Álbum

Chanel Beads

Your Day Will ComeJagjaguwar-Popstock!, 2026

La mitológica carrera artística de Chanel Beads siempre ha contenido un aire de confusión, pues nadie tiene del todo claro si se trata de una banda o del proyecto en solitario de Shane Lavers. A él, sin embargo, parece importarle bien poco: la ambigüedad es, precisamente, un concepto que le interesa explorar.

Lavers creció en Minnesota y se mudó a Seattle en 2016, momento en el que comenzó a hacer música experimental combinando el sonido de guitarras con grabaciones de campo y desarrollando un género de pop lo-fi que intentaba emular una especie de memoria colectiva sonora. Comienza a llevar el proyecto al directo por los sótanos de Washington y Oregón, hasta que conoce a quien sería su futura pareja y segunda voz de Chanel Beads, Maya McGrory, conocida artísticamente como Colle. Poco después, ambos se mudan a Nueva York, donde junto con el violinista Zachary Paul terminan de perfilar la línea artística del proyecto, que culminará con la publicación de su primer disco, “Your Day Will Come” (2024).

Curioso es descubrir que su nuevo largo –publicado el pasado 26 de junio– comparte título con el primero. Quizá no sorprenda viniendo de un artista como Lavers, quien utilizó para la portada de aquel primer LP una imagen de dominio público, en contra de las súplicas de su sello, que le advertía de que eso permitiría a los fans fabricar merchandising falso de forma legal; Lavers parece poco preocupado por contentar a la industria o a cualquiera que intente encajarlo en una estrategia de marketing.

Esta forma de relacionarse con el mundo desde el no tomarse nada muy en serio tiene también su reflejo en la música, pues uno de los rasgos más evidentes de Chanel Beads es su manera de llevar al límite la seriedad emocional de sus canciones. Pensemos, por ejemplo, en el llanto de un hombre que se escucha pasada la mitad de “Outside Your Life”, como si se estuviera riendo de la expresión sentimental del tema y desfigurando así su sinceridad; o en las guitarras de la intro de “Song For The Messenger”, que parecen emular una canción ambient viralizada en TikTok.

El LP, en general, suena de alguna forma como si fuera un videojuego pixelado de principios de los dos mil, con voces de personajes que se intercalan en las canciones, sonidos que a veces son suaves como una nana y que de pronto se ven interrumpidos por gritos, generando collages sonoros nostálgicos y melodías siniestras.

La oscuridad del disco parece venir de una desesperación con el mundo y de la confrontación que surge cuando uno siente amor y tranquilidad en su vida personal, pero miedo al observar lo que ocurre alrededor. Esta confusión se vuelve aún más compleja desde la perspectiva personal del músico, como si crear arte fuera un gesto egoísta en el panorama actual. Esto aparece en “The Coward Forgets His Nightmare”: “When you’re out there running with disease in your feet / Thought the music would save you like it saved me”.

Aunque la mayor parte de las letras del álbum parecen estar escritas en un lenguaje encriptado, como si el artista quisiera revelar lo mínimo posible de su vida personal, en “Tyler Richard” Shane escribe sobre su hermano pequeño, que murió en 2010 por envenenamiento de monóxido de carbono. La canción muestra al narrador relacionándose con el fantasma de su ser querido, que lo visita en sueños, en un ambiente tenebroso de sintetizadores distorsionados y gritos que construyen el ambiente de una pesadilla.

Pero incluso con ese aire de misterio y oscuridad, la capacidad de Lavers para escribir hooks dentro de un sonido tan críptico hace que su música resulte cada vez más adictiva, algo que le ha valido el reconocimiento de artistas como Billie Eilish o Rosalía. “Your Day Will Come” nos recuerda, dos años después de aquel primer statement, que en la vida todo lo malo y lo bueno puede ocurrir, y que nuestra suerte –y a la vez condena– es que no podemos hacer nada para frenarlo, solo seguir hacia delante. ∎

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