La Fábrica Editorial publica una interesante colección de volúmenes breves titulada Archivo de Creadores con la que pretende ofrecer un repaso a la situación cultural en el Estado español mediante una serie de entrevistas –que también son filmadas y acaban convertidas en documentales– con algunos de sus personajes más representativos, ya sean filósofos, escritores, pintores, cineastas, arquitectos, cocineros, dramaturgos, fotógrafos o músicos.
Uno de los últimos artistas en retratarse en esta compilación, que a la vez es el primero que podríamos encuadrar bajo el término de “músico moderno”, es Kiko Veneno, que ha sido entrevistado por el periodista cultural de ‘El Mundo’ y excolaborador de Rockdelux Pablo Gil. Y aunque nos refiramos a él como un “músico moderno” estamos hablando de todo un veterano, llamado José María López, que nació en Figueres en 1952 y tras pasar la infancia en Cádiz acabó recalando en Sevilla, donde modernizó las bases del flamenco junto a los hermanos Amador con Veneno, que en 1977 lanzaron un disco homónimo que prácticamente pasó desapercibido, pero que con el tiempo se ha convertido en un objeto de culto, tanto por su concepción gráfica –la portada del elepé era una pastilla de hachís– como por su revolucionario contenido. Y poco después se revelaba como un autor de lo más popular al componer “Volando voy” para Camarón de la Isla, que la grabó en “La leyenda del tiempo” (1979).
Poco después, la falta de repercusión del álbum de Veneno forzó la disolución del trío, y Kiko inició una carrera en solitario que se prolonga hasta el presente, más centrada en una canción pura y dura que no reniega de sus orígenes andaluces ni de su devoción por Bob Dylan. Tras unos inicios más bien dubitativos en que tuvo que compaginar diversos trabajos, en 1992 dio la campanada con “Échate un cantecito” –número 26 en la lista de los mejores discos españoles del siglo XX, según Rockdelux; el debut homónimo de Veneno ocupó el primer puesto–, al que siguió otro éxito en 1995 con “Está muy bien eso del cariño”. Y a partir de ahí, una estabilidad que se manifiesta con discos notables y colaboraciones de lo más variado.
De todo eso, y de muchas cosas más, habla Kiko Veneno ante las preguntas que le formula Pablo Gil, quien plantea un cuestionario que no sigue un método cronológico, sino que va saltando de tema en tema, alternando las cuestiones más musicales o profesionales con las más personales o ideológicas. Así, entre los dos van componiendo un rompecabezas en el que al final todas las piezas encuentran su lugar en una especie de investigación sobre lo que es la canción popular actual. Además, en ocasiones, los halagos del periodista contrastan con las autocríticas del entrevistado, lo que no deja de estar muy bien porque demuestran una humildad y una sinceridad muy poco habituales en el panorama artístico de este país.
Las diez horas de conversación han dado para 120 páginas en las que Kiko Veneno se desnuda y nos descubre una identidad que va más allá de lo estrictamente musical para revelarnos una personalidad clave en la evolución mental y cultural de esta sufrida y a la vez alegre piel de toro que el autor de “En un Mercedes blanco” tanto quiere.
¡Ah! Y por cierto, “Lobo López” era él. ∎