Dadas las escasas referencias bibliográficas existentes en castellano –apenas las de Alberto Manzano y “Hotel California. Cantautores y vaqueros cocainómanos en Laurel Canyon 1967-1976” (2005; Contra, 2021), de Barney Hoskyns–, se agradece encontrar un nuevo intento de recontar en nuestro idioma la vida del gran Jackson Browne, músico septuagenario dotado de una indiscutible genialidad como creador e intérprete de canciones asentadas cómodamente entre el mainstream y la figura de culto durante décadas. “El camino más largo” sirve para actualizar su perfil con intención sistemática, aunque el poso que deja su lectura sea ambivalente. Una de las razones se encuentra en su lenguaje excesivamente hiperbólico y autorreferencial, incurriendo con ello en un tipo de redacción hagiográfica. En casi sesenta años de carrera hay momentos flojos que el santanderino Héctor Neira Zubieta identifica con honestidad, como el álbum “World In Motion” (1989), si bien acaba calificándolo de “perdonable patinazo”. Por otro lado, las fuentes bibliográficas se limitan básicamente a textos escritos en español y tampoco consta que se haya intentado entrevistar a Browne, conectado emocionalmente con Barcelona; el último corte de su último álbum de momento, “Downhill From Everywhere” (2021), se titula “A Song For Barcelona” –quiso ser originalmente una rumba, pero suena más a Chris Isaak que a Peret–.
A pesar de que ubica el período más productivo de Laurel Canyon entre 1968 y 1975, eludiendo obras maestras de Love, The Doors o The Byrds, donde más acierta Neira es al definir el contexto de los discos del cantante, hitos que ordenan el relato aportando así claridad a la exposición de un libro como “Jackson Browne. El camino más largo”, cuyo texto principal solo consta, paradójicamente, de 126 páginas ordenadas por capítulos con esquemas idénticos –introducción, análisis de las canciones del álbum respectivo y corolario– excepto el primero, destinado a glosar los primeros pasos de este excepcional compositor, incluida su etapa en Laurel Canyon o la previa en Nueva York, donde coincidió con su amigo Tim Buckley y con Nico en The Dom, asunto que resuelve en apenas una página tal vez condicionado por las limitaciones de la edición y la falta de información histórica disponible. Neira demuestra en todo caso un conocimiento profundo de la obra de Browne aludiendo a sus colaboradores, conexiones con otros músicos y su influencia –por ejemplo, la de Warren Zevon en “The Pretender” (1976)–, la escena musical de cada momento o el activismo político y avatares personales del artista.
A ese texto principal precitado le sucede una interesante sección de fotografías de excelente calidad ordenadas cronológicamente –destaca la final, tomada en 2025, con el cantante recostado en el regazo múltiple de Margo Price, Linda Ronstadt, Rosanne Cash, Joan Baez, Lucinda Williams, Emmylou Harris y Bonnie Raitt–, dieciséis canciones en edición bilingüe, una entrevista con Álvaro Urquijo de Los Secretos, un apartado dedicado a los temas de Browne en películas y series de TV –manjar para el fan incondicional sin grandes sorpresas en temas inéditos– y otro más interesante de curiosidades y una discografía sin singles.
No exento de los errores tipográficos habituales en este sector editorial, no son muchos y se acaban aceptando con resignación, la verdad es que el libro se lee con elíptica facilidad y la ayuda no menor de su buena calidad material. “Jackson Browne. El camino más largo” no fracasa a la hora de situar en el mapa temporal y estilístico la obra del protagonista desde sus primeros éxitos en los años setenta. Un músico de apolínea imagen, parsimonioso y compasivo, sin dobleces destacables ni cinismo conocido, con una capacidad más cercana a la de Bob Dylan que a la de otros cantautores coetáneos mucho más dañados por la obsolescencia. Neira los menciona a todos con la elegancia de no compararlos. Tampoco afirma ni desmiente detalles incómodos como que la canción “Rosie” hable de masturbación en su empeño por dibujarnos un perfil artístico de mirlo blanco de esférico clasicismo y “letras sentidas y fáciles de entender”, como afirma esta vez Álvaro Urquijo, en parejo estilo al practicado por Neira, salvando las distancias. Por el distinguido superviviente de Los Secretos sabemos que “Fountain Of Sorrow” era una de las canciones favoritas de su malogrado hermano Enrique. Otras colaboraciones de periodistas como Julio Ruiz –quien escribe el prólogo– o Eduardo Izquierdo se hallan en “Jackson Browne. El camino más largo”, un libro ordenado, con bastante información y construido desde el amor incondicional. ∎