete), Andrés Lupone (bajo y melotrón) y Raúl Ponce Ramírez (batería), con la ayuda de Alain Derbez al saxofón soprano. “Es utópico, pero, por ello, hay una pulsión, un deseo que te empuja a seguir haciéndolo”, afirma. Su música es eso, una utopía en expansión. “Lo más punk que puedes hacer ahora mismo como artista es abogar por la sensibilidad, abogar por las emociones, abogar por el cariño y el amor y la comunidad. No hay nada más punk hoy en día que convertir eso en el eje principal de tu creación”.

“Viene el viento”, vídeo realizado por Edson Reyes.

La pulsión de un ejercicio utópico

Hay ruido de fondo. No se ve, ya que charlamos por Meets y él tiene la cámara desactivada, pero se percibe movimiento. Gerardo, disculpándose, desconecta de vez en cuando, hay alguien por ahí que le requiere. Es lunes. Son las seis de la tarde en Barcelona, las diez de la mañana en la capital azteca. En unas horas, el grupo tomará un vuelo hacia Londres. En un par de días tocan en la capital británica. Será la primera parada de su primera gira europea. En nuestro país recalarán el sábado 1 de agosto en la sala Laut de Barcelona y el domingo 2 de agosto en la Wurlitzer Ballroom de Madrid. Ambas fechas están a punto de agotar entradas en el momento en que hacemos esta entrevista. Hay nervios, ilusión y expectativas. “Las maletas ya están hechas, ahora estamos en el local preparando todo el ‘merchan’”. Si llegan con provisiones, yo me pillaré el vinilo y una cami. “De algún modo es como empezar de nuevo. Encontrarte con nuevas audiencias y descubrir cómo reaccionan a nuestra música. Tras ocho años de trayectoria, poder vivir otra vez este tipo de sensaciones es bonito”.

“Lo más punk que puedes hacer ahora mismo como artista es abogar por la sensibilidad, abogar por las emociones, abogar por el cariño y el amor y la comunidad. No hay nada más punk hoy en día que convertir eso en el eje principal de tu creación”

Gerardo Ponce

Venganza y remordimientos

En agosto de 1951 salió a la venta el número 66 de ‘América’. Está considerada una de las mejores ediciones de la denominada “Revista Antológica de Literatura” por, entre otras piezas, contener “¡Diles que no me maten!”, cuento de Juan Rulfo que, posteriormente, se incluiría en su libro de relatos breves “El llano en llamas”, publicado originalmente en 1953 por la editorial Fondo de Cultura Económica. Una historia increíble en la que Rulfo, uno de los escritores hispanoamericanos más importantes del siglo XX, explora temas como la venganza, el remordimiento y cómo las consecuencias de nuestros actos nos persiguen de por vida. Lo que no vislumbraba el autor de “Pedro Páramo” en el momento de escribirlo es que, setenta años, su cuento daría nombre a la banda más sugerente e interesante de la actual escena indie mexicana en la que también destacan propuestas como las de El Shirota, Mint Field o unperroandaluz.

A Diles Que No Me Maten los descubrimos con “Edificio” (Látigo, 2020), debut que braceaba entre el post-punk, el krautrock, el shoegaze y el jazz. Rock de vanguardia, experimental y dado a la improvisación, que, no muy alejado de lo que hacen coetáneos como caroline o Dry Cleaning, tan pronto te transportaba a Sonic Youth como a CAN, Television y The Velvet Underground. Fórmula fascinante en la que siguieron profundizando en los elepés posteriores “La vida de alguien más” (Autoeditado, 2021) y “Obrigaggi” (Autoeditado, 2023). Ahora han lanzado su cuarto largo manteniendo intacta su personalidad, pero mostrándola algo menos ruidosa, más cristalina. “La primera vez que escuché el disco terminado pensé que le faltaba algo”, confiesa el guitarrista. “El trabajo creativo siempre es infinito y debes interiorizar que hagas lo que hagas nunca vas a estar completamente satisfecho: siempre hay cosas por arreglar, siempre hay detalles que puedes mejorar. Pero llega un momento en el que debes entregar el disco al público, cerrar el círculo. Desprenderte de tu obra y ofrecérsela, con sus fallas, a la gente que te sigue. Y cuando llega ese momento, el disco deja de ser tuyo”. Ahora “Escrito en agua” es tuyo, disfrútalo.

Jonás Derbez, Andrés Lupone, Gerardo Ponce, Raúl Ponce y Jerónimo García. Foto: Sara Messinger
Jonás Derbez, Andrés Lupone, Gerardo Ponce, Raúl Ponce y Jerónimo García. Foto: Sara Messinger

Silencio, incertidumbre y muerte

Diles Que No Me Maten grabaron su nuevo disco en un estudio que ellos mismos montaron en una vieja casa en Santa María la Ribera, un céntrico barrio de Ciudad de México. Durante aquella residencia creativa, el sexteto tenía claro que sus nuevas creaciones debían pivotar alrededor de tres elementos: el silencio, la incertidumbre y la muerte. “El silencio nos lo marcamos como un propósito técnico y creativo. Casi como un propósito ideológico. Queríamos trabajar las ideas desde otra perspectiva diferente a la que teníamos en los discos anteriores. Es como hacer cerámica: tienes una materia prima, que siempre es la misma, pero puedes hacer cantidad de cosas diferentes con ella”. El resultado es la incertidumbre. “Finalmente, la muerte, que es un tema muy potente e interesante. Es un espectro que se relaciona con la vida. Uno está vivo porque existe, porque se puede morir, porque se va a morir. Creamos porque sabemos que se va a acabar en algún momento. Creamos para ser vistos y ser recordados, pero lo más probable es que acabemos siendo olvidados. Esa energía tiene que estar ahí para que la otra pueda existir”. Gerardo admite que, como todo ser humano, ellos también han tenido alguna vez sueños de grandeza. Cuando despiertan, toman conciencia de que lo más importante sigue siendo llegar, tocar y conectar con la gente. “Una vez nos contactó una señora. Nos explicaba que tenía cáncer y nos empezó a escuchar durante sus sesiones de quimioterapia. Estaba en pleno debate con la vida y nos explicaba que nuestra música no la salvaría, pero que le hacía compañía. Su relación con nuestra música es, muy probablemente, mucho más profunda que la que podamos tener nosotros mismos”. ∎

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