Poderoso en directo. Foto: Òscar Giralt
Poderoso en directo. Foto: Òscar Giralt

Concierto

joe unknown, palabra y movimiento

Visto hace menos de un año en las pasadas ediciones de los festivales Primavera Sound y Canela Party, el británico se plantó ayer en la sala Heliogàbal de Barcelona para lanzar, a distancia mucho más corta, su spoken word danzante. Primera fecha y, según él, ya la mejor de toda la gira que dará en España. Hoy actúa en Madrid, el sábado en Granada y el domingo en Oviedo.

Anoche en Barcelona, mientras a pocas calles de la sala Heliogàbal asistentes del Mobile World Congress se reunían, muy probablemente, en los espaciosos reservados de cierto restaurante para saciarse de percebes y angulas, en el pequeño local barcelonés que acogía a joe unknown el menú simbólico de la velada era más bien fish & chips bajado con pintas y quemado a cada salto ordenado por el de Reading. Un espíritu de pub logrado con bases bailables y mucha verborrea, con griterío punk y spoken word cortante, y consumado en un final comunal con gran parte del público encima del escenario forzando garganta al abrazo de joe. Aunque no nos adelantemos.

Sirva esa inicial contraposición de brocha gorda para posicionarnos en el imaginario del artista. Porque la carrera de joe unknown no apunta a una idea aspiracional de crecimiento progresivo, ese casi bíblico “started from the bottom now we’re here”, sino que lo suyo se siente más como un movimiento en círculos, arropado por el calor de aforos de proximidad o al amparo del soundsystem, girando por Europa tras iniciarse en la cultura ravera pero volviendo siempre a la casilla de salida, al barrio o al campo, junto a los colegas, para, desde ahí, contarle al mundo la vida de un británico de a pie.

La referencia a Kae Tempest es clara, pero tampoco nos engañemos: la carga política en las letras de joe unknown es, a sabiendas, mucho menor. En general tiran más hacía el diario íntimo y las desventuras costumbristas, al “I miss you” personal y el “fuck you” colectivo, aunque por supuesto eso también puede contener (y en su caso lo hace) una forma de mirar las cosas desde una conciencia de clase. Escuchándolo y, sobre todo, viéndolo, es obvio que su actitud está más en consonancia con Sleaford Mods que con el rapero ostentoso de turno o la camarilla drill vestida de negro gobernando el bloque: lo suyo es más casual –ay, ese gorro de lana que se quita durante un breve momento para mostrar un inesperado pelo lacio, en las antípodas de las trenzas aireadas a su paso por Primavera Sound–; aquí no hay ni braggadoccio ni amenaza, sino esparcimiento de gritos salidos del puro sentimiento, ya sea de hastío, desamor o simple y pura rabia. Eso sí, siempre dentro de los marcos impuestos por las bases electrónicas, sin salirse de una línea que, por otro lado, él busca hacernos creer que no existe. ¿Caos ensayado? ¿O enmarcado, como la cubierta de la mixtape “For Better, For Worse” (2023)?

Durante gran parte de su actuación, el papel de joe roza el de un MC en el sentido original del término. Un maestro de ceremonias con un propósito entre ceja y ceja: mantener la energía de la noche siempre en lo más alto, atizando el ánimo de la gente, demandando movimiento, saltos y más saltos –los “jump the fuck off” reclamados son constantes–, con una capacidad de transmitir innegable. Un animador nato, con interacciones incesantes con el público: que si ahora le tomo prestadas unas gafas de sol a una chica de la primera fila; que si hago bajar a un tal Andrés, parapetado en el ventanal que hay a un lado del escenario, para compartir con él una canción; que si animo al público a romperle las piernas al siempre voluntarioso y sacrificado Alex, su DJ, un saco de golpes irlandés más pendiente, por cierto, de grabar con una handycam que de soltar las bases; que si incito unas palmas cual Freddie Mercury –él mismo bromea con que no, que él no puede cantar como el líder de Queen–; que si pido una cerveza, pero una lager, eh; que si aprendo a contar hasta cuatro en español... Se entiende.

Dúo dinámico. Foto: Òscar Giralt
Dúo dinámico. Foto: Òscar Giralt

Un consumado agitador con dos herramientas claves: el movimiento y la palabra. Aunque a veces puede parecer que es el movimiento contra la palabra. Como si uno tuviera que prevalecer por encima del otro, imposibles de aunar en un mismo tema, sin terminar de decidirse entre la agitación rap-punk de slowthai o las cuchillas vocales de Kae Tempest; en directo queda claro que se decanta más por lo bailable, por ese abanico de gritos con el que liberar tensiones varias. Ya desde el inicio pone a prueba al personal retozando con los bajos y explayándose con algún que otro sinte tenebroso en una inédita “Milkman”; también con la imbatible “Hell Of Mine”, post-punk electrónico con deconstrucción final grime y un subgrave amagando con irse al dubstep; una infecciosa e incorregible “Gang”, repartiendo varios “fuck you” antes de salir de ella con épica cinematográfica de predicador de bar con los brazos alzados en cruz; o una “Sirens” con barnizado drum’n’bass. Pues eso, espasmódico. “Ride” es quizá el tema en el que logra casar mejor su recitado expansivo con las ganas de contraer las paredes de la sala mediante un pogo ya con todas las de la ley, aupado por ese gorgorito arrastrado en whisky –“From time to time I take a little ride over that edge / R-i-i-i-i-i-i-ide o-o-o-v-v-v-er edge”–.

Su airado spoken word prevalece, curiosamente, en dos canciones de parámetros más trap, “Wish I Ain’t” y “Without You”, también inéditas. Probablemente los únicos momentos en los que joe aparta la mirada del público para enfrentar asuntos más personales  –“Did you get under my skin?”, se pregunta en la primera; “I can’t live without you”, se sincera en la segunda–, más allá del interludio dub “Suga Rich” y su riddim cannábico para bailar consigo mismo y dar un reposo general. Calada de aire. La maravillosa “Hennessy Brown” mantiene ese estado sereno, auspiciada por hi-hats melancólicos en un trap íntimo con desgarro vocal –“Cause aaaall I need / It’s you and me”– que incluso provoca algún comentario de ánimo desde el público: “No estiguis trist, guapo”.

Recupera el brío general en un final conformado por “Silent”, con su rapeo cortante –flow muy Little Simz, ojo– y sus sintes industriales que no, no dejan espacio al silencio, y el remix robotizado del tema, a cargo de Annix, para llevarnos del pub al club y rematarlo con una celestial outro de drum’n’bass brumoso. Aunque la última pinta corre a cargo de System Of A Down, invitando al público a subirse al escenario y cantar con él “Chop Suey” –“Just a song I love”, se justifica–, tralla metalera para cerrar una actuación de casi una hora en la que la sensación general es de que, quizá, en directo joe unknown ofrece más su carismática personalidad que su música. Aunque, claro, ¿cuál es la diferencia? ∎

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