Película

Tres adioses

Isabel Coixet

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Imaginemos a la cineasta Isabel Coixet como una antena parabólica, receptora de historias que llegan a través de libros, películas y encuentros en bares. Su larga trayectoria ha ido enriqueciéndose con relatos sociales y, especialmente en los últimos años, ha ido plasmando en su cine el devenir de las mujeres en un mundo combativo. Lo hizo con el documental “El techo amarillo” (2022), después en “Un amor” (2023) y vuelve con “Tres adioses” (2025; se estrena hoy), versión propia de “Tres cuencos” (2023), el último texto publicado en la vida de la escritora italiana Michela Murgia (1972-2023) antes de que el cáncer se la llevase demasiado pronto.

Esa novela original habla sobre el miedo a los finales y el dejarse arrastrar por una marea que se antoja más grande que la vida, como pudiera ser la propia enfermedad o una ruptura sentimental. El texto le sirvió a Murgia como carta de despedida vital, y Coixet lo adapta para recopilar en imágenes algunos de los leitmotiv habituales en su cine, como la soledad, la empatía, la mujer melancólica y el disfrute personal, en la que podría ser su una de sus mejores películas hasta la fecha.

Como dicta el título propuesto por la cineasta, su protagonista, Marta (Alba Rohrwacher), transita por tres adioses a lo largo de la narración. El primero, el que su pareja Antonio (Elio Germano) le dedica cuando se ha cansado de una tóxica convivencia. El segundo, cuando es ella quien, tras un largo duelo, debe aceptar el fin del amor. El tercero, el más sensible de todos, encara la enfermedad oncológica que es diagnosticada poco después de ser abandonada por su novio. La magnética voz y actuación de Rohrwacher, y el pasotismo con que impregna en un principio a su personaje, huyendo de los afectos en una bicicleta por las calles de una Roma atípica, bella e irrefrenable, llevan consigo el peso de toda la película. Aunque de presencia más escueta, Francesco Carril, especializado en personajes enamoradizos, se entrega en esta aventura italiana hasta culminar con una de las secuencias más sensibles del filme.

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A medio metraje, el drama se transforma y se constata una dualidad no necesariamente limitante, pero sí diferenciada: un acto más sombrío, el otro especialmente lúcido. Se muestra en el primero a la Marta en negación, sumida en un bucle deprimente, entre la relación desigual con su hermana, las alumnas del instituto en el que da clases o incluso la responsabilidad adulta de cumplir con cinco comidas al día. Una secuencia naíf, casi de realismo mágico, le hace ver la vida con otros colores. Los de un helado derritiéndose al sol o los de un atardecer en el Trastevere. Comienza entonces a exhibirse la Coixet más sensorial y hedonista, la de “Foodie Love” (2019) y “Mapa de los sonidos de Tokio” (2009), un recorrido que lleva al espectador hasta un acto final alentador.

La película no está exenta de fragmentos desentonados por un cierto cliché, como la presencia de un amigo imaginario en la casa de la protagonista. Pero se trata de un desequilibrio mínimo en un conjunto de reflexiones que, precisamente, hablan de contradicciones, azar y belleza en el libre albedrío. No es difícil imaginar a Coixet como esa Marta de rostro iluminado por el sol de invierno. Inspirada por su entorno, y defensora de los cuidados, la directora se muestra vitalista y en plena forma para trasladar a pantalla esos relatos femeninos, remotos o no, y hacerlos universales. Por suerte, “Tres adioses” no es una despedida de su carrera, pero desde luego es digno paradigma de su práctica más existencialista. ∎

It’s time to say goodbye.
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