En agosto de 1951 salió a la venta el número 66 de ‘América’. Está considerada una de las mejores ediciones de la denominada “Revista Antológica de Literatura” por, entre otras piezas, contener “¡Diles que no me maten!”, cuento de Juan Rulfo que, posteriormente, se incluiría en su libro de relatos breves “El llano en llamas”, publicado originalmente en 1953 por la editorial Fondo de Cultura Económica. Una historia increíble en la que Rulfo, uno de los escritores hispanoamericanos más importantes del siglo XX, explora temas como la venganza, el remordimiento y cómo las consecuencias de nuestros actos nos persiguen de por vida. Lo que no vislumbraba el autor de “Pedro Páramo” en el momento de escribirlo es que, setenta años, su cuento daría nombre a la banda más sugerente e interesante de la actual escena indie mexicana en la que también destacan propuestas como las de El Shirota, Mint Field o unperroandaluz.
A Diles Que No Me Maten los descubrimos con “Edificio” (Látigo, 2020), debut que braceaba entre el post-punk, el krautrock, el shoegaze y el jazz. Rock de vanguardia, experimental y dado a la improvisación, que, no muy alejado de lo que hacen coetáneos como caroline o Dry Cleaning, tan pronto te transportaba a Sonic Youth como a CAN, Television y The Velvet Underground. Fórmula fascinante en la que siguieron profundizando en los elepés posteriores “La vida de alguien más” (Autoeditado, 2021) y “Obrigaggi” (Autoeditado, 2023). Ahora han lanzado su cuarto largo manteniendo intacta su personalidad, pero mostrándola algo menos ruidosa, más cristalina. “La primera vez que escuché el disco terminado pensé que le faltaba algo”, confiesa el guitarrista. “El trabajo creativo siempre es infinito y debes interiorizar que hagas lo que hagas nunca vas a estar completamente satisfecho: siempre hay cosas por arreglar, siempre hay detalles que puedes mejorar. Pero llega un momento en el que debes entregar el disco al público, cerrar el círculo. Desprenderte de tu obra y ofrecérsela, con sus fallas, a la gente que te sigue. Y cuando llega ese momento, el disco deja de ser tuyo”. Ahora “Escrito en agua” es tuyo, disfrútalo.
Diles Que No Me Maten grabaron su nuevo disco en un estudio que ellos mismos montaron en una vieja casa en Santa María la Ribera, un céntrico barrio de Ciudad de México. Durante aquella residencia creativa, el sexteto tenía claro que sus nuevas creaciones debían pivotar alrededor de tres elementos: el silencio, la incertidumbre y la muerte. “El silencio nos lo marcamos como un propósito técnico y creativo. Casi como un propósito ideológico. Queríamos trabajar las ideas desde otra perspectiva diferente a la que teníamos en los discos anteriores. Es como hacer cerámica: tienes una materia prima, que siempre es la misma, pero puedes hacer cantidad de cosas diferentes con ella”. El resultado es la incertidumbre. “Finalmente, la muerte, que es un tema muy potente e interesante. Es un espectro que se relaciona con la vida. Uno está vivo porque existe, porque se puede morir, porque se va a morir. Creamos porque sabemos que se va a acabar en algún momento. Creamos para ser vistos y ser recordados, pero lo más probable es que acabemos siendo olvidados. Esa energía tiene que estar ahí para que la otra pueda existir”. Gerardo admite que, como todo ser humano, ellos también han tenido alguna vez sueños de grandeza. Cuando despiertan, toman conciencia de que lo más importante sigue siendo llegar, tocar y conectar con la gente. “Una vez nos contactó una señora. Nos explicaba que tenía cáncer y nos empezó a escuchar durante sus sesiones de quimioterapia. Estaba en pleno debate con la vida y nos explicaba que nuestra música no la salvaría, pero que le hacía compañía. Su relación con nuestra música es, muy probablemente, mucho más profunda que la que podamos tener nosotros mismos”. ∎