Álbum

Danny Brown

QuarantaWarp-Music As Usual, 2023
Algún día entenderemos que el rap, por qué no, puede envejecer embriagado por el realismo mágico, ambientándose en fantasías psicodélicas o en mundos abiertos fractales llenos de narrativas falsas, agujeros de gusano, dead ends. Pero hoy no es ese día. De momento seguimos leyendo declaraciones como las de André 3000 diciendo que no se ve poniéndose a rapear sobre colonoscopias con casi 50 tacos. Esta exigencia del retrato “real” está, obviamente, muy relacionada con el estricto edadismo que reina en el hip hop: la realidad cambia mucho con la edad. Se va perdiendo la frescura de los 20, las ganas de comerse el mundo. Y esa especie de plenitud balanceada entre el éxito y el aprendizaje que caracteriza a los 30, en cierto modo una década definitiva a nivel vital. Se pierde energía y se gana tranquilidad, se pierde impulso y se gana reflexión. Se ponen las cosas en su sitio y uno empieza a tener miedo de perder. Se va dando importancia a las raíces según uno enlaza pérdidas, hijos, divorcios…

Danny Brown ha querido escenificar este proceso en su nuevo álbum, “Quaranta”, como una oposición y al mismo tiempo una continuación espiritual de “XXX” (2011). Ambos retratan un momento en la vida, el afrontar una nueva década, y ambos contienen todas las contradicciones que la propia vida nos impone según vamos madurando. Pero la libertad creativa que se le presupone a este nuevo trabajo, en el fondo, en pleno control de facultades y sin la presión del éxito –como reconoce en “Hanami”, y teniendo en cuenta que los royalties de “SCARING THE HOES” no están yendo nada mal y que no es la primera vez que un disco de Brown llega a las listas–, se ve lastrada por la propia estrechez de miras lírica, y terminan echándose de menos los experimentos a los que Brown nos ha acostumbrado.

Porque “Quaranta” funciona, en definitiva, como un álbum-terapia, el disco más personal de su autor, y quema en una hoguera de beats profundos, psicodélicos y cercanos al conscious rap los fantasmas de una vida de excesos, desfases, traiciones y huidas hacia delante. Pero termina cayendo demasiado a menudo en ese buenismo depresivo de autoayuda facilona, esa idea de que “después de todos los golpes estoy empezando a comprender de verdad”. No es casual que las primeras líneas del álbum sean “This rap shit done save my life and fuck it up at the same time”, y que sea en el primer tramo cuando se despliegan las bases más tortuosas y densas: la psicodelia de “Quaranta” –con recuerdo a The Black Keys–, o “Tantor”, nombre de la banda argentina de rock progresivo de los setenta a la que Alchemist samplea en el tema: el recuerdo del productor californiano viene después en la pantanosa “Dark Sword Angel” gracias al mismo sample de “Keep Control Of What I Am” –de la banda prog holandesa Kracq; deep diggin’ from my man– que ya utilizara en el posse cut de Griselda “Red Death”.

De las aguas de ese revisionismo personal, los lodos de la nostalgia, que alimenta “Bass Jam” o “P.Y.B.”, cartas de amor a su infancia o a Detroit. E incluso algo de resentimiento contra el estado actual del hip hop en “Ain’t My Concern”, cuando él mismo sabe –de primera mano, además; con uno ha hecho un disco conjunto y el otro aparece para dejar una estrofa brillante en “Celibate”– que hay en presente fenómenos entre lo genial y lo marginal como JPEGMAFIA o MIKE.

Suerte que Brown pone de su parte para que ese viejo cascarrabias que se despierta en su interior no reclame todo el protagonismo. Se divierte por momentos, con temas que se acercan a OutKast como “Jenn’s Terrific Vacation” –léase como algo parecido a “gentrificación”–, en el que samplea el clásico “Cell Therapy” de Goodie Mob, agrupación fundacional, junto a OutKast, del dirty south y del sonido Atlanta –un tema que André 3000 y Big Boi también samplearon para “Jazzy Belle” y que también se puede escuchar en el “5% Tint” de Travis Scott–. Y tira líneas hacia trabajos y colaboradores previos como Quelle Chris, responsable de sus primeros temas, o Paul White, que revive la magia distorsionada y espacial de Atrocity Exhibition” (2016) en la sintética e introspectiva “Down Wit It”, sobre su desintoxicación del alcohol y la farlopa, con ese fondo final hundiéndose entre interferencias mientras asoma un solo de guitarra de los que le gustaban a Michael Jackson.

Al final “Quaranta” se siente como una bajada a la realidad después de que se pinche la pompa del éxito, y muestra a un Danny Brown reconociendo sus errores que lidia con una depresión posdivorcio y con una permanente sensación de haber fracasado ante todos los que esperaban algo de él. Quizá haya abandonado su característico fraseo estridente y nasal como una forma de demostrarse a sí mismo que ya no hay cocaína encima de la mesilla. O porque no le pegue utilizarlo a los 40. O porque haya sentido la necesidad de expresarse con su propia voz, con su timbre de conversación, en un disco tan confesional. Lo que está claro es que, a los 40, los traumas se lidian en el diván. “Now we just laughin’, jammin’ to the oldies, dealing with emotions”. ∎

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