Álbum

Clark

Cave DogClark

Las esperas de músicos y productores hasta que ven publicado un trabajo que crearon hace meses pueden ser eternas y desesperantes. Pero también ocurre a veces que funcionan como motor indirecto de una nueva obra, el incentivo inesperado de más canciones y más música. No hace mucho Marina Herlop nos contaba que “Nekkuja” (2023), su fascinante nuevo álbum, surgió mientras esperaba a que saliera “Pripyat” (2022), que ya tenía grabado desde hacía meses. Y algo similar le ha ocurrido a Chris Clark, que se puso a inventar los temas de “Cave Dog” cansado de contar los días para que viera la luz “Sus Dog” (2023), su disco hermano, finalmente publicado el pasado mes de mayo. ¡Y eso que ambos trabajos aparecen en su propio sello!

El caso es que “Cave Dog” no es un disco previsto y meditado por su autor durante tiempo, y así hay que leerlo, como una obra espontánea e inesperada. Ciertamente la forma puede encajar con esa idea: una primera parte de temas rítmicos y una segunda de tracks ambientales. Pero la calidad y el acabado del disco no parece el de una obra menor o elaborada al tun tun. Clark lleva tantos años encerrado con sus máquinas y dándole vueltas a su sonido que es perfectamente capaz de crear una pieza en un día y que esta parezca igual de buena, o incluso mejor, que cualquiera que le haya llevado semanas de esfuerzo. Así, el primer tramo de “Cave Dog” es igual de excelente, tenso y desafiante que sus discos más celebrados: de “Boddy Riddle” (2006) a “Iradelphic” (2012), de “Totems Flare” (2009) a “Death Peak” (2017). “Silver Pet Crank”, “Vardo” o Dismissed” podrían estar en cualquiera de esos LPs. “Dolgoch Dry As Ash” es más synthpop, pero suena igualmente a él mismo. “Reformed Bully” (realmente fantástica) y el binomio “Domes Of Pearl” / Doamz Ov Pirl” son las que mejor enlazan con “Sus Dog” por la importancia que toman las voces y su estructura de canción más clásica: es la particular aproximación al pop del músico inglés, eso sí, sirviéndose de la paleta y los trucos digitales que ha ido descubriendo con el paso de los años.

El segundo tramo de “Cave Dog” es otro cantar (nunca mejor dicho). Empieza con un tema corto de piano que marca la entrada a un nuevo camino, y ya enseguida escuchamos una voz que resulta familiar y domina la siguiente recta: es Thom Yorke, cómplice clave de Clark en “Sus Dog”, que vuelve a aparecer en “Oblivious/Portal”, quizá –estoy especulando– un posible descarte del anterior que ahora ha querido recuperar como enlace entre ambas obras. El tono aquí es muy distinto: más sombrío, sin ritmo, puntuado por violines y pasajes muy cinematográficos. Un terreno ya ensayado por el productor inglés en “Playground In A Lake”, 2021), donde participaron Oliver Coates o Chris Taylor (de Grizzly Bear), entre otros, cercano a las bandas sonoras de Jóhann Jóhanssonn. Resulta natural y lógico que Clark quiera explorar nuevos terrenos, sabiendo como sabe que el de la electrónica de melodías sinuosas y beats abruptos lo tiene perfectamente dominado. Pero en un disco como este (y esto también tiene su lógica) el tramo inicial aún se impone con facilidad y por varios cuerpos al de la segunda mitad. O, dicho de otra manera: en la primera parte es él todo el rato, reconocible e inimitable, y en la segunda aún no. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados