Álbum

Foo Fighters

Your Favorite ToyRoswell-RCA-Sony, 2026

Dave Grohl nunca ha colgado una aureola en su camerino, y seguramente por eso nos sigue pareciendo un tipo de fiar. El líder de Foo Fighters viene de atravesar un desierto demoledor: las muertes casi encadenadas de su madre y de Taylor Hawkins, confesiones de paternidad fuera del matrimonio que hicieron frotarse las manos a la prensa sensacionalista, la espantada del baterista Josh Freese tras una sola gira y el inevitable paso por el diván del terapeuta. Quedan lejos las peripecias de “The Storyteller. Historias de vida y música” (2021; Libros Cúpula, 2022). A fin de cuentas, a menudo se bromea con que son la música de fondo ideal para esa etapa en la que te asalta la crisis de la mediana edad, te armas de zapatillas de marca y te da por apuntarte a un maratón o comprarte una moto. Sin embargo, siempre es una alegría que llamen a la puerta.

Ahí entra en juego “Your Favorite Toy”. Este duodécimo trabajo es exactamente la antítesis de encender una máquina de discos sentimental y dista mucho de ser una secuela cómoda de hitos como “The Colour And The Shape” (1997) o “There Is Nothing Left To Lose” (1999). Grabado en su propio estudio casero, dice adiós a la producción pulcra y estéril de Greg Kurstin. Aquí manda Oliver Roman a los controles, logrando que treinta y seis minutos despachen la entrega más corta, sucia y urgente de toda su discografía reciente. Parte de esa sacudida eléctrica tiene un claro culpable: la entrada de Ilan Rubin (ex Nine Inch Nails) a los parches. Mientras Josh Freese aportó un muro de contención formidable en el doloroso “But Here We Are” (2023), Rubin mete la directa inyectando pura pólvora punk. Toca rápido, apabullante y sin contemplaciones.

Esa mala leche salta a la yugular desde el segundo cero con “Caught In The Echo”, un trallazo inicial donde el líder se desgañita gritando obsesivamente a lo largo de un minutaje de alta tensión. Grohl canta con el alma magullada, atormentado, ¿arrastrando quizá un agotamiento existencial? Durante años, el grupo abusaba de esa sonrisa forzada y ahora prefieren hacerlo sin paños calientes. De ese barro nace “Of All People”, un bofetón punk de apenas dos minutos y medio donde el vocalista ajusta cuentas con un viejo conocido narcotraficante de los noventa. Escupir versos como “You know you should be dead / But you’re alive instead” deja claro que no se andan por las ramas. Para rebajar tantas revoluciones aterriza “Window”, un medio tiempo perezoso adornado con un riff bastante vacilón y la presencia de su hija Harper al bajo. Aquí la letra busca un respiro fijándose en la estampa cotidiana de un limpiacristales que se cuela por el vidrio (“You were a window cleaner letting in the sun”).

La parte instrumental también guarda recovecos jugosos. La pista homónima, “Your Favorite Toy”, cabalga sobre un adictivo ritmo disco-punk aderezado con los coros juveniles de Harper nuevamente y una amiga suya. A renglón seguido, “If You Only Knew” nos devuelve al redil clásico de la banda, combinando la garra del punk con un pesado surco rítmico muy deudor de Led Zeppelin. Y si de dar zapatilla se trata, “Spit Shine” pisa el acelerador a fondo para soltar una bronca sudorosa sobre la necesidad de recomponerse ante la adversidad. Justo antes de ponernos trascendentales, “Unconditional” sorprende sacándose de la manga unas guitarras ochenteras, regalando un contundente mensaje de optimismo.

Más adelante asoma “Child Actor”, y nos detenemos aquí porque esta pista es irresistible. Envuelto en un halo sonoro que coquetea con The Police, Grohl examina sus propias carencias y su profunda necesidad de validación tras treinta años bajo los focos, logrando una honestidad lírica apabullante. Tras este ejercicio de autoanálisis en el diván, “Amen, Caveman” pilla el relevo tirando de una batería frenética para purgar viejos comportamientos tóxicos, demostrando que les sigue sobrando energía. Para abrochar la experiencia, “Asking For A Friend” arranca con mesura melódica hasta desembocar en un cataclismo sónico, coronado con un alarido desesperado que se pregunta si todo esto ha llegado a su fin.

Viendo la profundidad que destila este material, resulta evidente que están lejísimos de colgar las guitarras. Cierto es que Foo Fighters forman parte de esa estirpe de tótems que podrían parir una obra maestra incontestable y seguiría habiendo parroquianos negándose a prestarles atención, ni cobrando por ello. Su nuevo asalto nos devuelve a una formación cargada de imperfecciones, que ha recordado que el ruido punk, rápido y fuerte, puede ser el mejor bálsamo para curar el espíritu. Pero no todo es tralla constante. Grohl, Smear, Shiflett, Mendel, Jaffee y Rubin también dejan asomar nostalgia, melancolía y reflexión personal en los rincones más pausados de este duodécimo capítulo. Con cada nueva entrega, casi dan ganas de levantar el polvo del CD de “Foo Fighters” (1995) y comprobar de dónde viene todo esto. En cualquier caso, los altavoces del salón ya pueden prepararse: tres décadas después de salir de aquel sótano de Seattle, Dave sigue oliendo a “teen spirit” y nos importa un carajo lo que digan los vecinos. ∎

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